Ella dejó la docencia y él se bajó del camión para trabajar la tierra: continúan un legado familiar en la Patagonia

En la chacra "El Cisne" se combinan la producción forrajera, el turismo rural y la continuidad de un legado familiar. Cómo produjeron 50 mil kilos de fardo y qué esconde este establecimiento histórico.

Por Joaquin Ibarra

Milagros Rosa y Sebastián Busano apostaron por el mercado forrajero hace cinco años. Foto: Florencia Salto.

En la localidad de Senillosa, provincia de Neuquén, una pareja vive alejada de la ciudad, con un ritmo de vida propio de quien se aboca a la vida de campo. Milagros Rosa, criada en Neuquén y Sebastián Busano, de Villa María, Córdoba, cuentan con una chacra de más de 20 hectáreas regables. En 11 de ellas, hay alfalfa implantada: «Todo lo hacemos a pulmón».

Hace unos años, decidieron darle un giro de 180° a su vida. Ella era profesora de inglés y decidió cambiar el rumbo por motivos de salud. Sebastián, por su parte, dejó el camión que manejaba para el negocio del petróleo y se abocó, sin experiencia previa, 100% a la forrajería. Hoy forman el emprendimiento Noble Pastura.

«Se llama Noble Pastura porque es lo que nos da la tierra, es algo noble».

Milagros Rosa, docente de inglés y dueña de la chacra.

Historia y legado en la Patagonia


La familia de Milagros, de inmigrantes italianos, llegó a la Argentina a fines del siglo XIX, por medio de su tatarabuelo. Primero se radicaron en La Plata y tuvieron varios hijos, algunos cruzaron a Chile. Uno de ellos, su bisabuelo Pascual Rosa, se trasladó a China Muerta, provincia de Neuquén.

Este último, junto a uno de sus hermanos, formó la sociedad «Rosa Hermanos», que trabajaba en el mercado agropecuario. Los Rosa fueron pioneros en Neuquén en la labor rural. El bisabuelo de Milagros y sus hermanos fueron adquiriendo tierras y expandiendo sus negocios. «Ellos se dedicaban a la ganadería. Fue mi abuelo Fausto Rosa quien comenzó con la forrajería. Tenía caballos, ovejas», comenta la dueña de la chacra.

El legado de la familia Rosa continúa a través de la alfalfa. Foto: Florencia Salto.
El legado de la familia Rosa continúa a través de la alfalfa. Foto: Florencia Salto.

Ese legado, construido por la familia Rosa, sigue en marcha a través de las pasturas. El padre de Milagros, Jorge Rosa, funciona hoy como motor de la pareja quien los incentiva a seguir adelante con la producción. «Emprendimos todo este desafío y con la ayuda de mis papás, ellos siempre nos impulsaron a cualquiera de los hijos a poder crecer», dice.

Al disolverse la sociedad Rosa Hermanos, el padre de Milagros que trabajaba en la firma heredó las tierras que hoy componen «El Cisne», un espacio donde se juntan la producción y el turismo, y que cuenta con una laguna con cisnes, lo que inspiró el nombre.

Cómo repuntó el negocio forrajero


Hace cinco años, Milagros y Sebastián, buscando otra vida, iniciaron la siembra de alfalfa. En palabras de Rosa, «necesitaba un cable a tierra». Así fue como Sebastián, que no tenía historia en la agricultura, se bajó del camión y lo reemplazó por el tractor.

Fue investigando y junto con Milagros y la ayuda de su padre, apostaron por usar la tierra virgen, cuando la sociedad de hermanos se disolvió. El distinguido de esta historia es la manera de trabajar la tierra: no cuentan con empleados, si no que el manejo del tractor, la estrategia, siembra y cosecha los realizan sus propias manos.

Con el plan en marcha, junto con el ingeniero agrónomo Santiago Arditti, buscaron una buena semilla y evaluaron la calidad del suelo. Ese asesoramiento fue una pieza clave que se tradujo en éxito más tarde. Además, contaban con máquinas acordes a la forrajería que quedaron de la familia. «Tenemos enfardadora, segadora, niveladora y varios instrumentos y herramientas de trabajo para poder mantener la tierra en condiciones», explica Busano. La semilla que eligieron es de grado 8, que ofrece un crecimiento continuo y parejo durante otoño e invierno y buen rebrote.

La chacra «El Cisne» es una combinación entre producción y turismo rural. Foto: Florencia Salto.

El primer desafío fue desmontar el área. «La zona donde nosotros estamos nunca estuvo en producción. Era todo monte», cuenta Rosa. El servicio de nivelación fue externo, con una empresa local, que con máquinas a láser permitieron emparejar la zona.

