Cuando viajar hace ruido: por qué los ronquidos aparecen o empeoran en vacaciones
“Los viajes reúnen varios factores queinflaman o resecan las vías respiratorias y favorecen el ronquido, incluso en personas que nunca habían tenido ese síntoma”, advierten especialistas.
Viajar es sinónimo de descanso, pero para muchas personas las vacaciones traen noches fragmentadas, quejas de la pareja y un cansancio que se acumula día tras día. En ese escenario, los ronquidos aparecen o aumentan y dejan de ser una molestia menor para convertirse en un problema de convivencia y salud.
Quiénes son más propensos a roncar cuando viajan
Según explica Ana Cofré (MN 117124 / MPRN 8815), médica especialista en Otorrinolaringología, quien dirige un centro médico en la Roca, no se trata de una casualidad.“El viaje actúa muchas veces como un factor desencadenante sobre una vía aérea superior que ya es vulnerable, aunque la persona no ronque habitualmente”, señala.
El vuelo, el cambio de clima, el alcohol, los horarios irregulares y la alteración del ritmo de sueño se combinan y exponen un problema que, en la rutina diaria, puede pasar desapercibido. “Los viajes reúnen varios factores que inflaman o resecan las vías respiratorias y favorecen el ronquido, incluso en personas que nunca habían tenido ese síntoma”, advierte.
Existen perfiles con mayor predisposición. Cofré enumera algunos: personas con sobrepeso leve, rinitis alérgica, alteraciones anatómicas nasales (desviación del tabique, hipertrofia de cornetes, amígdalas o adenoides), antecedentes respiratorios, consumo ocasional de alcohol o sedantes y adultos de mayor edad, donde hay mayor laxitud de los tejidos. “En estos casos, el ronquido puede aparecer por primera vez durante un viaje”, explica.
El entorno también juega su parte. Pasar de un clima húmedo a uno seco, dormir con aire acondicionado o cambiar de altura modifica la forma de respirar durante el sueño. “Los ambientes secos resecan la mucosa nasal y faríngea y aumentan la resistencia al paso del aire. Dormir en altura, además, reduce la presión de oxígeno, lo que favorece una respiración más inestable”, detalla la especialista. A eso se suman factores más simples, pero no menores: otra cama, otra almohada y nuevas posturas al dormir.
Ronquidos: alcohol, jet lag y problemas en la pareja
Durante las vacaciones, muchas rutinas se relajan. Se cena más tarde, se duerme menos y el consumo de alcohol suele aumentar. “El alcohol relaja en exceso los músculos de la garganta y favorece el colapso parcial de la vía aérea durante la noche”, explica Cofré.
El jet lag también incide. Alterar el ritmo circadiano no solo impacta en el descanso, sino en las fases del sueño. “Dormir mal hace que pasemos más tiempo en etapas profundas, donde los ronquidos suelen ser más intensos”, agrega.
Durante el año, muchas parejas logran amortiguar el problema con horarios laborales distintos o descansos fragmentados. En vacaciones, la convivencia continua deja al descubierto lo que antes se diluía. “El ronquido no solo afecta a quien lo padece: genera irritabilidad, discusiones y desgaste emocional”, afirma Cofré.
No es casual que, después del verano, aumenten las consultas. “Muchas veces quien consulta no es el que ronca, sino su compañero o compañera de viaje, que es quien detecta las pausas respiratorias”, explica. En algunos casos, un viaje termina siendo el punto de partida para el diagnóstico de una apnea del sueño.
Tiras nasales, sprays de solución salina, humidificadores portátiles: ¿funcionan? “Sí, pero con un alcance limitado”, aclara la especialista. Pueden ser útiles como medidas complementarias en ronquidos leves y transitorios. Las tiras ayudan cuando hay obstrucción nasal leve, los sprays mejoran la hidratación y los humidificadores alivian la sequedad ambiental.
“Sin embargo, ninguno de estos dispositivos resuelve ronquidos por colapso faríngeo ni trata la apnea del sueño, ni corrige problemas anatómicos severos como desviaciones importantes del tabique o pólipos nasales”, advierte. En esos casos, el alivio suele ser parcial o inexistente.
Más allá de los ronquidos
Aunque suele naturalizarse, el ronquido persistente no debe minimizarse. “Cuando es intenso, ocurre todas las noches o se acompaña de pausas respiratorias, somnolencia diurna, cansancio extremo, cefaleas matinales o sueño no reparador, es una señal de alarma”, explica Cofré.
Incluso si el síntoma mejora al volver del viaje, esos signos justifican una evaluación médica. “El viaje muchas veces solo revela un trastorno respiratorio del sueño previo no diagnosticado, como la apnea obstructiva”, señala.
El verano y los viajes también traen un aumento de otras consultas otorrinolaringológicas. Otitis externas, oídos tapados por tapones de cerumen tras meterse al agua, rinitis alérgica o irritativa, sinusitis asociadas a vuelos, barotraumas, disfonías por abuso vocal y aire acondicionado, y sangrados nasales por sequedad ambiental son algunos de los cuadros más frecuentes.
Dormir bien también es parte del descanso. Y entender por qué el cuerpo reacciona distinto cuando viajamos puede ser el primer paso para que las vacaciones no terminen con ojeras… ni discusiones.
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