Río Negro Online / Opinión



Los expedicionarios españoles que con propósitos de poblamiento llegaron a las costas patagónicas en 1779, más precisamente al golfo que bautizaron San José en la actual provincia del Chubut, tenían conocimiento superficial sobre los aborígenes que habitaban al sur del Primer Desaguadero (río Colorado) y parte de ello había sido aportado por el libro y mapa del jesuita inglés Tomas Falkner (1774) cuando su escrito llegó traducido a la corona española y se tomó la decisión de expedicionar a la Patagonia. El expulsado fraile en su libro dedicó parte considerable a los tehuelches y otras etnias y ello sin duda habrá servido al fundador Francisco de Viedma y Narváez y a Basilio Villarino, principalmente, para desenvolverse en el trato con nativos patagónicos. “Los tehuelhets del río Negro, como los Huilliches, cuando viajan al Casuhati, vadean este río en los dos puntos donde varía de rumbo hacia el este y sudeste” (sic) diría Falkner y agregaba: “Un cacique Tehuel o del sur me pintó sobre una mesa unos 16 de estos ríos, con nombres todos… Era él hermano del cacique Cacapol y, a lo que parecía, de más de setenta años de edad, y toda su vida se lo había pasado en las orillas de este río”. También hizo otros aportes sobre los cursos de agua en cuanto a pronunciación aborigen, incluso en el mapa que bajo su dirección dibujara Kitchin dedica una gran porción de territorio al sur del río de los Sauces (Negro) como “Tehuelhet”. Falkner también opinó que “Una colonia en la boca de este río (Negro) sería mucho más conveniente para las naos que navegan hacia el mar del Sur” e insinuó cómo se podía comerciar con “los indios”, “porque con rescates de cuentas de vidrio azul celeste, cascabeles de latón amarillo, sables anchos, puntas de lanza, hachas, se conseguiría ganado para uso de los colonos y pieles finas que embarcar para Europa”. El panorama que exponía el jesuita inglés se repetiría pocos años después con la llegada de los españoles al río Negro. Estando los hispanos en la hoy península Valdés, en febrero de 1779 Basilio Villarino con la goleta Nuestra Señora del Carmen se largó para el norte buscando el río de los Sauces y cuya boca habían visto Manuel Bruñel y Pedro García sin poder entrar por impedirlo la “barra”. El piloto gallego logró entrar al misterioso Curu Leuvu, se encontró con varios aborígenes, tehuelches sin duda. Hombres, mujeres y niños, subieron a bordo de la nave y les entregó comida: “Su ambre no era poca; comían tozino crudo y parecían insaciables”. (sic) Después, desde la orilla seguían pidiendo alimentos. Estaban frente a una toldería. Llegaron otros nativos y tehuelches. “Sólo los primeros eran Tegüelchus” expresaría Villarino en su diario y mezclado el cacique Julián Gordo, de San Julián “el cual andaba por ahí porque había ido a luchar contra los aucaces. Se llevaron todo el pan” (Entraigas, R. A, 1960). Amables, de buen trato, los tehuelches, correspondidos de la misma forma por los españoles en cumplimiento de precisas instrucciones superiores le regalaron cuatro ovejas. Desprendido, el español los cubrió de regalos: la colcha de su cama, cortaplumas, dos pañuelos y hasta las “ligas” según el citado autor. Sin duda la entrada y navegación en buen tramo del Negro habían sido positivas y por tanto el informe a Francisco de Viedma que estaba en San José resolvió el viaje mayor. En el interín, el virrey Vértiz envía elementos para aquel primer asentamiento: junto con cañones, balas, mechas y alimentos, caballos, vacas, cerdos y ovejas, también “una capilla completa” para uso de los frailes que acompañaban a los expedicionarios. El 16 de abril de 1779 el intento fundador de un establecimiento en el Negro cobraba realidad cuando alzaron las anclas y se dirigieron al río de los Sauces. Vencieron la “barra” y entraron. Vieron toldos. “Fueron recibidos con algazara por los indios”. Quisieron conocer al superintendente Viedma y éste los visitó: “Los indígenas lo agasajan”. (Entraigas, ídem.). Anduvieron buscando el lugar más adecuado para levantar el fuerte y llegó el 22 de abril de 1779: “Ya señalado el terreno se dio principio a travajar con toda la gente útil, con el maior fervor para ponerse en el estado que merece las precauciones de un seguro resguardo” (sic). Se llamó Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen. Al día siguiente los españoles siguieron trabajando ” y los indios comiendo”. Por razones de seguridad a la noche volvían a las naves. Varios días después “se encontraron bastantes tolderías de indios ya Tigüelchús, ya Pampas” y anotaría Viedma en informe a Vértiz: “Estaban llenos de infelicidad y miseria”. Todos “piden de comer” y agrega: “Les he agasajado con bugerías y socorrido su ambre con arina y galleta, haciéndoles una especie de angú o poleadas”. (sic) Los andariegos tehuelches mezclados posiblemente con algunos pampas habían estado presentes en el acto fundacional del fuerte que no tuvo piedra fundamental, espada en tierra ni declamación fundadora. A los pocos días Villarino quiso conocer una salina (“La Espuma”), cercana y se fue “con una india” con tal propósito. Luego informaría al superintendente Viedma: “Volví de reconocerla: es de excelente calidad…”. Por esos días Viedma y su gente tuvieron contacto con el famoso cacique Chanel o el Negro. Siguieron llegando más naturales y por eso “quieren atropellar a nuestra gente en el trabajo”. Temiendo algo peor se pusieron “frente a las tolderías con la artillería lista”, pero no hubo necesidad. Como prueba de amistad los caciques les regalaron caballos. Pero el 13 de junio de aquel 1779 el Negro se juntó con una gran marea y hubo que cambiar la ubicación del fuerte. Cruzaron el río y comenzaron a edificarlo nuevamente. Las sorpresivas aguas cambiaron un poco la historia hasta el presente. Los días, semanas y meses siguientes fueron amansando las situaciones entre nativos y nuevos habitantes, pero estos últimos tuvieron que convivir con las formas de vida de la gente de los toldos aunque los tehuelches nómades y cazadores de ley se contagiaron algunas costumbres, la del aguardiente principalmente. Y Basilio Villarino, el piloto de la Real Armada luego de navegar por el Negro, Limay y Collón Cura y hacer varios reconocimientos marítimos por el Atlántico patagónico, por un inexplicable destino murió violentamente en Sierra de la Ventana (Bs. As.) con Juan de la Piedra y otros a manos de tolderos de los caciques Alejandro, Negro y Maciel en enero de 1785. Los tehuelches que presenciaron los trabajos fundacionales del Fuerte, siguieron con sus correrías por el río de los Sauces…


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