De los túneles de Jacobacci a las cavernas de Perú: la pasión de Emer por el mundo subterráneo

Emerson se convirtió en un guardián de los ecosistemas ocultos en las cuevas. Incursionó en la actividad cuando tenía apenas 10 años en la Línea Sur y hoy, se capacita constantemente en espeleología en Cipolletti. Recientemente, convocaron a su grupo para relevar cavernas en la Amazonía peruana para evaluar las condiciones de seguridad e impulsar el turismo.

Por Lorena Roncarolo

Emerson incursionó en la espeleología, sin saberlo, cuando tenía apenas 10 años. Foto: gentileza

Emerson incursionó en la espeleología, sin saberlo, cuando tenía apenas 10 años. Foto: gentileza

Cuando Emer tenía apenas 10 años, solía escaparse con algunos amigos hasta unas cuevas de diatomita, ubicadas a unos 30 minutos de su pueblo natal, Ingeniero Jacobacci. Ingresar y recorrer esos túneles era toda una aventura desde inicio a fin. Les fascinaba todo aquello que brillaba en esa oscuridad, cualquier hallazgo biológico que encontraban y el objetivo era llegar hasta el fondo del túnel en busca de alguna pequeña laguna o arroyito.

«De chicos íbamos a esos túneles mineros. Sucede que hasta los años 80, en Jacobacci usaron ese método de minería para extraer diatomita, uno de los principales recursos de la localidad. Hoy se trabaja de forma más sencilla, pero esos túneles quedaron intactos», explicó Emer, de 33 años. En realidad, su nombre es Javier Adrián Casanova, pero nadie lo conoce de esa forma. Al nacer, sus padres quisieron inscribirlo como Emerson, pero no los autorizaron bajo el argumento de que «era un nombre extranjero». «Me enteré a los siete años que no me llamaba Emer», contó riéndose.

Durante la adolescencia, el desafío fue acceder a cuevas algo más alejadas que les implicaba llegar en vehículos y emplear cuerdas. Hasta ese momento, desconocía que esa gran pasión -que se extendería a su adultez- tenía nombre: espeleología, la disciplina que estudia y documenta las cavernas y cuevas.

Emerson incursionó en la espeleología, sin saberlo, cuando tenía apenas 10 años. Foto: gentileza

Paralelamente, Emerson incursionó en montañismo. Primero en cerros cercanos como Anecón Grande, de 2040 metros de altura, el cerro de la Cruz, siguieron los refugios tradicionales de Bariloche y, el Lanín, Tromen y Domuyo.

Tres años atrás, se radicó en Cipolletti donde trabaja como operador en el área de Salud Mental del hospital. Al igual que en Jacobacci, se sumó a los Bomberos Voluntarios. «Ya no tenía las cavernas de mi pueblo y me pregunté qué podría hacer en Cipolletti. Buscando alguna alternativa en montañismo y escalada, me topé en las redes con el Grupo Azul Espeleológico y de Montañismo del Neuquén (GAEMN)», comentó. Se trata del club más grande abocado a la espeleología a nivel nacional. Tiene más de 400 socios activos y contempla cuatro subcomisiones: no solo espeleología sino montañismo, escalada y actividades recreativas.

Emerson incursionó en la espeleología, sin saberlo, cuando tenía apenas 10 años. Foto: gentileza

Al leer un informe sobre topografía, biología y geología tras la campaña a una caverna, Emerson le acercó a la presidenta del club varios videos que mostraban su experiencia en los túneles de Jacobacci. «Hasta ahí, yo simplemente conocía las técnicas de ascenso, descenso y de seguridad, por mi formación en bomberos. Pero no conocía los nombres técnicos, las diferencias entre caverna y cuevas. Fui aprendiendo de a poco», detalló.

Así descubrió sobre diversos tipos de cavernas (volcánicas y kársticas) y distintos tipos de espeleología: espeleoturismo (no hay en Argentina), espeleodeportiva técnica (con fines recreativos ya que el desafío solo es ingresar), espeleocientífico y aquella que aborda cuestiones de seguridad y rescates. «Hoy estoy en la parte de seguridad vinculada a los estudios de cuestiones geológicas, topográficas, biológicas, arqueológicas», expresó.

Emerson recalcó la riqueza de los ecosistemas de las cavernas que son «sumamente frágiles». Foto: gentileza

Cada vez que se arman expediciones a cavernas para estudiarlas, los 20 integrantes suelen dividirse en grupos. «Si es una caverna nueva a la que nunca se ingresó, se hace un estudio rápido de la biología, un relevamiento topográfico para tener mapas y así evaluar la seguridad del lugar», detalló. Así el grupo de seguridad hace un primer ingreso para evaluar si es segura, si es estable, para determinar cuántas personas pueden entrar y qué nivel técnico de dificultad requiere. «Hay cavernas a las que entramos caminando; en otras hay que ingresar con técnicas de ascenso y progresión vertical y a veces, se necesita entrar cuerpo a tierra porque el lugar es confinado. Es el grupo de seguridad quien lo define», puntualizó.

