Los vuelos low cost hunden el transporte terrestre

Caen las ventas de pasajes en ómnibus, que no pueden competir con las promociones de las aeronáuticas, cuyo comportamiento fue denunciado como “dumping” por los empresarios de los colectivos. El futuro será una integración multimodal.

12 ago 2018 - 00:00

La expansión que registra el transporte aéreo con la desregulación de tarifas y la salida a la cancha de las líneas low cost puso a las empresas de colectivos al borde del colapso.

Ante la evidencia de que los números no cierran, la reconversión de los grandes grupos del autotransporte comenzó hace ya varios meses y los expertos aseguran que se acentuará a futuro, al ritmo de la guerra de ofertas en los pasajes en avión, que llegan a costar un tercio de las tarifas en colectivo para el mismo tramo.

Aerolíneas Argentinas, por ejemplo, lanzó ofertas a varios destinos del país por 499 pesos. Latam comenzó a difundir promociones parecidas y Fly Bondi continúa con sus tarifas de bajo costo, que se presentan como las más bajas del mercado.

Los primeros síntomas de esa ofensiva en los colectivos de larga distancia comenzaron a notarse el último verano, con la desaparición de los refuerzos, que eran moneda habitual en la alta temporada.

El segundo jefe de la Terminal de Bariloche, Jorge Díaz, dijo que “comparativamente con años anteriores la cantidad de servicios bajó entre un 20 y un 30%”. Aunque no hay cifras certeras, la cantidad de pasajeros habría caído todavía más. Javier, un maletero con varios años en la Terminal, aseguró que es común ver ingresar micros con apenas 10 butacas ocupadas. Algo impensable en un avión.

Un empleado de boletería de Crucero del Norte admitió que en esa empresa la crisis pegó fuerte y de tres frecuencias diarias que tenían a Buenos Aires “sólo quedó una”.

A pesar de esa implosión, la política tarifaria mantiene sus rigideces, ya que el precio estándar de un pasaje Bariloche/Buenos Aires en coche cama es de 2.410 pesos y en coche cama 1.790. Gestión mediante se puede obtener un descuento de hasta el 20%.

Sólo la firma Vía Bariloche estrenó este año una novedad “estilo low cost”: ofrece las últimas butacas de la hilera, las que nadie quiere, casi a mitad de precio.

Por imposición regulatoria, al menos hasta ahora el autotransporte debe respetar “bandas” tarifarias homologadas y no tiene libertad absoluta para fijar el precio del pasaje según la demanda, como sí ocurre desde hace unos días con las empresas aéreas.

Otra prohibición de la que se quejan las terrestres es que no pueden aplicar los llamados “códigos compartidos”, es decir levantar y unificar servicios cuando no tienen ventas, o pasarse pasajeros para optimizar la ocupación, como sí ocurre con las aerolíneas.

“Dumping”

El directivo de Vía Bariloche y presidente de la Cámara Argentina de Transporte Automotor de Pasajeros (Catap), Néstor Carral, pintó un panorama negro para ese negocio, que tuvo un auge impensado desde los años 80, con flotas enormes e inversiones millonarias.

Denunció que la decisión del gobierno nacional de eliminar el piso de tarifas aéreas no hace más que “robarle pasajeros al micro” y lo calificó como una política de “dumping” (ver aparte).

Según Carral, “ésto ya se vio en la época de LAPA y de Dinar: primero destruyen el autotransporte y después suben los precios”.

En el afán de reducir costos, las empresas de micros bajan frecuencias y eliminan servicios en las rutas menos demandadas. Existe por ejemplo una compañía que durante largo tiempo cubrió el tramo Jujuy/Esquel. Desde hace algunas semanas no lo tiene más. Los pasajeros que arrancan en Jujuy deben bajar en Bariloche y hacer trasbordo, con varias horas de espera.

Una empleada de Vía Bariloche con diez años en la actividad dijo que esa empresa mantiene cinco salidas diarias a Buenos Aires pero admitió que -salvo en alta temporada- la demanda es baja. “Hay coches que salen con la mitad o menos de ocupación, aunque luego sube gente en Neuquén”, señaló.

Esta modalidad tiende a eliminar los viajes de Bariloche a Retiro sin escalas y en 19 horas, en lugar de las 22 que eran la norma. Esa “ventaja” que proponía el colectivo ya no puede competir con el avión, que llega en 2 horas y a una tarifa igual o menor.

Según la trabajadora consultada, el público que se mantiene como cliente fiel de los micros son las personas con discapacidad (por los viajes gratis), los que “le tienen miedo al avión” y los que llegan sobre la hora, con la intención de viajar de inmediato. Sólo en esos casos la comparación de tarifas con el avión es desfavorable.

Los conocedores del tema señalan que en un futuro no lejano las empresas de colectivos se concentrarán en viajes más cortos y que unan localidades sin terminal aérea. Los punto a punto de Buenos Aires con Bariloche, Nueuquén, Córdoba o Mendoza tenderán a desaparecer.

