Reloj adelantado
La sentencia se ha venido cumpliendo fatalmente cada cuatro años: de la interna del MPN sale el gobernador. Asesorado por el mismo consultor que le dio resultado a Pereyra, "Pechi" carga sin piedad contra Sapag.
DOMINGO A DOMINGO
Es un lugar común en la política local que de la interna del MPN sale el próximo gobernador. Es así, porque la sentencia se ha venido cumpliendo fatalmente cada cuatro años desde hace ya demasiado tiempo. También, porque de alguna manera el partido gobernante garantiza la supervivencia de un modelo que resulta relativamente cómodo para todos, aun para muchos de sus detractores.
Así las cosas, la impresión generalizada es que tendría que sobrevenir una catástrofe para que las cosas cambiaran y la única duda que surge recurrentemente cada cuatro años, a modo de mera especulación, es si esta vez será la última, o mejor dicho la primera en que alguien de afuera de «las entrañas del monstruo» -diría Martí- se alza con la gobernación.
Veamos las posibilidades de que una u otra cosa suceda en esta oportunidad.
Las chances de que alguien de «afuera» se haga del poder político están directamente relacionadas, además de con las prendas del aspirante, con la calidad del candidato que emerja de la interna del MPN y con las condiciones objetivas de la finanzas provinciales para satisfacer medianamente las aspiraciones de todos los sectores.
Vaca Muerta y las perspectivas auspiciosas en materia de explotación de hidrocarburos no convencionales abren un panorama alentador tanto para los de «adentro» como para los de «afuera». Pero fundamentalmente suman porotos al partido gobernante, sobre todo al sapagismo, cuyo mayor mérito parece ser, precisamente, haber hecho un gobierno petrolero.
En cuanto a las calidades de los candidatos, la cuestión es más compleja. Desde la perspectiva electoral, Sapag parece haber tenido un solo plan: ir él una vez más. Como ya no puede hacerlo porque Cristina falló en imponer la re-re, y encima Pereyra le hizo pasar un mal rato en las PASO, el gobernador tuvo que salir a buscar candidato de apuro y apadrinarlo sin ningún disimulo.
Así, sacó un conejo de la galera -dos, ¡bah!- y, luego de jugar a fondo en las internas por el partido y ganarlas bien, se lanza ahora a doblar la apuesta bajo el eslogan atractivo pero resbaloso de la «renovación generacional».
Así las cosas, el gobernador encara actualmente la etapa de hacer conocidos a sus candidatos, Gutiérrez y Figueroa. Como él mismo dice, «que tomen cuerpo» como tales. En ese afán los lleva de la mano por toda la provincia y hace hasta tres actos por día en los que mezcla sin mayor pudor lo institucional y lo partidario.
Los operadores del gobernador sonríen sin contestar cuando se les inquiere si éste es el plan de Sapag para volver en el 2019. Inclusive en este sector, lejos de estar preocupados por la alianza Sobisch-Pereyra la ven como «una ventaja», porque creen encarnar «el cambio necesario» frente a una suerte de «tren fantasma» al que ya nadie, salvo un puñado de exfuncionarios con olor a naftalina, se quiere subir.
Desde la óptica de Sobisch, en cambio, hay una apelación a su fuste como «político de raza» y su sobrada experiencia, algo que nadie podría negarle más allá de las muchas críticas que se le puedan formular. El exgobernador dice, además, que vuelve sin rencores hacia los opositores y hacia los gremios, con los que tanto confrontó. Algo, esto último, con pronóstico reservado, a tenerse por las voces que se vuelven a escuchar sobre el caso Fuentealba.
Pero Sobisch se tiene fe. Está en política porque, como él mismo dice, ésa es su «vida» y va a seguir estando hasta el final. Además, ahora que la oposición busca cualquier motivo a mano para tirarle al gobierno nacional, Sobisch puede decir sin mentir que con razón o sin ella él lo hizo desde el principio.
Veamos ahora las posibilidades que ofrece este cuadro desde afuera. Bastó que Sapag adelantara las internas y deslizara que convocará las elecciones provinciales para mayo o junio para que Quiroga, con la celeridad del rayo, se lanzara a una campaña que, por lo visto, promete ser sangrienta.
Asesorado por el mismo consultor que le dio buen resultado a Pereyra, «Pechi» se ha servido de las contradicciones que plantea la nueva ley de hidrocarburos para cargar sin piedad contra el gobernador y sus candidatos, acusándolo de haber abandonado las banderas históricas de su propio partido.
Esta estrategia, que apela a plantear lo contrario a lo que han hecho el gobierno nacional y sus aliados (Sapag es un empirista pero está «pegado») para captar descontento, no es infalible. La misma medicina que cura a un paciente a veces se lleva puesto a otro.
Quiroga sabe estas cosas, por eso se propone combinar el vitriolo que le proporciona el consultor con su olfato de viejo zorro de la política.
Cuando se le recuerda a la gente del intendente que todas las veces que éste accedió a un cargo lo hizo con aliados (a los que luego casi siempre desconoció) y que esta vez está solo, se ponen enigmáticos. ¿Estará dispuesto Quiroga a sellar una alianza con Rioseco después de haberlo desairado una y otra vez? ¿Pensará «Pechi» que puede adquirir en la mesa de saldos lo que no quiso pagar en su momento al cien por ciento de su valor?
Para quienes intenten una respuesta será necesario tener en cuenta que el jefe comunal de Cutral Co es tan pragmático y astuto como su eventual compinche. Y que sabe muy bien que tiene lo que no tiene Quiroga y viceversa. También, que trabaja sin fatiga desde hace rato para construir su candidatura.
Como Sapag adelantó el reloj electoral, a todos se les ha hecho tarde. También al PJ, que acaba de proponer una interna abierta con todos sus aliados del Frente para la Victoria. El convite es para el Frente Grande, Nuevo Encuentro y también, claro que sí, para el partido de Rioseco. En los últimos tiempos Ramón ha estado un tanto díscolo con los K, pero no vaya a ser que el diablo meta la cola.
Héctor mauriño
vasco@rionegro.com.ar