Sátira, risa, reflexión y música para analizar el mundo que nos rodea

La murga uruguaya está de vuelta. Trae lo nuevo a Neuquén, Bariloche, Roca y San Martín de los Andes.



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Eduardo Rouillet erouillet@gmail.com

De vuelta por la región, la célebre murga uruguaya estuvo anoche en el Teatro Municipal de Viedma y estará hoy en el Club Pacífico de Neuquén, el sábado en el Gimnasio del Colegio Don Bosco de Bariloche –ambas a las 22–, el domingo en San Martín de los Andes y el martes 24 en la Sociedad Española de Roca. Trae su nuevo espectáculo: “La Comunidad”, que reformatea la historia proponiendo generar un mundo mejor con reminiscencias visuales y costumbristas de los movimientos hippies en los 60. Su consolidado punto de vista humanista es trasfondo de este recorrido por las cosas buenas y malas que nos rodean hoy. Y lo hace con sus armas de siempre: la sátira, la risa, la reflexión y las ideas. La Catalina nació en Montevideo en el 2001. Participó en festivales internacionales de teatro de Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero, Eldorado, Resistencia, Cipolletti, Tandil y realizó una treintena de presentaciones en La Trastienda y en el Teatro Coliseo, en Buenos Aires. Hizo además dos tours europeos, por diecisiete ciudades españolas y especialmente en Cádiz, cuna de la murga; en Francia actuó en la mismísima Universidad de la Sorbona. En México fue parte del Festival Internacional de la Cultura en Resistencia Ollin-Kan y estuvo en Chile en el marco de los Carnavales del Mundo. En el 2009 y el 2010 recorrió Cuba, Panamá, Madrid, Cuyo y el Litoral argentino. Entre abril y mayo del 2011 transitó veinticinco ciudades de seis provincias argentinas, sumando seis actuaciones en La Trastienda y retornando posteriormente a Cuba, esa vez con escala en México. Catalina lleva editados ocho compactos: “El tiempo”, “Los sueños”, “El fin del mundo”, “El corso del ser humano”, “Grandes éxitos” (doble) y “El viaje”, “Civilización” y “Gente Común”. Mediodía de domingo soleado, puerto fluvial de Buenos Aires, la murga desciende arrastrando bolsos y valijas. Rostros entre cansados y dormidos. Yamandú Cardozo (34), creador, su director responsable, letrista y alma máter, dialoga con “Río Negro”, abrazo de por medio. “Nuestra tarea es permanecer a la expectativa, cumpliendo la función de libro de historia alternativo y paralelo e igual de válido que el oficial. Tan válido como… escrito por –con un valor que me encanta y me emociona– un pueblo que tiene trazada una historia, en los últimos ciento y pico de años, desde el lado de la gente que no tiene participación en contarla en los libros ni en los medios. Más allá de que eso sí existe en charlas y conversas de boliche, de tertulias entre amigos… No sé si hay muchos lugares en el mundo donde esa voz esté así de identificada. En este caso, queda grabada y escrita y guardada en la Biblioteca Nacional, digo, diferentes espacios, compuesta por veinte, veinticinco libretos, en textos murgueros desde ciento diez años para acá”, arranca hablando con “Río Negro”. La caricatura cruda “La murga, cumpliendo ese rol –con gusto– que atesora celosamente, aguarda con expectativa lo que suceda. Muchas, dando crédito a la esperanza de que el Uruguay ande cada vez mejor, pero atentas con ojos, oídos y las antenas bien abiertas a las cosas que merezcan una caricatura cruda y corrosiva. Cuando surgen se realizan con mayor o menor gusto, muchas veces. Por ejemplo, una referencia ineludible que debería existir en muchas agrupaciones y no sólo en la Catalina, que a mí como izquierdista más me conmovió, son las declaraciones de Tabaré Vázquez (ex presidente del vecino país en 2005-2010) sobre su consideración en el momento de arrancar una guerra con Argentina por el diferendo por las plantas de celulosa (en Fray Bentos) y la menos feliz idea, si es que hay algo feliz en pensar en guerrear con un hermano, de buscar el amparo de los mayores genocidas actuales y contemporáneos que tenemos en el mundo, a través del pedido de ayuda a (George) Bush, al matón del barrio, del planeta, para presionar al hermano circunstancialmente distanciado… Eso tenía que estar…” , dice a “Río Negro”. Y enseguida agrega una opinión más: “No sé si hay necesariamente un cambio de dirección en la realidad, creo o espero creer que el Uruguay está yendo hacia un lugar o existe un intento de encauzar ese tren medio desvencijado, que también ocurre en el Cono Sur, de distintas maneras y cada país con su frecuencia. Nuestros países están, por lo menos, cercando una cuestión de repartija un poco más justa de la bolsa. Entonces, no sé si es un cambio claro de dirección o si hechos aislados muestran ese cambio o pueden llegar a ocasionarlo seguro. Pero sí pasa que la murga está siempre atenta a esas cosas, sin ser el brazo artístico de ningún movimiento político. Ocasionalmente se encontrarán en paralelo en su postura y felicitarán, agradecerán, pero siempre criticarán”, define Cardozo ante “Río Negro”. –¿Cómo evitar que la murga se institucionalice, que pase a ser un esquema rígido observante de ciertos datos de la realidad, sólo un espectáculo? –Siempre andan entreverados y son los mismos, no son tipos enviados a hacer un laburo de campo que deben familiarizarse con un terreno o situación particular y ver de qué modo no se les escapan las cosas… Estando alertas es suficiente porque los ejecutantes, los consumidores y los amasadores de la murga son, somos, la gente que vive abajo, donde molestan las cuestiones que arriba determinan. No somos un actor, un doctor, alguien licenciado en conocimientos específicos que viene a actuar como tu vecino. Es tu vecino que más bien está haciendo el licenciado en politología o el poeta o el actor por un rato. Así como a vos te molesta y tirás la bronca con el cantinero, la almacenera de tu barrio o en el club social, en la canchita de fútbol infantil, así como vos apuntaste y sabés qué historias te enojaron, te enfervorizaron, te alegraron, te esperanzaron en el año, cuando sale tu presidenta a decir algo o nuestro presidente con otra, tomamos posición al respecto. Entonces la murga guarda, apunta en la libretita para acordarnos después y darle una forma artística, un giro, una vuelta de tuerca y un envoltorio particular que nos identifica, cómico, emotivo, etcétera… –Irónico. –Sí, totalmente, a la máxima potencia. La cuestión es estar siempre atentos, alertas… –En lo personal y estrictamente afectivo, ¿cómo definirías tu rol complejo, multifacético, en Agarrate Catalina? –Hoy por hoy ya es casi al revés. Lo que hago en la Catalina me termina definiendo. Yo armé mi vida, decidí volcarla en torno a este fogón. Muchas veces, en ese ejercicio de la murga de mantenerse alerta, de mirar, de analizarnos a través del humor, uno se encuentra… La murga son mis lentes, mi catalejo y, a su vez, faro, ancla, destino y motor. Es todo eso para mí. Yo hoy no sabría entender la vida sin ella. Sin el género, seguramente, pero más aún sin la Catalina. De hecho si me preguntan quién soy, la primera definición que me sale es: “Soy el de la Catalina”… Éste es mi lugar en el mundo, sin duda, desde donde miro pasar la vida, y eso me define como tipo.


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