Sobrerrepresentación periférica y reforma política
Recientemente la Cámara Nacional Electoral cuestionó el actual modo de asignar bancas de diputados. Entiende que debe incrementarse su número, sumando un tercio más de diputados al recinto. ¿Tendríamos entonces una cámara baja más “representativa”? Desde ya un Congreso más poblado no significa incrementar la “calidad” de la representación política. Sí fortalece el edificio de la democracia electoral. Sí estaría adecuada al principio de la soberanía popular expresada electoralmente.
Aún así seguirá la representación política seguirá moviéndose en las frágiles fronteras de una aspiración por más y mejor representación y la realidad de la autonomía de sus actores.
Sin embargo, alguna respuesta el sistema política debe darle a los jueces con competencia electoral, que apuntan a que el actual sistema de asignación de asientos legislativos dejó de lado el articulado de la Constitución Nacional y la efectiva aritmética demográfica de los distritos electorales.
La Cámara Electoral procura terminar con una fórmula de sobrerrepresentación periférica con que nació la democracia argentina hace treinta y cinco años.
Efectivamente, revisar la arquitectura electoral impuesta por la última dictadura militar con su ensayo de una reforma política, que incluía recuperar institutos de los constitucionalistas del siglo XIX, entre ellos el colegio electoral, además de un esquema de internas cerradas para elegir candidatos y la cuestionada fórmula destinada al reparto de bancas para conformar la cámara baja.
En aquel momento la mayor parte de la dirigencia política legitimó un esquema que estaba basado en la desproporcionalidad.
Fue así que se aceptó un mínimo de cinco diputados para cada distrito, favoreciendo a las provincias de menor base poblacional. Los cuatro distritos de la Patagonia, más La Pampa, las provincias de Cuyo, a excepción de Mendoza, y otros distritos del norte consolidaron ese tipo de sobrerrepresentación periférica.
Cuando una década más tarde el tema volvió a la escena no hubo otra reforma que la elección directa del presidente y su reelección junto a los cambios en la conformación de la cámara alta.
Aun cuando la letra de la Constitución Nacional reformada estableció el criterio de asignación de bancas a diputados que hoy rescata la resolución de la Cámara Nacional Electoral.
Desde 2001, cuando se vencieron los últimos mandatos largos de senadores, se sumó la elección directa de los mismos.
Es sabido que ello fue fruto de un acuerdo entre el peronismo y el radicalismo para mejorar la representación de estos segundos, al estimar que con ello equilibraban las claras ventajas que los primeros venían mostrando con el control de más de una docena de provincias.
Lo cierto es que la misma composición igualitaria de senadores consolidaba ese esquema de sobrerrepresentación de la periferia provincial.
Una ingeniería que debía ser compensada por la elección directa del presidente, ya que en esa elección la ventaja corre a favor de los distritos más densamente poblados.
Un debate ineludible
La resolución de la justicia electoral del país genera una discusión difícil de soslayar.
Se impone una reforma del Poder Legislativo. La cuestión de si es oportuno o no realizar un cambio, es parte de la discusión.
Lo que no cabe duda es que lo resuelto por los jueces a partir de una demanda de un particular carece de inocencia, tanto por el criterio de oportunidad como por el contenido.
Siempre ocurre con cualquier iniciativa que apunta actualizar una parte de eso que se llama reforma política, ya toda nueva aritmética tendrá su efecto sobre la calidad institucional.
Porque de acuerdo a los resultados, siempre alguien obtendrá una diferencia a su favor. No cabe duda que el impacto de esta discusión puede relanzar una discusión más amplia y sumar ventajas ajustadas al perfil político del actual gobierno.
A partir de atender un cambio demorado, estamos en la frontera de una discusión no muy distinta a la ensayada en otros capítulos de nuestra historia política reciente.
Sobre todo, en momento de crisis de liderazgo y de un proyecto que se propuso mejorar la calidad de la representación ofreciendo a la ciudadanía oportunidades de gobierno a una nueva elite empresaria y política.
El problema se presenta con el sentido de la política que ofrece esa elite cuando busca restarle densidad a la misma.
Y la Argentina cuenta por primera vez con una elite de gobierno dispuesta a hacer cumplir el ideal de una política reducida a simples criterios administrativos.
(*) Profesor de Historia y Derecho Político, UNC
El fallo de la Cámara Nacional Electoral que cuestionó el actual modo de asignar bancas de diputados haría rever el “piso mínimo” para las provincias con menos población.
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- El fallo de la Cámara Nacional Electoral que cuestionó el actual modo de asignar bancas de diputados haría rever el “piso mínimo” para las provincias con menos población.