«Esto es de ellas»: cómo logró un gigante frutícola de la Patagonia su premio más preciado
Fue gracias a una iniciativa que introdujo la mecanización de la cosecha con empleo local femenino. Una idea que redefine la forma de levantar la fruta en el Alto Valle y que le valió a la empresa su reconocimiento más simbólico: baja costos, mejora la calidad y genera un impacto social profundo.
“Es bueno que les brinden trabajo a madres solteras”, dijo Heidi Valdebenito. “Espero que me tengan en cuenta para la próxima temporada con la misma capataza”, expresó Dámaris Torres. “Me pareció muy buena experiencia para ser mi primera vez trabajando en el campo”, evaluó Eliana Díaz. Ellas son apenas tres de las 60 mujeres que participaron del proyecto de cosecha mecanizada de la firma Kleppe SA, la iniciativa que la hizo merecedora de la edición 2025 del Premio a la Excelencia Agropecuaria en la categoría Gestión Sustentable.
Se trata de la tercera vez que la compañía obtiene un galardón de este certamen que organizan el diario La Nación y Banco Galicia. Ganaron por primera vez en 2011, en la categoría Mejor Frutihorticultor y repitieron en 2022 con Mejor Productor de Economías Regionales. Pero el reconocimiento de 2025 tiene un tono especial: es el que, según su presidente Pablo Kleppe, “más los define” por el cruce entre innovación, calidad productiva y una fuerte impronta social.
El proyecto premiado se basa en la mecanización de la cosecha mediante plataformas especialmente diseñadas, pero su núcleo va mucho más allá de la tecnología. La empresa decidió que fueran mujeres de Coronel Belisle (la localidad de Río Negro donde se ubica El Caldero, su campo más grande) quienes trabajaran en esas máquinas. Una combinación de eficiencia, sustentabilidad y desarrollo local convirtió a la iniciativa en un caso singular dentro de la fruticultura patagónica.
Fruticultura en Río Negro: mecanización como solución
La decisión de avanzar hacia la cosecha mecanizada fue el resultado de un análisis profundo. Kleppe explica que la empresa atraviesa desde hace una década un macroproyecto diseñado para enfrentar dos problemas estructurales: la adversidad climática y el alto costo argentino. “Hemos trabajado mucho para reducir la exposición climática. Granizo, heladas… Este lugar es espectacular para producir, pero muy extremo”, detalla. Para contrarrestarlo, desarrollaron un sistema combinado de aspersión contra heladas y mallas antigranizo que hoy cubre prácticamente toda su superficie.
El segundo gran frente a combatir fue el del costo argentino. Logística, mano de obra e insumos dolarizados complican la competitividad. “La mano de obra representa un 60% del costo de una caja de fruta. Teníamos que atacarlo de raíz”, dice el empresario. En paralelo, la empresa avanzó con robótica para el paletizado, clasificación electrónica y otras tecnologías orientadas a reemplazar tareas pesadas y mejorar la eficiencia general.
La llegada de 16 plataformas, diseñadas específicamente para cosecha de frutas, marcó un antes y un después. No solo prometían mayor productividad y calidad (al evitar golpes y fricciones típicas de la tradicional cosecha con escaleras), sino también el inicio de un cambio profundo en la estructura del trabajo. “Nosotros tenemos experiencia incorporando tecnología y sabemos que no es no es ‘enchufarla y que funcione’. Hay que adaptarla y adaptar la producción”, señala. Ese proceso de adaptación abrió una puerta inesperada: la posibilidad de sumar mujeres sin experiencia previa en chacra a labores históricamente masculinas. Así nació el costado humano del proyecto. “Buscamos encararlo de una manera más orgánica, más humana, más sustentable”, resume.
El proyecto de Kleppe: más mujeres en la chacra
De los múltiples componentes del proyecto, el que más marcó a la empresa (y al propio Pablo) fue la experiencia de trabajo con mujeres de Coronel Belisle. “Cuando nos dieron el premio me emocioné mucho. Dije: ‘esto es de ellas’”, cuenta. Lo que empezó como un experimento se convirtió en una evidencia contundente: las mujeres no solo se adaptaron al trabajo en plataforma, sino que igualaron o superaron el rendimiento de los varones con escalera y años de experiencia.
“Yo no me lo esperaba”, admite. Las 60 mujeres no faltaron un solo día en toda la temporada. Tampoco hubo lesiones, ni durante la cosecha ni en la posterior campaña de poda bajo el sistema de tijeras neumáticas. El gobierno municipal, el provincial y la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) celebraron el impacto social de la iniciativa, contó el presidente de la compañía.
Las 60 mujeres no faltaron un solo día en toda la temporada. Tampoco hubo lesiones, ni durante la cosecha ni en la posterior campaña de poda bajo el sistema de tijeras neumáticas.
“La mujer tiene un perfil claramente más de detalle respecto del perfil de volumen que generalmente da el varón”, explica. Ese diferencial es central en una actividad en que la calidad pesa cada vez más y en la que un golpe mínimo puede comprometer estándares. Además, la mecanización elimina cargas pesadas (como escaleras de 25 kilos o recolectores de hasta 20), lo que hace la tarea más sostenible en el tiempo.
La integración fue tan armoniosa que el empresario reconoce: “Honestamente, no tuve un proyecto tan fácil en mi vida. Es posible que todos nos alineemos”. La capacitación debió adaptarse (varias mujeres empleadas no saben leer) con materiales gráficos elaborados especialmente por el equipo técnico. Ese proceso, dice, “fue uno de los trabajos que más nos llenó”.
Tecnología, futuro y una apuesta educativa en la Patagonia
El proyecto dejó una enseñanza interna que Kleppe resume sin rodeos: “Tecnología sin un equipo atrás, es chatarra”. Por eso, la empresa ya trabaja en la siguiente etapa. Si la experiencia de esta temporada confirma las expectativas, la meta es clara: escalar el sistema. “Tenemos 16 plataformas; para hacer toda la cosecha necesitaríamos 40 o 50 más”, estima.
«Tecnología sin un equipo atrás, es chatarra.»
Pablo Kleppe, presidente de Kleppe SA.
El Caldero, el establecimiento de Belisle que representa el 40% de la producción de la empresa, es hoy el laboratorio donde conviven los dos sistemas (escalera y plataforma) y donde se obtiene información comparativa clave para avanzar. “Hay un montón de datos jugosos para decidir cuán rápido lo escalás”, afirma.
La cosecha próxima comenzará el 15 de enero, y la empresa espera que las 60 mujeres regresen. Pero la apuesta no se limita a esa labor. El equipo de Kleppe ya impulsa una iniciativa para que muchas de ellas puedan terminar la escuela, y profundizar de ese modo el impacto social del proyecto.
“Estamos contentos. De los premios que hemos tenido, este es el que nos toca en la fibra que nos define”, señala el presidente de la compañía. Lejos de la épica empresarial, insiste en que los méritos no son individuales: “Las soluciones no llegan porque vos y yo nos enfrentemos, sino porque encontramos la mejor manera de trabajar juntos. Hoy el negocio es dificilísimo. Bueno, es momento de ser creativos. Y de ser…”.
El resto de la frase queda abierto, pero el proyecto completo parece decirlo: ser sustentables, ser inclusivos, ser eficientes, todo al mismo tiempo. Esa, precisamente, es la razón por la cual Kleppe SA ganó el premio que (en palabras de su presidente) más los representa.
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