“Islas verdes” del INTA en el Alto Valle: la apuesta para potenciar las chacras frutícolas en Río Negro

El organismo instaló "parches biológicos" con vegetación planificada dentro de su campo experimental para evaluar biodiversidad, servicios ecosistémicos y sustentabilidad en fruticultura.

Por Mara Diaz

Pequeños sectores con plantas, flores silvestres y vegetación espontánea comenzaron a instalarse dentro de un campo experimental del INTA en el Alto Valle. No son jardines ni espacios decorativos: forman parte de un ensayo técnico que busca medir cómo estos “parches biológicos” pueden atraer insectos útiles y constituir «una potencial herramienta para promover la biodiversidad benéfica» al sistema de chacras frutícolas de la región.

Para evaluar su impacto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria seleccionó cuatro espacios con características muy diferentes entre sí: variaban en tamaño, tipo de suelo, cercanía a acequias, alamedas o cuadros productivos, e incluso en el historial de uso del terreno.

Esa diversidad permitió comparar comportamientos dentro de un mismo sistema frutícola regional y observar cómo responden plantas e insectos según el entorno inmediato.


Cuatro parches, cuatro realidades distintas: la prueba que realizó el INTA


Según un informe que publicó el INTA, los sectores analizados fueron identificados como “Rosa Mosqueta”, “Tijereta”, “Ex-agroeco” y “Apícola”. Cada uno presentaba condiciones particulares de manejo del suelo, riego y entorno. Sus dimensiones rondaban entre los 48 y los 100 metros cuadrados y estaban ubicados a distintas distancias de caminos, cultivos y formaciones vegetales cercanas.

En algunos casos predominaba vegetación espontánea con escaso mantenimiento y terrenos sin cultivo en los últimos años. En otros, como el parche “Apícola”, se trataba de vegetación implantada con especies de interés para polinizadores. También se registraron sectores con antecedentes de manejo agroecológico reciente.

«Parche biológico» en el campo experimental de Guerrico. Foto: informe del INTA.

Los muestreos se llevaron adelante durante el verano 2024-2025, con frecuencia quincenal, a partir de dos metodologías principales: trampas de colores para insectos polinizadores y trampas de suelo para artrópodos rastreros. Los ejemplares recolectados fueron identificados en laboratorio por orden y familia.

En paralelo se efectuó un relevamiento de flora para reconocer especies presentes, estratos de altura vegetal y estado fenológico, además de determinar abundancia y cobertura dentro de cada parche.


Qué insectos y vegetación detectó el INTA Alto Valle en su prueba de «parches biológicos»


Entre los grupos más abundantes aparecieron himenópteros, dípteros y coleópteros, órdenes que incluyen abejas, avispas y escarabajos. Los roles ecológicos más frecuentes fueron polinizadores y descomponedores, seguidos por controladores biológicos de plagas.

El informe también señala la presencia de insectos considerados perjudiciales para los cultivos, aunque aclara que “no es indicativo de que también se encuentren en los montes frutales” y que su presencia “es necesaria para incentivar la atracción de sus depredadores naturales”.

En los cuatro sectores se observó predominio de especies herbáceas perennes y la diferenciación de al menos tres estratos de altura vegetal. Las familias más representadas fueron Asteraceae, Brassicaceae, Fabaceae y Poaceae, asociadas a funciones de reciclaje de nutrientes y aporte a la estructura biológica del suelo.

Las conclusiones del documento sostienen que la diversidad vegetal y de artrópodos registrada convierte a estos parches en reservorios de biodiversidad dentro del sistema frutícola del Alto Valle. También plantea que su incorporación planificada puede constituir una herramienta para sumar sustentabilidad al agroecosistema y ampliar el conocimiento regional sobre biodiversidad aplicada a la producción.


Pequeños sectores con plantas, flores silvestres y vegetación espontánea comenzaron a instalarse dentro de un campo experimental del INTA en el Alto Valle. No son jardines ni espacios decorativos: forman parte de un ensayo técnico que busca medir cómo estos “parches biológicos” pueden atraer insectos útiles y constituir "una potencial herramienta para promover la biodiversidad benéfica" al sistema de chacras frutícolas de la región.

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