Clientes a la intemperie: las estrategias para aliviar la espera en Bariloche

Algunos no solo marcan la distancia en la vereda, ofrecen café, mate cocido y hasta colocan techos para el reparo de la clientela que hace cola.



La verdulería Ustari, del barrio Ñireco, instaló un techo para la espera de sus clientes en la vereda. Foto: Alfredo Leiva

La verdulería Ustari, del barrio Ñireco, instaló un techo para la espera de sus clientes en la vereda. Foto: Alfredo Leiva

Uno de los cambios impuestos por la cuarentena y el distanciamiento obligatorio es la imposibilidad de ingresar a los comercios en forma masiva para realizar las compras, con lo cual las colas en las veredas pasaron a formar parte del paisaje urbano.

Algunos comerciantes simplemente pintaron líneas en la acera con 1,5 metros de separación para organizar la hilera, pero otros fueron más allá y hasta construyeron un techo para ahorrarles a sus clientes el azote de la lluvia y la nieve.

Es por ejemplo el caso de la verdulería y kiosco Ustari, en el barrio Ñireco, que tenía una fachada despojada y sin ninguna protección, hasta que su propietario decidió invertir en un tinglado de metal y chapa transparente, para aliviar la espera de los compradores.

También hay comercios que sirven café, chocolate o mate cocido a los clientes que no pueden esperar adentro del local, como era el hábito hasta marzo pasado.

La restricción impuesta por el municipio tiene que ver con los metros cuadrados del salón de ventas, y en algunas despensas de barrio y locales chicos sólo se permite el ingreso de uno a lo sumo dos clientes.

Oscar Ustari atiende su verdulería en el Ñireco desde hace ocho años y tiene una clientela estable, que se adaptó como pudo a la nueva exigencia. Los días de lluvia se les hacía complicada la espera a la intemperie. “En el local solo pueden entrar dos personas -dijo Ustari-. Entonces se me ocurrió poner un techo para los que hacen cola. Me costó más o menos 80 mil pesos. La gente lo valora y lo agradece, estamos trabajando muy bien”.

En Casa Palm (Brown 404), uno de los corralones tradicionales de la ciudad, también suelen juntarse compradores en la puerta, con esperas de hasta una hora. Su titular, Mariano Giménez, dijo que se plantearon desde el primer momento “cómo causarle la menor molestia posible a la gente” y todos los días el personal arranca la mañana preparando varios litros de chocolate y de mate cocido, que luego distribuyen en la vereda a quienes aguardan su turno.

Otra medida fue entregarles un número de orden y aquellos que pueden esperan dentro de sus autos. No hay cartel indicador pero se organizan. Les basta saber a quién tenían adelante. Cuando lo ven entrar se acercan a la puerta porque ya les toca.

Otro comercio que asiste a sus clientes en la vereda es Pizzuti (Elflein al 1.100), una casa de materiales eléctricos que por su superficie permite en el interior entre 4 y 5 clientes. José Merin, empleado de administración, dijo que suelen repartir café para aliviar la espera a los clientes en la vereda y el hábito se instaló desde el comienzo de la cuarentena. “Es un pequeño gesto y lo reciben muy bien”, aseguró.

En los supermercados, en los horarios pico, es donde se juntan los grupos más numerosos de gente. En casi todos los casos hay techos o aleros y si la cola se hace larga, buscan organizarse para armar un “caracol” y que nadie quede sin techo. Un recurso inevitable los días de mal tiempo.


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