El tráfico ilegal de fauna preocupa a los especialistas y lanzan una guía para detectarlo en aeropuertos
Una guía de la Universidad Maimónides y Fundación Azara detalla las técnicas de contrabando de fauna silvestre y las herramientas para detectar este delito en terminales aeroportuarias.
Miles de animales y plantas son trasladados a través de las fronteras mediante el transporte aéreo y quedan expuestos al comercio ilegal, una actividad que amenaza la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas. Para enfrentar este problema, la Universidad Maimónides y la Fundación Azara publicaron la Guía para la detección de tráfico ilegal de vida silvestre en terminales aeroportuarias, un manual que reúne métodos de ocultamiento, modalidades de fraude y herramientas para fortalecer los controles.
El trabajo fue elaborado por Aníbal Onetto y Hernán Ibáñez. Onetto integró la Policía Aeronáutica Nacional y se desempeñó como oficial CITES, mientras que Ibáñez trabajó como inspector en la Dirección Nacional de Fauna y Flora Silvestre. La publicación aborda desde las maniobras para falsificar documentación hasta el uso de tecnologías de inspección y el papel del personal aeroportuario en la detección de estos delitos.
El tráfico de especies silvestres se encuentra entre las actividades ilícitas que generan importantes ganancias a escala mundial. Aunque su magnitud exacta es difícil de establecer, se estima que mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros por año. La demanda de los consumidores es uno de los factores que impulsa este comercio, que afecta tanto a los ejemplares capturados como a la biodiversidad y a las comunidades que dependen de los recursos naturales.
Las terminales aeroportuarias constituyen puntos críticos para el tráfico ilegal de fauna. La necesidad de trasladar rápidamente a los animales vivos, el volumen de pasajeros y paquetes y las dificultades para identificar determinadas especies representan algunos de los principales desafíos para los organismos de control.
“Cuando hablamos de tráfico ilegal de fauna silvestre, debemos separarlo en animales vivos, productos y subproductos”, explicó Ibáñez. La distinción es importante porque las modalidades de traslado y las condiciones de conservación varían según lo que se transporta. Por ejemplo, los animales vivos suelen necesitar un traslado rápido para aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Entre los métodos de ocultamiento, la guía describe el uso de prendas de vestir modificadas, bolsillos internos y chalecos adaptados para transportar huevos de especies silvestres. También se utilizan medias de nylon, envases plásticos y recipientes sujetos al cuerpo. En el equipaje de mano, los ejemplares pueden esconderse en botellas, tubos, cajas o dentro de objetos cotidianos, como libros, juguetes, calzado y aparatos electrónicos. Las maletas, mochilas y carteras también pueden ser modificadas para incorporar dobles fondos.
Los productos y subproductos de fauna silvestre, por su parte, pueden disimularse entre artesanías, cerámicas, recuerdos de viaje y otras mercancías. En las cargas comerciales, las organizaciones criminales pueden aprovechar embarques autorizados para introducir especies prohibidas, alterar cantidades o reemplazar ejemplares declarados por otros de mayor valor comercial.
La guía advierte que las redes criminales también recurren al uso fraudulento de documentos para aparentar que un traslado es legal. Los permisos de exportación, las guías aéreas y los documentos vinculados con la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) pueden ser falsificados o adulterados.
En otros casos, la documentación es auténtica, pero existen diferencias entre lo autorizado y lo que efectivamente se transporta.
La identificación de los ejemplares es uno de los principales obstáculos para detectar estas operaciones. Algunas especies presentan similitudes morfológicas, especialmente durante las primeras etapas de desarrollo, y la falta de personal especializado puede dificultar su reconocimiento. Por eso, la verificación documental debe complementarse con inspecciones físicas y herramientas tecnológicas.
Entre los recursos utilizados en los aeropuertos se encuentran los equipos de rayos X, que permiten observar el contenido de maletas y contenedores sin abrirlos. Los escáneres de doble vista producen imágenes desde diferentes ángulos y ofrecen más detalles sobre la densidad y la forma de los objetos.
A esta tecnología se suma el trabajo de los equipos cinotécnicos, integrados por perros entrenados y sus guías. Su capacidad olfativa permite detectar animales, productos y subproductos de fauna silvestre.
La eficacia de los controles, sin embargo, no depende de una sola herramienta. El documento remarca la importancia de la capacitación específica y continua del personal, además de la coordinación con las autoridades competentes para intervenir cuando se detecta un posible caso de tráfico ilegal.
La publicación también detalla cómo actuar ante una anomalía detectada en pasajeros, equipajes, encomiendas postales o cargas comerciales.
Para mejorar la prevención, los autores proponen implementar un registro parametrizado de los controles realizados. Esto implica organizar la información mediante variables fijas, como el tipo de traslado, la documentación presentada, la empresa aérea o de carga, el origen y el destino.
La sistematización de esos datos puede ayudar a identificar patrones, orientar futuras inspecciones y mejorar la coordinación entre los organismos involucrados.
La prevención también depende de las decisiones de los consumidores. Antes de adquirir un animal silvestre o productos derivados de la fauna, es importante consultar a las autoridades para verificar su origen y la documentación correspondiente.
Reducir la demanda de ejemplares y productos obtenidos ilegalmente es una de las medidas necesarias para combatir un negocio que amenaza a numerosas especies y a los ecosistemas de los que forman parte.
Comentarios