Una vez logrado el desmonte, comenzaron con poco más de dos hectáreas y se expandieron hasta llegar a 11 actualmente.

Rindes, procesos productivos y proyección


Los rendimientos marcan aproximadamente 200 fardos de entre 25 y 30 kilos por hectárea y por corte. En promedio, hacen cuatro cortes al año. Estos rindes se entienden por los suelos que presentan, aunque el factor climático, dicho por ellos mismos «es determinante». En total, han producido alrededor de dos mil fardos por año en total, un equivalente a más de 50 mil kilos de materia verde en las dos hectáreas y media que ya están en producción.

«Tenemos enfardadora, segadora, niveladora y varios instrumentos y herramientas de trabajo para poder mantener la tierra en condiciones».

Sebastián Busano, productor agrícola.

El Cisne está próximo a un canal de riego que abastece a la chacra de agua por gravedad. «Es una gran bendición porque, si no, hay que contemplar otros costos, como bombeo y riego por pivot», añaden. Al regar por manto, logran reducir costos de producción.

Las recientes lluvias supusieron un obstáculo temporal en los cortes. Sebastián dice que, si bien sufrieron atrasos, ello favoreció a que se riegue menos.

El propósito de la familia es garantizar un óptimo crecimiento de la planta, seguir de cerca los cuadros y ofrecer el mejor producto a sus clientes. Hay ocasiones donde el quinto corte no lo cosechan, sino que se deja en la tierra y funciona como abono natural para posteriores siembras.

La semilla elegida es de grado 8 y responde ante condiciones de frío y ofrece rebrote. Foto: Florencia Salto.

La estrategia que usan es sembrar junto con avena, para obtener un buen primer corte, aportar más nutrientes y llegar a posteriores cuadros con mejor calidad de pasturas. Esta técnica de siembra consociada permite optimizar el aprovechamiento de la superficie y llegar a fin de año con la posibilidad de reutilizar esas hectáreas de manera más eficiente.

Un dato curioso en la zona es la implementación de siembra por dron: este año incursionaron en esta metodología, y en el lugar aseguran ser los primeros en manejar esta tecnología. La aeronave usada no es propia, sino que contrataron el servicio, cubrió una extensión de seis hectáreas. «Nos pareció muy buen servicio, de muy buena calidad que se refleja en cómo queda la siembra», resumió Busano.

Comercialización y nuevos rumbos


En zonas cercanas al Cisne, hay productores de chivos, ovejas y caballos a los que les venden parte de la materia seca que logran. De momento abastecen la demanda local y no han concretado ventas a productores grandes.

La falta de máquinas para transportar rollos de mayor volumen se traduce en que sus clientes les compran unos 10-20 fardos y el viaje resulta más sencillo. Sin embargo, a posterior, planean llegar a feedlots si mejoran las capacidades de traslado y expanden su zona productiva.

De las 11 hectáreas que producen actualmente proyectan crecer hasta llegar a 20 hectáreas, que es la superficie máxima que pueden explotar en la chacra.

El legado familiar estuvo marcado por el manejo de hacienda. No obstante, Milagros es consciente de la complejidad que supone replicar el modelo de sus antepasados. De momento junto con su par, se concentran en ofrecer la mejor alfalfa posible, manteniendo estándares propios de una producción limpia y profesional.

«Las dos cosas son difíciles que coexistan, porque tenés que tener una infraestructura para los animales muy bien armada. Es lógico, el animal ve pasto y va a querer ir», aclara.

El Cisne: la producción y el turismo van de la mano


El terreno de la chacra, que tiene una historia de inmigrantes europeos que trabajaron la tierra más de un siglo atrás, hoy se expande a través del turismo y ofrece servicios de cabañas para despejar y conectar con la naturaleza. Uno de los hermanos de Milagros administra el complejo, donde ofrecen vistas impagables a una laguna con cisnes y nutrias, cuentan con una granja educativa y avistamiento de flora y fauna local.

Hoy la chacra representa más que un espacio familiar y productivo. Lo que comenzó a principios del siglo XX con los primeros Rosa desembarcando en la Patagonia se transformó en un negocio que busca solidez y calidad en el sector forrajero. Al dejar atrás sus trabajos, Milagros y Sebastián con Noble Pastura buscan consolidarse como productores de pasturas en un espacio marcado por el trabajo diario, la dedicación y asesoramiento para que sus clientes reciban alfalfa de calidad. Senillosa alberga una chacra que crece a la par que mantiene sus raíces.

El predio cuenta con una carreta que los primeros inmigrantes italianos utilizaban para el trabajo, una muestra del legado rural. Foto: Florencia Salto.