Las tejedoras de matras de Valcheta, las manos que perpetúan tradiciones milenarias

Todos los años, en Valcheta, se realiza la Fiesta Nacional de la Matra y las Artesanías. Este año, será del 20 al 23. La localidad tiene la particularidad de ser la zona de residencia de las tejedoras. El escritor, que vive en esa ciudad, celebra esa labor y comparte un soneto.

Las tejedoras de matras de Valcheta cada día con el trabajo de sus manos van perpetuando tradiciones milenarias, preservando para las futuras generaciones la cultura ancestral de sus mayores y rescatando en sus labores la cosmovisión y la idiosincrasia de los pueblos pre-existentes de la Patagonia.


Cada día la magia de sus tejidos se despierta en el telar mapuche para dar colorido y expresión a todo un universo de saberes empíricos que se fueron transmitiendo de generación en generación. Porque así es la vida del pueblo mapuche, conservando de madres a hijas, de los antiguos a los más jóvenes, toda la riqueza invalorable que viene desde el fondo de su historia.


Las tejedoras de matras asentadas a la vera del curso del arroyo Valcheta, en los parajes aledaños o en las alturas de la meseta de Somuncurá, son una parte muy importante de las tradiciones locales y su arte es el que se ha transmitido con mayor fidelidad.


Conocedoras de los secretos del tejido en el telar vertical, cada pieza que sale de sus manos lleva consigo el valor agregado que las hace inconfundibles por la belleza y la perfección de sus labores y en las formas de sus guardas llevan la impronta del linaje de cada artesana. El hilado de la lana blanca del vellón discurre en sus manos como la propia historia de su pueblo.


Las tejedoras de matras saben crear guardas y figuras de memoria, cuyo “croquis” tienen en la “cabeza”, rescatando vivencias de un pasado glorioso. En ellas están las huellas del avestruz, las puntas de flechas, el laberinto que conduce a los difuntos al otro mundo, el hilo que las une a una cultura cuyas claves se han perdido y que es necesario rescatar.


El trenzado en el telar es la muestra de su propia historia que combina con tradición y acerbo, porque cada pieza tiene una marca de origen, una huella en su hechura que nos habla de su propia estirpe de abolengo patagónico portando un sello distintivo que las hacen únicas y codiciadas.


Tejer para ellas es conservar la cultura de todo un pueblo. Mostrar con orgullo a los visitantes una forma de vida para decir: aquí estamos.
Las tejedoras de matras de Valcheta saben dar forma y colorido a la materia prima para crear una artesanía de alta calidad y de reconocido prestigio, que las ha hecho acreedoras a premios nacionales e internacionales. Matras, caminitos, ponchos, tapices, bolsos, vinchas. Mil formas de combinar los colores, de poner el acento en el formato de las guardas, de representar en ellas las vicisitudes de su pueblo, pero también sus alegrías.

Elvira dice que «no saber es feo» porque no pudo ir a la escuela, pero se llena de orgullo cuando la paran en Valcheta y le dicen: «te vimos en la tele, cuando hablaste en la Fiesta de Matra». (Foto: Juan Thomes)


Las tejedoras de matras de Valcheta saben mucho de habilidades, de trabajar en el silencio de sus talleres, de crear piezas únicas –porque jamás se repiten- salidas únicamente de su imaginario mental. Saben colocar en cada pieza parte de su vida misma, su impronta personal, su admirable paciencia “que viene de lejos”.


Sus trabajos son creados en base a un proceso minucioso que comienza con el lavado de la lana obtenida en la esquila, la que después que está limpia se deja estilar en una superficie plana para que se seque al sol o cerca del calor de la cocina o fogón. Mediante la técnica del escarmenado se separan a mano cuidadosamente las fibras sin que se corten hasta que adquieran una textura suave, para luego con el huso girando en torno a la tortera se van produciendo los hilos del grosor elegido conforme a la pieza que se piensa elaborar. Luego cuando está hecha la madeja se lava nuevamente con jabón y ya está preparada para el teñido. Éste se logra hirviendo las tinturas en agua hasta que desprenden el color al que se agrega la lana enmadejada, la que también contiene una substancia que fija el color, que puede ser sal, vinagre, piedra lumbre o sulfato de cobre. Por último cuando la lana teñida está seca la artesana iniciará el tejido urdiendo la lana en el witral o telar y “gracias a su particular experiencia, entrelaza las hebras y da origen a un producto único y de reconocida calidad”.


Estas tejedoras son como un nombre propio que tiene la ciudad de Valcheta. Para ellas y su arte milenario fue creada ya hace 30 años la Fiesta Nacional de la Matra y de las Artesanías. Para homenajearlas. Para decirles gracias. Para engalanarlas. Porque han sumado su propia idiosincrasia a la cultura general de los valcheteros y porque todos los habitantes se sienten de alguna forma identificados y representados por ellas.


Doña Sofía Huinca (el centro artesanal lleva su nombre) será siempre recordada como una de las artesanas mas emblemáticas del pueblo. Para ella, y en ella para todas las tejedoras, escribí mi soneto “La tejedora”: Van del huso al telar como palomas/ las manos de Sofía. Pone colores/ en las guardas o si no monocromas/ se vestirán sus matras de labores. Contenta se permite algunas bromas/ porque en su mente están los borradores/ de sus trabajos. Hay muchos diplomas/ y en sus tejidos –dice- milamores. Plasmará con el aire de la aurora/ alguna pieza rica de matices/ sabia der husos, telares y tejidos. Doña Sofía, artesana tejedora,/ por algún caminito de tapices/ soñará con colores y tejidos.


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