Un emprendimiento que desafió la tradición frutícola del Alto Valle: la chacra que iba a tener 2 o 3 canchas de polo pero hoy tiene 15 hectáreas de nogales
De los caballos a las nueces premium. Hace más de dos décadas Gianni Righi decidió abandonar el sueño de construir tres canchas de polo en un predio de 16 hectáreas adquirido en una zona cercana al río Negro y apostar por un cultivo con poco desarrollo en la región. Hoy, su establecimiento ubicado en General Roca es uno de los emprendimientos nogaleros más tecnificados del norte patagónico y provee a una de las mayores cadenas comerciales de la Patagonia, además de las ventas realizadas al mercado interno.
A simple vista, la chacra de Gianni Righi, ubicada en General Roca, parece una explotación agrícola más del Alto Valle. Sin embargo, detrás de sus 15 hectáreas implantadas con nogales existe una historia de intuición empresarial, pasión por el campo y una fuerte convicción de que la producción debía buscar alternativas a la fruticultura tradicional.
La historia comenzó hace más de veinte años, cuando Righi, conocido en la ciudad por su actividad comercial y por su vínculo con el polo, adquirió un predio de 16 hectáreas que poco tenía de chacra productiva.
“Era un pedazo de tierra abandonada. Mi idea era traer los caballos y hacer dos o tres canchas de polo”, recuerda mientras recorre los cuadros de nogales que hoy ocupan prácticamente toda la superficie del establecimiento Alta Patagonia.
La compra tuvo incluso una historia particular. El productor tenía previsto participar en el remate del campo, pero una cuestión familiar le impidió concurrir. Tiempo después, el destino puso al comprador original del predio en su camino y allí apareció la oportunidad.
“Lo compré a un valor que, para la época, equivalía al precio de una casa vieja. Yo pensé que me estaban haciendo un favor, aunque después descubrí que el vendedor también había hecho un muy buen negocio”, cuenta entre risas a Río Negro Rural.
Del polo a los nogales
En aquel entonces, la vida de Gianni Righi estaba mucho más vinculada a los caballos que a los nogales. Durante años practicaba polo y fundó el campo El Huitru junto a dos amigos. Aún hoy asegura que sabe mucho más de caballos que de agricultura. “Preguntame de caballos y seguramente te voy a responder mejor. El polo fue una pasión enorme, pero para jugar al polo necesitás plata. Mucha plata”, admite.

El punto de inflexión llegó cuando leyó una entrevista al ingeniero Luis Iannamico, del INTA Alto Valle, sobre el potencial de los frutos secos en la Patagonia.
La propuesta le resultó atractiva por varios motivos: se trataba de un producto no perecedero, no requería cámaras frigoríficas y permitía al productor participar activamente en la comercialización. “Yo nunca entendí cómo un productor de pera o manzana trabaja todo el año, entrega la fruta a un tercero, le ponen el precio cuando quieren y muchas veces cobra un año después, con suerte”, afirma.
Veinte años después, tiene exactamente la misma convicción con respecto a la fruticultura de pepita.
Aprender desde cero
Righi reconoce que inició el proyecto con una idea equivocada sobre la actividad agrícola. “Yo pensaba que era plantar, tirar un poco de agua y esperar la cosecha. Después descubrí que no era tan fácil”, asegura.
El aprendizaje fue largo y costoso. Durante más de una década debió adaptarse a nuevos sistemas de conducción, tecnologías de riego, manejo nutricional, poda y protección sanitaria. “Nosotros tardamos casi diez años en entender algunos conceptos técnicos. Un año el ingeniero te decía una cosa, al otro año había que modificarla. Así se aprende en el campo”, explica.
Hoy está convencido de que no existe posibilidad de éxito sin profesionalización. “Si no invertís y no te rodeás de buenos profesionales, no llegás a ningún lado. El nogal no perdona”.
Importancia de la genética
Uno de los aspectos que Righi destaca con mayor énfasis es la calidad del material vegetal utilizado. La mayor parte de su plantación corresponde a la variedad Chandler, considerada una de las más importantes del mundo por su calidad comercial, productividad y adaptación.
Sin embargo, asegura que no todas las plantas disponibles en el mercado ofrecen las mismas garantías. “Lamentablemente hoy existe mucho material contaminado o variedades mezcladas. Vos comprás Chandler y muchas veces recibís otra cosa», advierte. “Las plantas buenas hacen la diferencia durante toda la vida útil del monte”, destaca.
En su establecimiento existen distintos marcos de plantación, con distancias entre filas que oscilan entre siete y ocho metros y separaciones entre plantas de tres a cuatro metros, bajo un sistema de conducción de eje central.
La densidad de plantación y el manejo del árbol fueron modificándose con el paso de los años, acompañando los avances técnicos internacionales.
Cuando Righi comenzó a estudiar el cultivo, la bibliografía internacional señalaba rendimientos potenciales cercanos a los 3.000 kilos por hectárea plantada ccon nogales. Hoy esos valores prácticamente quedaron obsoletos. “Actualmente, dependiendo de la inversión y del manejo, podés producir entre 5.000 y 8.000 kilos por hectárea”, explica.
