Maíz potencial versus maíz alcanzado: brecha de rendimiento en Río Negro
Las propicias condiciones ambientales del Valle Medio para la agricultura, mi inclinación hacia el riego y mi conocimiento previo de la región no solo me llevaron a desembarcar aquí, desde la zona núcleo. Hoy me motiva conocer el potencial agrícola real del lugar, y cuán lejos estamos de alcanzarlo. Por eso, propuse que se replique en la provincia el Proyecto Brechas, que ya tiene recorrido en otros lugares del país.
Soy uno de los productores agrícola-ganaderos que han desembarcado en Río Negro recientemente. Soy ingeniero agrónomo y manejo 400 hectáreas en la localidad cordobesa de Camilo Aldao, ubicada en la zona núcleo agrícola argentina. En 2024 decidí concretar un viejo anhelo e invertir en tierras bajo riego en la Patagonia. Elegí un campo de 100 hectáreas en Lamarque (Valle Medio del río Negro) atraído por la alta heliofanía del lugar, la disponibilidad de agua (que para mí representa un riesgo menos) y el conocimiento que ya tenía de la región.
Como ya experimentaron otras empresas de la zona, la oferta ambiental del Valle Medio de Río Negro es importante y aporta recursos para lograr altos rendimientos de maíz. Según estas compañías, pueden lograr rendimientos de entre 180 y 200 quintales por hectárea (qq/ha). Así lo refleja el artículo de Jorge Mazzieri para Río Negro Rural del 10 de octubre de 2025. Sin embargo, lograr promedios próximos al potencial no es tarea fácil: el ambiente es solo uno de los pilares del rendimiento.
En el Alto Valle, profesionales nucleados en la Asociación CREA también realizan ensayos comparativos de rendimientos de los distintos maíces disponibles en el mercado. Además del rendimiento en grano/materia seca por hectárea, en ellos se pueden observar características físicas tales como dureza de caña, altura y estabilidad del híbrido, su perfil sanitario, entre otros parámetros que permiten conocer el material y su comportamiento para dicho ambiente. Según datos de la entidad, se alcanzan rendimientos medios de 125 qq/ha, con picos puntuales que superan los 170 qq/ha.
Rindes alcanzados versus rindes potenciales en Río Negro
Hemos participado de un programa a nivel nacional de la firma Pioneer llamado Proyecto Brechas, consistente en una “competencia” por lograr el mejor rinde de maíz con el mejor margen (ver más abajo). Particularmente en la zona del sudeste cordobés, donde estamos trabajando en un campo experimental para el Proyecto Brechas, se ha estimado el rendimiento máximo potencial sin limitante de recursos, pero en secano (sin riego). Según estudios de esta firma, el mismo es de 175 qq/ha y, según datos de la zona, los rindes promedio alcanzables de los productores van de 110 a 120 qq/ha, con variaciones de lotes puntuales menores y máximos de 140 a 150 qq/ha. En suma, estamos 50 qq/ha por debajo del máximo potencial, ya sea por condiciones ambientales, características propias de suelo y, quizás la más incidente, la administración de recursos en el lote (variable económica).
Este año, algo parecido se intenta hacer en los campos del Valle Medio por fuera del Proyecto Brechas, pero aplicando conceptos similares. Estudios arrojaron que la zona posee potencial de rendimientos máximos de 190 qq/ha. Por ello, a nivel personal y particular, el objetivo es lograr rendimientos promedio de 140 qq/ha, con el riego cubriendo las necesidades hídricas del cultivo. Para ello, necesitamos ajustar el manejo agronómico: fecha de siembra, densidad y principalmente la fertilización. Los tres factores constituyen pilares necesarios para lograr los máximos rendimientos, sin dejar de lado la pata económica, que es la rentabilidad del sistema.
Estudios arrojaron que la zona posee potencial de rendimientos máximos de 190 qq/ha. Por ello, a nivel personal y particular, el objetivo es lograr rendimientos promedio de 140 qq/ha.
Hugo Lattanzi, ingeniero agrónomo.
Invité a la firma a realizar o ampliar el Proyecto Brechas a la zona de Río Negro. De concretarse, será necesario obtener datos de estaciones meteorológicas. Seguramente esos datos estén, ya que son muy requeridos para la fruticultura, pero resta conocer si es posible el acceso a los mismos y si son útiles para tener registros más puntuales de la zona en cuestión.
La realidad es que teníamos la campaña encima y los tiempos apremian en Valle Medio, principalmente por la fecha de siembra. Así que veremos si para el próximo año podemos encarar algo en conjunto y seguir experimentando el ambiente para lograr esos rendimientos máximos tan deseados.
De todas maneras, en lo que respecta a la producción en Lamarque, ampliamos la superficie sembrada con maíz, encarando ambientes algo más restrictivos para su desarrollo en cuanto a suelos, por lo que el objetivo es mantener el rinde de la campaña pasada. De lograrlo, sería algo más que positivo.
