Segundo robo a una biblioteca de Centenario que está frente a una comisaría

Por Redacción

CENTENARIO (AN).- Se llevaron todo menos los libros. La biblioteca popular «Jorge Fonseca», ubicada frente al destacamento policial en Santo Domingo y Canadá del barrio Sarmiento de Centenario, fue arrasada por los cacos que se llevaron, equipos completos de computación, aparatos telefónicos y hasta una bandera.

Los cuatro mil libros quedaron, pero el trabajo ad honórem de informatización que estaba realizando una bibliotecaria, costoso y agotador, se fue con la memoria del disco rígido.

Funcionaba desde hace tres años, como un verdadero centro cultural y atendía a 800 chicos diariamente en época escolar.

Las pérdidas superan lo netamente material. El presidente de la entidad Ricardo Fonseca, el vocal Marcos Crljenko y la colaboradora Silvia Echavarri, descorazonados ante este segundo robo en corto tiempo, han agotado todas las instancias para que las autoridades municipales y policiales tomen cartas en el asunto.

Es posible que la biblioteca cierre temporaria o definitivamente, que había sido equipada completamente por donaciones de vecinos y empresas.

Pidieron reunirse el martes con el intendente Adrián Cerda y recibieron una respuesta negativa. Una delegación de diez vecinos se apersonaron en el municipio. Aparte de evitar que ingresara -dijo Fonseca- se la mantuvo detrás de una reja y se pidió refuerzo policial.

«No se llegó a la represión, ni nos prestamos. Solamente queríamos informar al intendente, recordarle lo que ya veníamos pidiendo desde el primer robo: alarma, cerco perimetral y ahora computadoras. Que se cumpla con la carta orgánica municipal, que en su artículo 247 se refiere a la obligatoriedad de que la municipalidad se responsabilice del patrimonio de la comunidad».

El espacio era centro cultural, ya que se dictaban cursos, encuentros, se realizaban espectáculos, apuntalamiento educativo a los chicos, servicio de Internet y hasta se daba una taza de mate cocido.

La desesperación de unas treinta personas que allí trabajan sin cobrar -salvo Fonseca que está afectado a ese lugar desde Cultura provincial- es que «es un bien social y las autoridades hacen oídos sordos». Las entidades públicas vecinas también fueron robadas: el centro de salud y la Unidad de Acción Familiar.

Los bibliotecarios no quieren quedarse pasivos. «Que se termine con el fatalismo de no poder hacer nada».


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