De criar chanchos a egresar como ingeniera agrimensora en Zapala

Egresaron los primeros cinco ingenieros en agrimensura, una carrera que no existía en la Patagonia. Historias de esfuerzo y dedicación en la universidad pública para tener una vida mejor.

La carrera ya tiene sus cinco primeros egresados en Zapala. Foto: gentileza

Laura Callio nació en Ramón Castro, un pequeño paraje neuquino ubicado a 30 kilómetros de Zapala. Esta mujer de 34 años, que criaba chanchos y lechones, acaba de recibirse como ingeniera agrimensora en el Centro Regional Universitario de Zapala (Creuza), de la Universidad Nacional del Comahue. Fue la primera egresada de esa primera camada.

“Orgullosamente, soy hija de una ama de casa y un empleado ferroviario, hoy jubilado. Vivíamos en una casilla de madera que nos había brindado el ferrocarril por el trabajo de mi padre. Mi mamá terminó séptimo grado y mi papá, cuarto. Gracias a su decisión de venirse al pueblo y buscar un futuro mejor para sus hijos, hoy estoy acá contando esta historia”, comentó Laura a diario RÍO NEGRO.

Laura Callio, de criar chanchos y lechones a ser la primera ingeniera agrimensora egresada en la Patagonia. Foto: gentileza

Se definió como “primera hija universitaria”, lo que consideró algo “impensado” ya que se crió bajo la cultura del trabajo en la que “la universidad no estaba ni en la lista de deseos ni de prioridades”.

En Zapala, Laura trabajó como niñera y luego, en un comercio. “Me anoté en la universidad con la convicción de que sería el trampolín para tener una vida mejor y no vivir con lo justo. Y así fue”, comentó.

Accedió a una beca para estudiar los tres primeros años hasta que finalmente se recibió de técnica topógrafa en 2022. Desde entonces, consiguió trabajos en Rincón de los Sauces, Cutral Co y Añelo, con oportunidades «cada vez mejores, buenos sueldos y más responsabilidades».

Laura Callio, la primera y única mujer entre los cinco flamantes egresados. Foto: gentileza

La segunda etapa de la carrera en Zapala

Cinco estudiantes egresaron como ingenieros agrimensores en Zapala. Son los primeros alumnos recibidos en Patagonia. Esta camada inició la carrera de técnico universitario en Topografía en 2014 y concluyó cuatro años más tarde. Pero estos jóvenes intrépidos pidieron continuar la carrera y la decana del Creuza, Graciela Bianchini, tomó nota de la demanda.

«Los topógrafos son técnicos, es una carrera de pregrado. En 2019 estos chicos manifestaron su deseo de ser ingenieros agrimensores. De modo que la carrera se gestó a pedido y con ayuda de los propios interesados«, puntualizó Bianchini.

Graciela Bianchini le puso garra y corazón al proyecto que hoy ya da sus primeros frutos. Foto: gentileza

Especificó que «la agrimensura está constituida por dos grandes temas: la topografía, el relevamiento de la superficie y la representación gráfica. Y una segunda parte, la geodesia, la ubicación en el planeta un territorio. Si sos topógrafo, relevás el relieve del cerro Catedral, si sos ingeniero agrimensor, hacés la ubicación de esa superficie relativa en el espacio».

¿Por qué esta geóloga que vive en San Martín de los Andes y recorre 560 kilómetros para dictar clases en Creuza tomó el pedido de los chicos? «Vengo de una familia pobre y si algo cambió la historia de mi vida fue estudiar en la universidad. Por eso, tomé ese pedido de los pibes, hablé con el consejo directivo y todos estuvimos de acuerdo en largarnos a la aventura de crear una carrera que no existía en la Patagonia», remarcó esta profesora que lleva 35 años en la UNCO.

La carrera dura cinco años. Hasta ahora no se dictaba en Patagonia. Foto: gentileza

Así comenzaba un camino largo. Bianchini se cargó al hombro el proyecto con la mirada puesta en que la carrera cumpliera con todos los requisitos de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau). A su vez, pidió ayuda a los mismos estudiantes para la fundamentación. «Una de las cosas que pidió la Coneau fue convenios de cooperación con empresas y estados y, uno de los chicos -Leonel Albornoz- consiguió nueve en una semana. Este chico, antes, vendía boletos en el Conurbano«, recalcó.