(*) Ing. Agr. y productor agropecuario.
| ¿Qué es el Proyecto Brechas? |
| Brechas es una iniciativa científica de alcance global, con sede en la Universidad de Nebraska (Estados Unidos), que se dedica a medir la brecha de rendimiento agrícola en distintos países del mundo. Ellos consisten en comparar lo que obtiene hoy un productor promedio con lo que podría lograr ese mismo campo si se explotara cerca de su potencial productivo, según las condiciones de suelo, clima y manejo. El programa trabaja en 75 países y sobre 13 cultivos, y se apoya en modelos de simulación agronómica. En Argentina, Brechas cuenta con dos referentes técnicos: los doctores José Andrade y Juan Pablo Monzón, quienes se encargan de recolectar información local y alimentar los modelos de simulación para estimar los potenciales de rendimiento. Las bases de datos incluyen información de la red CREA, del INTA, encuestas a productores y ensayos regionales. En el país, el mayor foco de trabajo está puesto en maíz, soja y girasol. Los resultados que arrojan estos robustos modelos muestran que las brechas de rendimiento en Argentina son significativas. En maíz, la brecha promedio ronda el 47%, lo que implica que los campos argentinos podrían producir casi la mitad más de lo que producen hoy si se acercaran a su potencial. En soja de primera, la brecha es aún mayor: alcanza el 57%, más amplia que en el maíz. A partir de este marco conceptual, en Argentina Brechas firmó un convenio con Pioneer para dar origen al Proyecto Brechas Pioneer, una iniciativa que busca llevar el análisis de brechas al terreno productivo concreto. El proyecto se desarrolla en ocho zonas agroecológicas del país y su objetivo es medir, para maíz y soja, la diferencia entre el rinde promedio del productor de cada zona y el rinde potencial que podría alcanzarse con un manejo agronómico optimizado. El trabajo se estructura en tres módulos. El primero es el módulo de máximo rendimiento, que define el techo productivo del ambiente a partir de un manejo agronómico ideal: fechas de siembra, densidad, nutrición, control de plagas y enfermedades, todo estrictamente calendarizado. Su objetivo es explorar hasta dónde puede rendir el cultivo. El segundo es el módulo productor o testigo, que refleja el manejo promedio real de cada zona, con las prácticas habituales que utilizan los productores y que determinan el rendimiento actual. El tercer componente es el módulo Brechas, considerado el corazón del proyecto. En este caso, diez asesores referentes de cada zona agroecológica diseñan una estrategia de manejo con un doble objetivo: reducir al máximo la brecha de rendimiento y, al mismo tiempo, lograr un margen bruto superior al del manejo tradicional del productor. Es decir, no se trata solo de producir más, sino de hacerlo de manera rentable. El equipo que logra achicar más la brecha y mejorar la rentabilidad es el ganador del proyecto. “El premio es un viaje a Estados Unidos para conocer de primera mano cómo trabaja la entidad Brechas en la Universidad de Nebraska y, además, visitar las instalaciones de Corteva, donde se encuentra la sede central de Pioneer en Johnston, Iowa”, explicó Anselmo Ávila, ingeniero agrónomo de Pioneer y coordinador del Grupo Brechas Río Cuarto en la edición anterior del Proyecto Brechas. El Proyecto Brechas transita su segunda edición en Argentina. En la primera, la zona de Río Cuarto resultó ganadora, cuya estrategia de manejo fue la que más redujo la brecha de rendimiento frente al potencial y ofreció mayor rentabilidad respecto del manejo promedio del productor. Ávila fue el coordinador de ese equipo y participó del viaje a Estados Unidos, donde pudo conocer el origen del proyecto y su implementación allí. De cara al futuro, el alcance del Proyecto Brechas podría ampliarse a nuevas regiones del país. “Estamos empezando a diseñar una estrategia para llevar el proyecto a sistemas bajo riego por manto. Por ejemplo, de la mano del ingeniero Hugo Lattanzi buscamos llegar a Río Negro, particularmente en la zona de Lamarque, aunque hay otras opciones en la provincia”, adelantó Ávila. La iniciativa, aún en una etapa incipiente, apunta a adaptar la metodología de Brechas a ambientes irrigados y explorar su potencial en una provincia donde el riego cumple un rol clave en la producción agrícola. |
Soy uno de los productores agrícola-ganaderos que han desembarcado en Río Negro recientemente. Soy ingeniero agrónomo y manejo 400 hectáreas en la localidad cordobesa de Camilo Aldao, ubicada en la zona núcleo agrícola argentina. En 2024 decidí concretar un viejo anhelo e invertir en tierras bajo riego en la Patagonia. Elegí un campo de 100 hectáreas en Lamarque (Valle Medio del río Negro) atraído por la alta heliofanía del lugar, la disponibilidad de agua (que para mí representa un riesgo menos) y el conocimiento que ya tenía de la región.
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