“Hay una guerra de tarifas que va a afectar el empleo”
El titular de Catap, Néstor Carral, aseguró que los precios para viajar en avión son “irreales” y no se podrán sostener en el tiempo.
Dijo, por ejemplo, que “poner en el aire” un avión como los que viajan de Buenos Aires a Bariloche “cuesta entre 6.000 y 8.000 dólares la hora. A 3 horas son 20 mil dólares. Ahora salen con tarifas a 500 pesos, es decir 17 dólares. Si vendés todo el avión recaudás 3.000 dólares. Está claro que no cierra. Si fuera lleno de ida y vuelta, con 160 plazas, tendrían que vender a un mínimo de 50 dólares el boleto sólo para no perder”.
En contraposición, señaló que el transporte terrestre debe lidiar con costos crecientes en salarios, en combustibles y “en el tercer componente que es la reposición de unidades”. Detalló que “un colectivo cero kilómetro cuesta 430 mil dólares.
A su juicio, “la competencia no tiene que ser entre el avión y el ómnibus. Se debería permitir que convivan. Tiene que haber multimodalidad”. Carral fue reacio a dar cifras precisas, pero dijo que en su empresa la venta de pasajes cayó en junio un 20%.
Señaló que para Catap “es indispensable trabajar ya mismo” para encontrar soluciones, entre las que rechazó de entrada la desregulación tarifaria.
“Hoy no hay una política clara para nosotros. No sabemos qué es lo que quieren hacer
–afirmó Carral–. Sin medidas consensuadas, entramos en una situación de riesgo cada vez mayor, que va a afectar el empleo”.
De un modelo a otro, con otra forma de integración

Con mayor o menor énfasis, varias fuentes consultadas reconocieron que el transporte terrestre ya no volverá a ser lo que fue.

El delegado local de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), Juan Pablo Fernández, dijo que con la liberación de precios en los aviones “lo que se prevé es una caída segura en los colectivos, y debería pensarse en alguna medida similar” para ese sector.

Señaló que las empresas de ómnibus en el esquema actual “deben cumplir con todas las rutas” concedidas, aunque bajen la venta. No pueden levantar servicios porque son sancionadas, y eso “agrava la situación”.

Hernán Jaraj, tesorero de la Asociación de Transportistas de Bariloche (Aetap) dijo que la imposibilidad de competir con el avión puso a las empresas de autotransporte contra las cuerdas y que muchas enfrentan fuertes quebrantos. “Es un secreto a voces que concursa Flecha Bus”, afirmó.

Según Jaraj, la irrupción de las low cost significó “un golpe fuerte”. Consideró que a futuro los viajes por ruta serán “de 300 kilómetros” y que la gente “va a considerar un delirio estar 24 horas arriba de un colectivo”. Consideró que una de las consecuencias posibles es que “desaparezcan los colectivos de doble piso”. Propuso, como alternativa, “desregular tarifas, a la manera de Chile, donde un pasaje cuesta 10 mil, pero si quedan asientos, minutos antes de salir se puede conseguir a 5.000. Hay que pensar en el pasajero”.

El concejal Daniel González (Pro) consideró que las tarifas aéreas bajas con poco equipaje y mínimos servicios llegaron para quedarse y “es difícil saber cuál será el límite”.

“Va a repercutir en el transporte terrestre, que deberá concentrarse en tramos más cortos o buscar modelos de integración, para ofrecer transporte aéreo y terrestre en conjunto”. Vía Bariloche ya lo está planeando.

En Neuquén no hay impacto
Durante el primer cuatrimestre del 2018 pasaron unos 686 mil pasajeros por la Terminal de Ómnibus de la ciudad de Neuquén. La cordillera fue el destino preferido , con 119.481 butacas.
El director de la Terminal, David Casabene, expresó que las low cost “aún no se siente significativamente”, en el flujo de gente que pasa por la terminal. “En nuestro caso, Flybondi es la única que nos podría afectar, pero últimamente no está teniendo buen rendimiento. Además los destinos que se cubren vía micro no son los mismos. Solo Buenos Aires es el que nos podría afectar”, indicó.
“Otro destino que nos podría afectar es Chile, pero un boleto en micro hasta Chile arranca de 500 pesos, y en avión no bajan de 3.000”.
“Esto ya se vio en la época de LAPA y de Dinar: primero destruyen el autotransporte y después suben los precios”.
Néstor Carral, presidente de la Cámara de Transporte Automotor de Pasajeros.
El futuro de los viajes en colectivos será la media distancia. El recorrido largo será en avión. La complementación aparece como la alternativa.
A la baja
20%
cayeron las ventas de boletos en Vía Bariloche, según la información que dio la empresa.
Las cancelaciones y los costos extra
Los pasajeros se dejan tentar por las tarifas más accesibles, pero reclaman mejor servicio. Isabel regresaba a Buenos Aires y dijo que el precio del pasaje de las low cost “está muy bien”, pero con la firma Fly Bondi tuvo una “mala experiencia”. En el viaje “de ida” sufrió una cancelación que le robó dos días de vacaciones. “Está bueno que haya más ofertas, pero tiene que estar mejor organizado”, opinó. A Cristian le pareció que el nuevo escenario “es algo excelente” y el servicio “en general es bueno”. Pero un amigo a su lado se lamentó de que le cobraron “600 mangos” por mandar a la bodega una valija que no le permitieron subir a la cabina. Una joven que viajaba por primera vez “debido a una emergencia”, con destino final en Formosa, dijo que había consultado variantes y se decidió a comprar pasaje en Andes por la tarifa.
Jorge se molestó porque le cobraron 200 pesos por presentarse sin el check in.

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