“Sobre la construcción del teatro de Sosunc”



Cuando era chico solía preguntarme: ¿por qué la gran mayoría de los artistas nacionales de renombre viene de Buenos Aires y no de la Patagonia? Al vivir en Buenos Aires por un tiempo me di cuenta de que la respuesta era más sencilla de lo que pensaba: simplemente había un contexto, cada cosa tenía su lugar en la ciudad. Con el pasar de los años tuve la oportunidad de visitar y trabajar en una veintena países y me di cuenta de que la misma regla se repetía en todas partes: las ciudades con buenas bibliotecas generan lectores ávidos, las ciudades con espacios para hacer deporte crean buenos deportistas y las ciudades con buenos teatros generan un público inteligente. Y con eso me refiero a un espectador sensible a otro tipo de discursos que un show televisivo o un evento comercial. Y menciono al público más que a los intérpretes justamente porque un teatro no es un espacio exclusivo de actores y bailarines sino uno para el espectador, de la misma manera que una biblioteca no existe para los bibliotecarios sino para quien la visite. Al enterarme hace un tiempo de la iniciativa de Sosunc de construir un teatro en Neuquén y al haber visto luego el interior de la obra en construcción, fue realmente muy motivador notar que un espacio de dimensiones y calidad acústica y arquitectónica sin precedentes en la región daba un contexto para el desarrollo de las artes escénicas en Neuquén. No conozco en detalle las razones por las que la obra tuvo que ser parcialmente detenida o por qué una parte del personal no docente y docente de la Universidad se opuso a su construcción. Estas líneas van justamente dirigidas a quienes tomaron esta decisión, a modo de reflexión y tal vez de referente externo. Como ni una universidad ni una obra social son lugares donde uno tenga la posibilidad espontánea de intercambiar opiniones con creadores escénicos, pensé en escribir esta carta y hacer llegar mi punto de vista, ya que trabajo específicamente en teatros y en proyectos culturales desde hace varios años y conozco muy bien el tipo de impacto social que pueden generar. Si uno se detiene por un segundo a pensar en el significado de las palabras “obra social”, resulta realmente paradójico que algunos de sus afiliados puedan haber votado en contra de realizar una obra para la sociedad en la que están viviendo. Sobre todo por el carácter altamente político de la decisión que han tomado. Quien por la razón que fuere se opone a la apertura de un edificio con fines culturales, no tiene una posición neutra sino una muy definida: justamente la de favorecer la comercialización de la cultura al oponerse directamente al desarrollo de otras alternativas que logren acercar la cultura a los niños, jóvenes y adultos de la región. Es también interpretable que quienes hayan tomado esa decisión lo hicieran sobre todo en favor de sus propios intereses y no por oposición radical al desarrollo cultural de la región, pero también creo que es fácil entender que defender intereses personales en base a bloquear una obra social (en el sentido real de la palabra) es una postura ética muy cuestionable. Un teatro es un espacio donde uno tiene la posibilidad de conocer el potencial de artistas locales, gente de carne y hueso que uno se puede cruzar en las calles de la ciudad, gente con la que uno puede hablar personalmente o dar una devolución luego de ver una obra. Ser, de esa manera, una parte activa del perfil cultural de la ciudad, en vez de desempeñar el rol de espectador relegado a una recepción exclusivamente pasiva, como puede ser ir a ver películas extranjeras dentro de un shopping comiendo maíz inflado y agua con gas y azúcar a precios exorbitantes y pagándole para eso a una multinacional extranjera. Y esto dejando afuera, por supuesto, a todo aquel que no tenga dinero suficiente. Leandro Kees, DNI 27.968.868 Colonia, Alemania

Leandro Kees, DNI 27.968.868 Colonia, Alemania


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