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Sin incentivo a la exportación, la actividad enfrentará problemas





Durante el 2015 el consumo interno de pollos llegó a niveles récord de 43 kilos anuales per cápita. Una buena noticia, pero no para tanto. Y es que el sector está en una situación muy complicada ya que es difícil seguir creciendo en el mercado local con una demanda que comienza a resentirse y costos internos en alza.

Desde el lado de la oferta, la fuerte suba de tarifas golpeó duró sobre los costos de producción. La inflación, por su parte, continúa con su proceso erosivo sobre la rentabilidad de las empresas.

Por el lado de la demanda, esta se encuentra afectada por los salarios resentidos y esto impacta en un menor consumo.

El sector avícola creció mucho durante todos estos últimos años hasta lograr una producción cercana a los 2 millones de toneladas en el 2015, un valor cada vez más cerca de los 2,6 millones anuales de carne bovina disponibles en el país.

Semejante recorrido convirtió a la avicultura en una de las actividades mimadas de la era K.

Pero ahora el sector padece, como cualquier otro, los cimbronazos del modelo económico, una combinación letal entre inflación y retraso cambiario (pese a la devaluación de diciembre) que atenta contra la competitividad exportadora del sector.

Con las estadísticas en mano, todo iba bien hasta el 2011, cuando se batieron récords de exportación llegando la actividad a colocar ese año 500.000 toneladas de producto en el exterior. Pero luego las ventas al extranjero comenzaron a ceder y cerraron el 2015 en valores mínimos: 242.000 toneladas.

Además del problema cambiario, colaboró con esta crisis el hecho de que Venezuela –que se había convertido en un gran cliente para los pollos argentinos– prácticamente desapareció del mercado y dejó un tendal de deudas entre las empresas que le exportaban hacia ese destino.

Este contexto obligó a los productores –en general son empresas integradas– a volcar una mayor parte de su oferta en el mercado interno, a precios tan competitivos que actúan también como freno a una posible suba de los valores internos de la carne vacuna y la porcina. Así, si hace un tiempo el porcentaje de la exportación que se enviaba al extranjero era del 20%, el año pasado apenas llegó a un 12%.

En este escenario de sobreoferta y precios deprimidos no todas las avícolas logran hacer pie.

Para lo que va del 2016 la salida exportadora no llega y la mejora en la economía sigue siendo expectativas que se postergan, ahora, para principio del 2017.


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