Salvemos nuestras empresas y trabajadores



Diego Lo Tártaro

Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales (Iader).

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Nos encontramos los argentinos ante una encrucijada difícil de definir o adjetivar, la realidad diaria es que el deterioro de la economía en todas sus variables está conduciendo día a día a la quiebra a empresas sin distinción de tamaño sean estas pequeñas, medianas o grandes, sin respetar actividad, lugar o región.

Las abrumadoras cifras que dan cuenta de despedidos y desocupados se acrecienta minuto a minuto, recordándonos y acercándonos peligrosamente al derrumbe que padeciera los EE.UU. en la crisis del 1929-1930. Si bien ambas crisis tuvieron orígenes diferentes, de continuar como vamos los resultados serán similares.


El tendal de damnificados, obreros despedidos en la calle y sin trabajo ni posibilidades de encontrar empleo, los quebrantos de empresas de grandes a micro emprendedores, la impactante cantidad de locales desocupados, fábricas vacías, cantidad de empresas que suspenden personal, la multiplicación de los embargos, las liquidaciones de activos, se suceden sin pausa. Esto nos impele a unirnos y afrontar esta situación terminal de la estructura económica argentina, situación que solo podrá ser evitada con medidas inmediatas, prácticas, drásticas, uniformes y de cumplimiento efectivo.


Necesariamente para reordenar este abrumador desorden momentáneamente debemos detener los despidos, los embargos, las intimaciones de remate y las ejecuciones por deudas fiscales ante la AFIP, previsionales, bancarias, municipales y de tarjetas de crédito, la suspensión de ejecuciones hipotecarias y prendarías.

Hay que tener un poco de misericordia con los jubilados que hoy están abandonados a la espera de una mísera muerte, debemos ya detener los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, los cortes de luz, gas y agua a los hogares que se atrasaron en el pago del servicio y hacer una racionalización de estos cortes con empresas en situación de crisis, de clubes sociales barriales, de entidades de bien público y comedores comunitarios.


Asumamos la realidad: estamos en emergencia económica y social, hoy y no mañana comencemos a ordenar toda la estructura económica en todas sus variables. Tomemos conciencia que la situación en cualquier momento puede descontrolarse, cuidado con los pueblos cuando se cansan de ser pobres en un país rico que solo privilegia a unos pocos para hacerlos más ricos.


Con la excepción de los bancos y las empresas de servicios públicos privatizadas, no hay actividad económica que hoy no esté en crisis terminal. Pero el Presidente, el ministro Dujovne y el presidente del Banco Central Guido Sandleris sólo se preocupan por el valor del dólar para atenuar y disfrazar la incontrolable inflación. Para evitar esto y solo con el propósito de ganar las elecciones, no les preocupa que las tasas de interés resulten tan usurarias que están destruyendo toda la estructura productiva y llevando a la economía a un previsible colapso.


Desde el gobierno pareciera que nada pasa, para ellos en definitiva es un problema de quienes obligatoriamente tomaron crédito o deben necesariamente tomarlo. Por otra parte, lo hacen con complacencia y complicidad porque los bancos son los que usufructúan estas disparatadas tasas ya que las Leliq son los títulos emitidos por el Banco Central que pagan tasas de interés de más del 60% y que solo las pueden tomar los bancos, que continúan haciendo sus vergonzantes ganancias, como en su momento hicieron con las Lebac.

Para reordenar este abrumador desorden momentáneamente debemos detener los despidos, los embargos, las intimaciones de remate y ejecuciones por deudas fiscales.


Por otra parte no olvidemos que antes se hicieron ganancias más que multimillonarias en dólares con las ventas de dólares a término en el gobierno anterior y que hoy se continúa con la misma práctica y proceder. Situación ésta que como con el anterior gobierno y con este solo beneficio y beneficia a sus socios y amigos.


El resto todos los ciudadanos somos los damnificados porque somos quienes pagan, los beneficiarios se ocultan porque son a quienes nadie controla, porque son quienes instrumentan estos fraudes encubiertos. Que solo están dispuestos a ser silenciosos, fieles e impiadosos comisionistas, colaboradores y socios de los capitales especulativos golondrinas tanto externos como internos, que cuentan con información privilegiada y que vienen impunemente a hacer únicas utilidades a nivel mundial que nuestro incontrolado sistema financiero permite.


Debemos sin más dilaciones salvar a nuestras empresas nacionales, a nuestras Pymes, a nuestras economías regionales, a nuestros artesanos y profesionales, a proteger a nuestros trabajadores. Quienes pretenden hoy suceder a esta calamitosa y catastrófica administración ya deben exponer sus planes de cómo instrumentar este impostergable salvamento.


Nosotros hace más de 22 años, cuando nuestras empresas se encontraban en una situación parecida a la crisis actual pero no de tanta magnitud ni profundidad, propusimos al Presidente Menem un Plan Brady o Bono Pyme que no se concretó, para el salvataje de las empresas que estaban endeudadas con Bancos, la DGI y el Sistema Provisional.


Hoy debemos desgraciadamente volver a proponer igual solución a una crisis que supusimos que no volvería a ocurrir, pero como somos unos desmemoriados, volvemos a transitar los mismos caminos que nos llevaron siempre e indubitablemente a nuestra propia destrucción.


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