“La tierra te devuelve exactamente lo que vos le das”, resume ante la consulta de cuál es su rendimiento productivo.
Una producción intensiva
La explotación cuenta actualmente con 15 hectáreas plantadas y un esquema altamente intensivo. “Acá prácticamente no me quedó lugar libre. Si quiero construir otro galpón, tengo que pensarlo mucho”, explica.
La producción exige una fuerte inversión en infraestructura, entre la que se cuenta:
• Sistema de riego por goteo.
• Protección antiheladas mediante riego subarbóreo.
• Fertilización a través del sistema de riego.
• Monitoreo sanitario permanente.
• Infraestructura propia de cosecha y poscosecha.
• Secado artificial.
• Clasificación por calibres.
El productor sostiene que cualquier intento de reducir inversiones impacta directamente sobre la productividad. “Lo que ahorrás un año lo terminás pagando durante los dos años siguientes”, destaca.
El desafío de las heladas
El ciclo productivo del nogal comienza prácticamente al finalizar el invierno. En esta época el trabajo en la chacra está concentrado en la poda.
En septiembre, la madera vuelve a activarse y aparecen los primeros signos de brotación. En octubre se produce la floración, que para el caso del nogal se trata de un período extremadamente corto y delicado. “La flor dura apenas unos días y ahí se juega gran parte de la producción”, explica Righi.
Precisamente en esa etapa aparecen las mayores amenazas climáticas. “Las heladas tardías son uno de los principales riesgos. Una helada fuerte te puede afectar seriamente el potencial productivo”, cuenta el productor.
La experiencia acumulada le permitió además corregir muchos conceptos que la bibliografía internacional daba por ciertos, como el porcentaje de plantas polinizadoras necesarias dentro del monte, que Righi ubica como ideal entre un 5% y un 10% del total plantado.
Tiempo de cosecha
La cosecha del nogal comienza en abril y puede extenderse hasta junio. El trabajo se inicia manualmente con cuadrillas que recorren los cuadros recolectando la fruta caída. Las nueces se depositan en bins distribuidos estratégicamente dentro de cada lote y posteriormente son trasladadas al área de procesamiento.
Allí comienza una etapa clave. La fruta ingresa primero al sistema de despelonado y lavado. Luego pasa a las cámaras de secado, donde permanece entre 48 y 72 horas.
El establecimiento dispone actualmente de ocho tolvas de secado, con capacidad para procesar aproximadamente 8.000 kilos por ciclo. “La gente cree que secamos la nuez porque viene mojada. En realidad secamos la pulpa interior para evitar el enranciamiento”, explica.
La humedad inicial, cercana al 70% al momento de la cosecha, debe reducirse hasta niveles próximos al 10 o 15%.
Posteriormente la producción pasa por equipos de clasificación que separan las nueces según su tamaño comercial, mientras más grande es la nuez mayor es el valor que tiene en el mercado.
Exportación, costos y mercado interno
Durante años, Righi exportó parte de su producción y participó regularmente de Exponut, una de las principales ferias internacionales del sector que se realiza en Chile.
Allí observó cómo el negocio mundial fue cambiando. “Cuando fui por primera vez, la nuez se pagaba nueve dólares. El último año que exporté, el mejor valor que conseguí fue de 3,20 dólares”, recuerda.
A ese valor deben descontarse: Comisiones comerciales; Honorarios de brokers; Fletes internos; Transporte marítimo; Costos portuarios. “La realidad es que hoy el mercado interno termina siendo más conveniente”, sostiene.
Actualmente abastece, entre otros clientes, a la cadena La Anónima y a operadores comerciales especializados del país.
La sanidad y el trabajo permanente
El nogal comparte algunas de las principales problemáticas sanitarias de la fruticultura regional. La carpocapsa y la arañuela figuran entre los principales desafíos. Para controlarlas, el establecimiento realiza monitoreos permanentes mediante trampas y observación directa. “Todos los sábados controlamos trampas. La producción requiere estar encima todos los días”.
Actualmente el emprendimiento genera empleo permanente para tres trabajadores, además de la mano de obra estacional durante la cosecha.
Con el tiempo, Righi modificó radicalmente su percepción sobre el trabajo agrícola. “Yo antes pensaba que los chacareros lloraban demasiado. Después entendí que la naturaleza no se toma feriados, ni sábados, ni domingos, y supe realmente lo que es tener y trabajar una chacra”.
El futuro del Valle
Luego de más de dos décadas en la actividad, Righi observa con preocupación el futuro de la fruticultura tradicional del Alto Valle.
Considera que los elevados costos internos, la presión impositiva y la falta de competitividad están empujando a muchos productores hacia otros sistemas productivos, mientras la fruticultura se concentra en unos pocos jugadores de peso.
“En la Argentina, la producción termina subsidiando al Estado, cuando en otros países ocurre exactamente al revés”, sostiene.
Aun así, mantiene el optimismo que lo llevó a apostar por un cultivo poco desarrollado hace veinte años.
Y mientras observa los nogales que reemplazaron aquellas soñadas canchas de polo, concluye: “Yo sigo aprendiendo todos los días. Y creo que eso es lo más lindo que tiene producir”.
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