Sánchez e Iglesias, final feliz para cinco años de amor-odio



Diego Urdaneta/AFP


Los dirigentes del PSOE y de Podemos dejaron de lado la tumultuosa relación, los cruces de acusaciones del pasado, para intentar formar un gobierno de coalición en España.


Líderes de los dos partidos de izquierda españoles, Pedro Sánchez del PSOE y Pablo Iglesias de Podemos, guardan un lustro de tumultuosa relación que ha pasado del insulto, la burla y la desconfianza a un preacuerdo de coalición de gobierno.

• La “casta” y el “populismo”: en una España harta de crisis y corrupción, la izquierda radical de Podemos hizo furor al nacer en 2014 con su programa antiausteridad y su lucha contra la “casta” en la que incluía tanto al Partido Popular del entonces jefe de Gobierno conservador Mariano Rajoy como al PSOE.

Con la paz firmada, deben asegurar la investidura que requerirá del apoyo de otras fuerzas.

Con su llamativa cola de caballo, Pablo Iglesias arremetía contra los socialistas y su flamante nuevo líder, Pedro Sánchez, calificándole incluso de “loser” (perdedor).

Por su parte, Sánchez definía a su nuevo rival como “populista” y descartaba acuerdos: “Ni antes ni después el partido socialista va a pactar con el populismo (…) El final del populismo es la Venezuela de Chávez”.

• “La sonrisa del destino”: en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, Podemos irrumpió como tercera fuerza en el Congreso pero se quedó a las puertas de superar al PSOE, que cosechó los peores resultados de su historia (agravados después en 2016).

Iglesias ofreció un gobierno de coalición con él como vicepresidente a Sánchez, advirtiéndole que no estaba en posición de poner condiciones.

“La posibilidad histórica de que sea presidente es una sonrisa del destino que siempre deberá agradecer”, dijo con tono burlón.

El líder socialista prefirió pactar con el nuevo partido liberal Ciudadanos. Podemos se opone, precipitando el fracaso de la investidura y unas nuevas elecciones en junio 2016 en las que vuelve a quedar por detrás del PSOE.

• El idilio: “Me equivoqué al tachar a Podemos de populistas”: es octubre de 2016 y Pedro Sánchez modula su tono contra la izquierda radical en una entrevista en la que también reconoció presiones para no pactar con ellos.

El socialista acaba de ser defenestrado del liderazgo de su partido por una rebelión interna que quería, a diferencia de Sánchez, facilitar la investidura a Rajoy y evitar unas terceras elecciones.

Sánchez reconquistó el partido en primarias y estrechó su colaboración con Podemos, con quienes se alió en una moción de censura en junio de 2018 para desbancar a Rajoy.

El líder socialista se abrazó en el Congreso con Iglesias, que había sido clave para lograr los apoyos suficientes de los partidos independentistas catalanes.

En febrero la imagen de entendimiento se reeditaría con la firma de los presupuestos de 2019, que incluían importantes mejoras sociales, pero fueron tumbados por los separatistas, llevando a las elecciones de abril.

• El insomnio: Sánchez gana las elecciones y se da por hecho un acuerdo con Podemos, a quien el dirigente socialista había situado como “socio preferente”.

Pero los contactos no fluyen: Podemos exige un gobierno de coalición para controlar que los socialistas cumplen sus promesas y Sánchez veta a Iglesias dentro de su ejecutivo.

En julio, una negociación precipitada y con constantes filtraciones a la prensa termina en la investidura fallida de Sánchez.

“Somos una formación joven pero no nos vamos a dejar humillar”, dijo durante el debate Iglesias.

En septiembre, con los ojos ya puestos en las nuevas elecciones de noviembre, Sánchez explicó en una entrevista por qué no quería ministro de Podemos en su ejecutivo.

“Sería un presidente del gobierno que no dormiría por la noche junto con el 95% de los ciudadanos de este país que tampoco se sentirían tranquilos”, afirmó.

La precoalición: sonrisas, encajes de manos, agradecimientos y un abrazo: las rencillas parecían superadas este martes cuando ambos líderes anunciaron un preacuerdo de coalición de gobierno, dos días después de los comicios del domingo marcados por el auge de la ultraderecha.

“Es tiempo de dejar atrás cualquier reproche”, decía Iglesias. La ilusión por el proyecto “supera cualquier tipo de desencuentro que pudimos tener en los últimos meses”, añadió Sánchez.

Con la paz firmada, deben asegurar la investidura que requerirá del apoyo de otras fuerzas.


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