“Sin turismo, todo el comercio de Bariloche corre grave riesgo”

El diagnóstico es del presidente de la Cámara de Comercio local. Señalan que hasta los supermercados y corralones sienten el impacto de la falta de visitantes.



La actividad comercial en general de Bariloche se ve afectada por la falta de turistas. Archivo

La actividad comercial en general de Bariloche se ve afectada por la falta de turistas. Archivo

La cantidad de locales por rubro, su tamaño y hasta la planta de personal de los comercios de Bariloche están diseñados para atender una demanda que excede por lejos la población local y que deberá enfrentar un achique inexorable si el turismo no vuelve en breve plazo.

Ese diagnóstico fue expuesto por el presidente de la Cámara de Comercio e Industria, Eduardo Caspani, y reafirmado por otros asociados, que ven con preocupación la quita de beneficios como el ATP para el pago parcial de los salarios en localidades que lograron saltar de “fase” en el mapa de restricciones sanitarias.

Esa ayuda dispuesta por el gobierno nacional fue aprovechada por cientos de comercios locales en mayo y también en junio. Esperaban una tercera tanda este mes, pero hasta ayer no tenían confirmación alguna.

Un comerciante del área céntrica dijo que para ellos estar abiertos no significa gran cosa porque las ventas en algunos casos dependen hasta un 90% del turismo. Refirió a modo de ejemplo que en su local desde el 1 al 8 de julio habían vendido apenas una remera.

Liliana Cabrera, titular de la librería y juguetería Casa Raúl, ubicada sobre calle Mitre, dijo que tiene 9 empleados y la ayuda del ATP le resulta indispensable para sostener los sueldos, en un contexto de baja pronunciada de la actividad y prohibición de despidos.

Hizo notar que otros comercios, como una confitería de Mitre y Rolando que tiene 27 empleados sigue con su vidriera tapiada y “ni piensa en abrir” para no incurrir en mayores gastos. Algo similar le pasó a la pista de hielo Neviska, que ya anunció el cierre definitivo.

Hasta los supermercados sienten el efecto del “turismo cero”. Estuvieron abiertos desde el primer día de cuarententa y en otras localidades mantuvieron casi el nivel de ventas habitual, al menos en productos esenciales, pero en Bariloche tienen caídas del 20% porque su clientela quedó limitada al público local.

Un corralón de materiales, que no le vende a turistas, también siente la falta de dinero en la calle y su facturación está un 50% por debajo de lo habitual en esta época. “Parece que no, pero es una cadena. Acá el turismo mueve todo”, dijo el encargado.

La inquietud de los comerciantes creció en los últimos días al ver las señales oficiales de que el auxilio económico, si se mantiene, será para “actividades críticas” entre las que figuraría el turismo, pero no el comercio asociado.

Cabrera afirmó que sus ventas son magras porque la ubicación del local la deja lejos del circuito que prefieren los barilochenses, y mucho más después de los cuatro años de obras en la Mitre, con lo cual el público local “le terminó de dar la espalda” a esa calle.

Caspani dijo que “hay un sobredimensionamiento de la estructura comercial” en Bariloche y la falta de turismo la padecen todos, no solo la hotelería y la gastronomía. “Una parte importante del volumen de negocios depende de que venga gente”, explicó.

Según el dirigente, “en el consumo se nota mucho y cuesta explicarlo” a quienes toman las decisiones, ya que Bariloche figura entre las ciudades que superaron el aislamiento obligatorio y tendría ya las condiciones para recuperarse. Pero mientras el turismo siga prohibido la postración sigue, subrayó Caspani.

“No está clara la salida, todo indica que la recuperación va a ser lenta, no hay una fecha para empezar -señaló-. Y la vulnerabilidad de la población preocupa el doble”.

Insistió en que “si (las autoridades) no ven que el comercio de áreas turísticas merece otro tratamiento, se va a complicar más”.

Cabrera dijo que tampoco se sienten acompañados por el municipio, porque esperaban otro tipo de beneficios tributarios para el sector. Dijo que los mínimos de la tasa de inspección, seguridad e higiene son demasiado altos en el contexto actual. “Nos están cobrando 1.500 pesos sólo para pagar los nuevos contenedores de basura, pero si no da para pagarlos que los devuelvan, la crisis es para todos”, se quejó.


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