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“Si la historia la escriben los que ganan...”: los restos de Olascoaga en Neuquén

Los restos de Manuel Olascoaga fueron repatriados en 1983 a la capital neuquina. Pero siempre se opuso a que se traslade el gobierno provincial a la Confluencia. “Lugar sin futuro”, decía.



Esta historia nos lleva a un día frío de invierno de junio de 1983. Los niños, niñas y adolescentes de la ciudad recordarán sin duda esa tarde porque no hubo clases. Es que se había armado tremenda ceremonia para traer los restos de Manuel Olascoaga, para que descansen definitivamente en un monumento que se había construido al final de la avenida Argentina, sobre la barda.

En la escuela les habían enseñado que ese señor fue el primer gobernador del entonces Territorio del Neuquén y que fue quien fundó la capital de Neuquén en Chos Malal, el 4 de agosto de 1887.
Ese día de 1983, los chicos pasaron varias horas parados sobre el cordón de la vereda de la avenida, bajo una llovizna constante, hasta que finalmente una caravana de coches subió hasta el monumento y se realizó la ceremonia.

Les habían contado que era importante que Olascoaga tuviera su monumento en la ciudad de Neuquén, a modo de homenaje. Pero lo que nunca les contaron, por lo menos mientras eran pequeños es que ese señor no era neuquino. Había nacido en Mendoza, donde desarrolló una extensa carrera militar.

Pero el dato más importante que la historia guarda en sus arcones y que no le contaron a los niños, es que Manuel Olascoaga nunca quiso que se traslade la capital del territorio desde Chos Malal a Neuquén. Sostenía que ese paraje Confluencia era un lugar inhóspito y sin posibilidad de desarrollo a futuro. Por el contrario defendía la localidad del norte neuquino por su cercanía con Chile y por el potencial comercial que existía entre ambos países.

Cuando en 1904, quien había asumido como gobernador, Carlos Bouquet Roldán, comunicó al gobierno nacional que trasladaría la capital a la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, Olascoaga fue el primero en escribirle para decirle “no cometa usted uno de los errores más grandes que podrá escribirse en la historia de esos territorios”.
Por supuesto, Bouquet Roldán hizo oídos sordos a esa advertencia y continúo con sus planes.

Sin embargo, en 1983, el gobernador de facto, Domingo Trimarco, decidió que fuera Olascoaga el que se merecía un monumento en la ciudad de Neuquén. Para Bouquet Roldán habría una calle. “Noventa y dos años han transcurrido y el coronel Olascoaga regresa al epicentro de sus glorias”, dijo al inaugurar el monumento.

Tal vez a los niños habría que contarles la historia completa. Porque como dice la canción de Litto Nebbia, “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia”.


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