Bianchini aseguró que «las ingenierías y otras carreras, como medicina de las que dependen la vida de las personas, están bajo el artículo 43 de la Ley de Educación Universitaria. Se pueden dictar si se aprueba un examen terrible por parte de la Coneau».

Graciela Bianchini le puso garra y corazón al proyecto que hoy ya da sus primeros frutos. Foto: gentileza

Recién a fines del 2023, la Coneau autorizó la carrera en Zapala. Si bien tiene una duración de cinco años, se tomó en cuenta los tres primeros de la tecnicatura en Topografía. «Ya de entrada, dictamos esos tres primeros años con un nivel de ingeniería, de máxima excelencia. Por eso, la Coneau aprobó que estos chicos ingresaran directamente al cuarto año. Arrancamos el año pasado, acaban de egresar cinco y hay otros 15 que llegarán entre febrero y abril«, destacó con la voz entrecortada por las lágrimas, sin poder ocultar su orgullo.

Laura fue la primera y única mujer en recibirse. Pero a su vez, Graciela destacó la historia de Leonel que vive en Andacollo, al norte de Neuquén, y durante estos años, recorrió 300 kilómetros para estudiar en Zapala. En la mitad de la primera carrera, murió su madre y abandonó los estudios. «Fui a buscarlo y le dije que el sueño de su mamá era que tuviera el título universitario. ‘No la podemos dejar sin cumplir ese sueño’, le dije y me lo traje. Terminó y ahora que concluyó ingeniería, me abrazó y me dedicó su título», contó entre llantos.

Graciela Bianchini le puso garra y corazón al proyecto que hoy ya da sus primeros frutos. Foto: gentileza

Juan Guller, otro de los egresados, vive en Neuquén, a unos 170 kilómetros de la sede universitaria. «También iba y venía todo el tiempo, con mucho sacrificio», detalló. En tanto, Mauro Florentín fue padre en medio de la carrera. Y otro egresado, Javier Maydana es un misionero desembarcó en la zona en busca de trabajo.

Todos ya están trabajando como topógrafos. A partir de ahora, podrán hacer mensuras y trabajar en las direcciones de Catastro provincial: «Los agrimensores son los primeros y los últimos que se van de cualquier gran obra -sea vial o de petróleo-. Certifican el plano final de la obra».

En este camino, Bianchini valoró la ayuda de Jorge Villanueva, un agrimensor de Zapala que también colaboró para instalar la carrera en la zona: «Podría haber tenido una posición egoísta por la competencia que esto le representaría, pero nos ayudó, nos abrió las puertas de la Federación Argentina de Agrimensura y la Cámara de Neuquén. El Colegio de Agrimensores de Neuquén creó una beca para ayudar a los estudiantes del Creuza. Fue una cosa de locos esa sinergia que se generó».

La carrera dura cinco años. Hasta ahora no se dictaba en Patagonia. Foto: gentileza

Bianchini dijo sentirse emocionada: » una gran emoción. «Me plegué al sueño de los pibes y me dije: ‘¿por qué siendo una nenita pobre pude estudiar Geología, y ellos no?’. Yo siendo de Buenos Aires, estudié en UBA. Estaba a mano. Para estos chicos no era igual. Pero la universidad pública nos puede cambiar la vida a las personas».


El reencuentro desde «la vereda de enfrente»

En 2024, Laura recibió la mejor noticia: Bianchini les comentó que la Coneau había aprobado la carrera de Ingeniería en Agrimensura en Zapala. «Como topógrafos nos surgía mucho trabajo, pero no tiene competencias como tiene un agrimensor en cuanto a lo legal. Fue una alegría inmensa reencontrarnos con mis compañeros topógrafos ya desde otra vereda. Casados con hijos y con trabajos«, reconoció Laura.

Hoy trabaja como ingeniera agrimensora y también en la universidad. «Siempre digo que la universidad no es para los inteligentes sino para los persistentes. Aquellos que tienen ganas de superarse«, recalcó.

«Yo vengo de criar chanchos en el campo -añadió-, de vivir en una casilla de madera. Todo esto es impensado. Todavía no me la creo. Me ha cambiado la vida. Pasé de ser niñera a ser ingeniera agrimensora».


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