Sin sustento
Los esfuerzos de López Murphy no servirán de mucho sin el "sustento político" adecuado.
Ya antes de que el nuevo ministro de Economía, Ricardo López Murphy, iniciara su gestión, comenzaron a propagarse los rumores sobre un eventual «portazo», los cuales se repitieron mientras él y los integrantes de su equipo prestaban juramento en la Casa Rosada y en los días siguientes. Aunque dichas versiones han incidido en la evolución siempre errátil de la pequeña bolsa local, en el fondo son muy positivas. Significan que lo que más les interesa a López Murphy y sus colaboradores es manejar la economía con eficacia y que, a menos que la realidad política les permita hacerlo, estarán más que dispuestos a volver a la vida privada. A diferencia de tantos otros funcionarios, no parecen tener la intención de aferrarse a sus cargos pase lo que pasare, ya por vanidad personal, ya por entender que se trata de un puesto que su línea política particular debe defender a toda costa, actitud ésta que claramente motivaba a los miembros de las diversas «barras» que asistieron a la ceremonia de asunción oficial para ovacionar a sus representantes.
Según el propio López Murphy, sus esfuerzos no servirán para mucho sin el «sustento político» adecuado, es decir, que fracasará irremediablemente si el grueso de la Alianza insiste en creerlo una especie de fanático ultraortodoxo y quienes no comparten tal opinión siguen dando a entender que hubieran preferido que el gobierno pudiera instrumentar una política económica muy distinta de la planteada por los hombres de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas. Por ahora, López Murphy no tiene el respaldo que considera imprescindible y los presuntamente capaces de brindárselo, el presidente Fernando de la Rúa y el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, no han manifestado demasiado entusiasmo por la tarea así supuesta. Antes bien, han continuado hablando como si José Luis Machinea aún estuviera en el ministerio y su prioridad consistiera en convencer a alfonsinistas y frepasistas de que en verdad era una suerte de socialista que en cuanto se modificaran las circunstancias pondría en marcha «el programa de la Alianza».
No es necesario que López Murphy cuente con el apoyo de un «consenso», este ideal poco realista que tanto obsesiona a De la Rúa. Le sería más que suficiente el compromiso firme y combativo de sectores amplios de la UCR y, es de suponer, del menemismo peronista. Puesto que los adversarios populistas del «neoliberalismo» no tienen la más mínima idea de lo que convendría hacer, al equipo económico y los preocupados por el destino de la gestión de De la Rúa no les sería difícil convencer a una proporción mayor del «oficialismo» de que por muchos motivos le convendría solidarizarse plenamente con la causa actualmente encarnada por López Murphy. Al fin y al cabo, a esta altura debería serle evidente que sería vergonzoso intentar defender lo que queda del orden corporativo mientras que impulsar un proyecto modernizador sería identificarse con un futuro mejor.
Mucho dependerá de la actitud que asuma De la Rúa. No cabe duda alguna de que entre las razones básicas del desempeño penoso de su gobierno están su propia ambigüedad y las vacilaciones interminables a la hora de tomar decisiones difíciles. No es cuestión de la importancia de mantener unida una coalición heterogénea dominada por personas que sueñan con volver al pasado, sino de un estilo que le ha permitido llegar a la presidencia de la Nación, pero que le ha impedido aprovechar la oportunidad que le ha brindado el electorado. En este momento, lo que el país necesita no es un representante que en su propia persona combine muchas de las cualidades, algunas buenas, otras malas, que lo llevaron a su situación actual, sino un líder auténtico que pueda señalarle el rumbo a seguir y que lo tome sin titubear. Parecen entenderlo muy bien López Murphy, de ahí sus alusiones a la falta de «sustento político» y los rumores, que a su modo son amenazas, de que si De la Rúa cree que el nuevo ministro será meramente una versión más afortunada del anterior se ha equivocado por completo y que tarde o temprano tendrá que incorporar a su gobierno a Domingo Cavallo, dirigente que, claro está, pronto se encargaría de llenar los espacios políticos dejados vacíos por un presidente que ya ha llevado su resistencia a definirse a un extremo apenas tolerable.
Ya antes de que el nuevo ministro de Economía, Ricardo López Murphy, iniciara su gestión, comenzaron a propagarse los rumores sobre un eventual "portazo", los cuales se repitieron mientras él y los integrantes de su equipo prestaban juramento en la Casa Rosada y en los días siguientes. Aunque dichas versiones han incidido en la evolución siempre errátil de la pequeña bolsa local, en el fondo son muy positivas. Significan que lo que más les interesa a López Murphy y sus colaboradores es manejar la economía con eficacia y que, a menos que la realidad política les permita hacerlo, estarán más que dispuestos a volver a la vida privada. A diferencia de tantos otros funcionarios, no parecen tener la intención de aferrarse a sus cargos pase lo que pasare, ya por vanidad personal, ya por entender que se trata de un puesto que su línea política particular debe defender a toda costa, actitud ésta que claramente motivaba a los miembros de las diversas "barras" que asistieron a la ceremonia de asunción oficial para ovacionar a sus representantes.
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