El Comahue y su feria: la expo que mostró el gran potencial productivo desde Regina
El próximo mes de noviembre se cumplirán 62 años de una idea monumental que posicionó a Villa Regina como la vidriera de una zona pujante, que buscaba mostrar al país el despliegue que había logrado. Allí el vínculo con la tierra y los sectores que de él vivían fue un pilar, símbolo de una época y una actividad que hoy sigue persiguiendo nuevos horizontes.
«800 operarios trabajaron afanosamente para ultimar los preparativos de lo que habrá de constituirse en la síntesis del poderío económico de la región comprendida entre el río Colorado y el paralelo 42″, publicó «Río Negro» en la tapa del sábado 14 de noviembre de 1964. Ese día se anunciaba que a las 19 horas iba a quedar habilitada a los visitantes la 1° Feria del Comahue, que mostraba desde Regina las bondades de esta provincia, Neuquén y el partido de Patagones, con la producción agrícola y frutícola como una de las grandes protagonistas.
Tres antorchas gigantes instaladas por lo que fue Gas del Estado eran las encargadas de iluminar las noches, en todas las jornadas que duró este evento de semejantes dimensiones. Armados en muchos casos con estructuras fijas, de ladrillo y cemento, decenas de locales se sumaron a puestos, maquetas y estructuras rodantes cargadas de la creatividad de cada firma y hasta el diseño futurista de la «Space Age», típica de los años ’60.
«En las estribaciones de la barda, donde antes hubo montículos y malezas, emergen las estructuras ingeniosas de los stands y de los ornatos, presididas desde la eminencia, por la talla inmensa del aborigen», describió el periodista, Enviado Especial, que lo cubrió para este medio. Se refería a la imagen emblemática de la ciudad, el «Indio Comahue» justamente, que recién ese año se sumaba al paisaje, construido para este evento.

Arquitectos, ingenieros y capataces trabajaron y guiaron el trabajo de albañiles, carpinteros, pintores, electricistas y decoradores, para hacer realidad las propuestas que compartieron espacio con puntos de referencia como el del INTA, a través de su Centro Regional Rionegrino, en el que exhibieron aspectos básicos de la labor que ya cumplía el organismo en materia de investigación agraria y extensión, especializadas en fruticultura, vitivinicultura, horticultura, riego, control de plagas y enfermedades, asesoramiento para el “hogar rural”, agrometeorología, mecanización agrícola, suelos y más.
«Tendencia de la fruticultura moderna» era la temática de una de las charlas que ofrecieron en el salón principal del predio, a través de una «presentación con diapositivos», anticipaban, mientras que en el local de la Cooperativa «La Reginense» se hizo lo propio con los expertos del INTA, sobre «Control de Plagas y enfermedades de los Frutales».


Semejante propuesta, según contó a Río Negro Pedro Pasín, hijo de Bartolo Pasín, uno de los impulsores de la Feria, surgió a partir de la posibilidad de elaborar un proyecto para el CFI (Consejo Federal de Inversiones) sobre lo que podía crecer la región en aprovechamiento de recursos, cultivos, infraestructura y comercio. “Como Regina era la ‘Perla del valle’, se largaron a hacer esta idea desde la Cámara”, recordó.
Monumental en sus características, la Exposición sirvió para mostrar el diverso entramado que representaba cada actividad y en ellas, la fruticultura, que movilizaba no sólo las tareas en la chacra, sino a talleres, aserraderos, industrias, fabricación de maquinarias y pulverizadoras, etc., en el proceso de sumar mejoras a la tarea rural y aumentar el rendimiento y los tiempos del empaque.

Según el repaso que atesora el Archivo de este diario, tras el monopolio de la AFD (Argentine Fruit Distributor), el proceso de «emancipación económica» a través de la organización en cooperativas y grupos unidos de productores, permitió en Regina la puesta en funcionamiento de más de 30 plantas de empaque, que acondicionaban casi 3 millones de cajones standard, a partir de cosechas de 65.000 toneladas de pera y manzana, según el promedio de «temporadas normales». Siete cámaras frigoríficas permitían la conservación de lo obtenido, mientras que siete fábricas de conservas, procesaban tomates, peras, duraznos, membrillos y pimientos.
Ubicada dentro de la Zona IV del sistema de riego, la ciudad creció como colonia sobre una superficie de 15 mil hectáreas, si se suman la Colonia Alberdi y lo que hoy es Godoy y Chichinales. Allí también prosperó la elaboración de vinos, sidras y champagnes, en 26 bodegas.

Increíblemente, algunas promesas incumplidas hicieron que después de semejante apuesta, la Feria no tuviera continuidad. Activa por más de un mes, en esa primavera de 1964, fue retomada recién 40 años después, en 2004, durante la recuperación económica tras la crisis del 2001, relató Pasín.
Se la sostuvo hasta 2010, en distintos puntos de este sitio patagónico que evocaba aquel contexto con nostalgia, pero que ya experimentaba una transformación en busca de nuevos horizontes. Aquel escenario entre las vías y la barda hoy contiene al gran anfiteatro local, pero en la historia comunitaria y su paisaje, la figura del gran “Indio Comahue” les recuerda lo mucho que pudieron concretar cuando se puso en valor el talento y los recursos ya disponibles, junto a la voluntad de todos los sectores.
"800 operarios trabajaron afanosamente para ultimar los preparativos de lo que habrá de constituirse en la síntesis del poderío económico de la región comprendida entre el río Colorado y el paralelo 42", publicó "Río Negro" en la tapa del sábado 14 de noviembre de 1964. Ese día se anunciaba que a las 19 horas iba a quedar habilitada a los visitantes la 1° Feria del Comahue, que mostraba desde Regina las bondades de esta provincia, Neuquén y el partido de Patagones, con la producción agrícola y frutícola como una de las grandes protagonistas.
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