Emer no lleva la cuenta respecto a cuántas cavernas ha ingresado hasta ahora. «La primera campaña fue a una caverna volcánica en Río Chico, le siguió la caverna del León, cerca de Las Lajas, que tiene un lago adentro», comentó al tiempo que aclaró que por la ley de Neuquén, no pueden brindar la ubicación de las cavernas. El ingreso está prohibido ya que se trata de patrimonio cultural.

¿Cómo obtienen la autorización entonces? Emerson señaló que lo logran a través de proyectos de estudios científicos. El compromiso es transferir esa información a la Dirección de Patrimonio Cultural de Neuquén. En Río Negro, en cambio, el ingreso a las cavernas no está regulado.

Emerson recalcó la riqueza de los ecosistemas de las cavernas que son «sumamente frágiles». Foto: gentileza

«Hemos encontrado algunas cavernas de Río Negro pintadas, rayadas, con basura. Estos ecosistemas son únicos en el mundo porque esos seres vivos se van adaptando a vivir en la oscuridad. Sin embargo, son ecosistemas frágiles que requieren conservación. En Tromen, al norte de Neuquén, por ejemplo, se encontró una especie única en el mundo: un milpiés», argumentó.

El dato

96
personas integran la subcomisión de Espeleología del club de Cipolletti.

Ecosistemas frágiles

Neuquén registra un relevamiento de más de 300 cavernas, aunque faltan muchas más. «El humano habitaba esos espacios en Sudamérica. Lo llamativo es que cuando entrás a las cavernas está todo muy conservado. En una habían tiraron un zorro muerto y en diez años, la descomposición era muy lenta. Sucede que la temperatura es siempre la misma -no varía- y el flujo de aire es reducido», justificó.

La espeleología demanda una formación constante a través de cursos de RCP, primeros auxilios, técnicas de progresión y descenso vertical, cuidados emocionales, control de estrés, cocina saludable y hasta de comunicación. Por otro lado, biólogos, arqueólogos y geólogos también dictan capacitaciones. «Nos están formando para saber cómo actuar cuando encontramos pinturas, restos fósiles, cómo debemos fotografiarlos», expresó.

Emerson recalcó la riqueza de los ecosistemas de las cavernas que son «sumamente frágiles». Foto: gentileza

Recientemente, el grupo de Espeleología del club de Cipolletti fue convocado para relevar cavernas en la zona de la Amazonía peruana durante una semana. «Una de las geólogas estuvo haciendo turismo en Perú y vio varias cavernas. Un político de ese país le propuso hacer exploraciones en algunas cavernas para ver si eran seguras y a futuro, trabajarlas turísticamente. Nos organizamos y fuimos. Fue hermoso. Íbamos por el medio del Amazonas con locales que iban con machetes abriendo el camino hasta llegar a las bocas de las cavernas», señaló.

Tras una primera evaluación para determinar si era seguro ingresar a los túneles, se registraban restos arqueológicos, biológicos y geológicos. También hubo una devolución de las cavernas a través de fotografías. «Son completamente distintas a las cavernas de esta zona. El clima es distinto: allá hay mucha riqueza cavernaria con ríos y arroyos adentro. Los dueños son los murciélagos», aseguró.

Emerson recalcó la riqueza de los ecosistemas de las cavernas que son «sumamente frágiles». Foto: gentileza

Una actividad de riesgo

¿Cómo combina su actividad en el hospital con los viajes a las cavernas? La espeleología es, para Emerson, un cable a tierra.
«Nuestra filosofía de vida es cuidar las montañas, las cavernas y conservar el ambiente tal como es. Es una actividad de riesgo, sin fines de lucro», respondió.

Por eso, cuando el grupo que integra determina que un sitio no es seguro, simplemente no se ingresa. «Ante una mínima situación de peligro, la campaña se cancela. Al ser una actividad de riesgo, somos muy cuidadosos. En Perú cancelamos el relevamiento de una caverna porque tenía muchos pozones con un río interno y había llovido bastante. Había un sistema de cuerdas, pero no teníamos tiempo suficiente para garantizar la seguridad de todos los integrantes», manifestó.

Emerson valoró el trabajo desde el club GAEMN: «El respeto hacia las personas y el ambiente, la formación permanente, el trabajo en equipo, la solidaridad y la seguridad como pilares de cada actividad. Es una institución sin fines. Organizaciones como ésta cumplen un rol social invaluable, ya que no solo forman deportistas responsables, sino también personas comprometidas con la conservación, la educación y el servicio a la sociedad«.

Emerson incursionó en la espeleología, sin saberlo, cuando tenía apenas 10 años. Foto: gentileza



Cuando Emer tenía apenas 10 años, solía escaparse con algunos amigos hasta unas cuevas de diatomita, ubicadas a unos 30 minutos de su pueblo natal, Ingeniero Jacobacci. Ingresar y recorrer esos túneles era toda una aventura desde inicio a fin. Les fascinaba todo aquello que brillaba en esa oscuridad, cualquier hallazgo biológico que encontraban y el objetivo era llegar hasta el fondo del túnel en busca de alguna pequeña laguna o arroyito.

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