La inversión mínima en tecnología para que el mecánico pueda atender los autos nuevos. Un curso de tres días en Capital sale $ 15.000.

Mecánicos en carrera para no perder con la tecnología

Ante vehículos más sofisticados, el que no se capacita pierde y sólo puede atender a los modelos antiguos. Hablan los protagonistas de un oficio que exige actualización permanente.

18 may 2018 - 00:00

La aceleración tecnológica transforma la vida diaria del ser humano, modifica su forma de trabajo y para los mecánicos del automotor es un beneficio y un dolor de cabeza a la vez. Una carrera en la que siempre corren desde atrás.

Algunos logran mantenerse “en la cresta de la ola” con actualizaciones constantes. Otros perdieron la batalla y se dedican a vehículos viejos. “Río Negro” hizo un recorrido entre los mecánicos de Río Colorado, quienes explicaron cómo afrontan la disyuntiva.

Actualizar el taller implica fuertes inversiones en aparatos imprescindibles que ayudan a detectar cada inconveniente en los autos nuevos. Para ello es necesario contar como mínimo con un escáner y un probador de inyectores (nafta). Sumados cuestan 500.000 pesos aproximadamente. Y deben actualizarse año a año. Al monto hay que sumar el valor de las nuevas herramientas.

Por otra parte, las capacitaciones para que el mecánico esté al día son otro desafío. Un curso de tres días en Buenos Aires cuesta en promedio 15.000 pesos, sin contar el costo de traslado y alojamiento.

Las dificultades se tratan de suplir con las búsquedas por Internet y los intercambios con otros profesionales. Muchos bajan catálogos de los autos, por modelos y marcas. Adquieren libros que permitan conocer los circuitos electrónicos.

En esta comunidad relativamente pequeña son comunes las visitas entre colegas. Entre mates y tortas fritas, buscan la solución al problema del auto que se plantó.

Si bien no todos los talleres tienen la misma tarifa para los autos nuevos, el diagnóstico por electrónica cuesta casi 1.000 pesos.

El cambio tecnológico es también una gran inquietud para los comercios que venden repuestos. Hoy es mucho más amplio el abanico de equipamientos que utiliza cada marca.

Todos los mecánicos consultados por “Río Negro” coincidieron en que la computadora o el escáner acorta el camino, pero está en la capacidad del profesional detectar dentro del complejo circuito dónde está el problema. Puede ir desde una ficha rota, un cable cortado, hasta una falla en el motor.

El tiempo de reparación es otro factor problemático y muchos se quejan porque pierden plata. “Hay ocasiones que detectar el inconveniente lleva días y eso significa dinero, porque dejamos de atender otros autos y ese costo no se lo podemos trasladar al cliente”, comentó Martín Prat.

Hoy nada es igual a la década pasada y aquellos que heredaron la profesión de sus abuelos o padres con el modelo tradicional están en serios problemas.

“Ahora los autos son descartables. Sirven para un tiempo determinado y cuando empiezan los problemas es necesario que cambien de vehículos”, disparó el reconocido especialista en motores, Alberto “Tito” Etchegaray con más de 70 años en el rubro.

La gran mayoría de los vehículos tienen su propio sistema de diagnosis integrado y para el mecánico es imprescindible comprender la lógica de funcionamiento. Entender bien “cómo trabaja o se siente cada coche” para poder diagnosticarlo bien. Algo similar a la tarea de un médico con el cuerpo humano.

Hasta hace poco algunos repuestos servían para varios autos de la misma marca y hasta diferentes modelos. Incluso los técnicos, con ingenio, podían adaptar el repuesto a unidades de marcas diferentes.

Hoy cada circuito solo sirve para una marca especifica. Incluso, el repuesto no puede ser incorporado a un auto de la misma marca con diferente modelo.

Equipos que requiere hoy un taller
Osciloscopio. Lee las señales eléctricas que emiten los sensores del automóvil y valora diferentes parámetros que le permite a los mecánicos diagnosticar las reparaciones.
Escáner. Esencial. Hay al menos dos clases: uno para diagnosticar los problemas en vehículos anteriores a 1995 y otro en autos a partir de 1996. Ambos con funciones de identificación ECU (Unidad de Control Electrónico) y los códigos que presentan error en los diferentes sistemas (ABS, AIRBAG, TCM, PCM, ESP).
Multímetro digital. Mide en diferentes sistemas y escalas como tensión voltaica, resistencias de componentes en ohms, revoluciones del motor, frecuencias y temperatura, entre otras.
Analizador de gases digital. Con la nueva legislación ambiental que busca disminuir la emisión de CO2 a la atmósfera.
Martín Prat: “Ahora están llenos de sensores, y necesitás computadoras y hacer cursos”
Estudió en Buenos Aires. Trabaja en su taller desde hace 8 años, en la nueva generación de vehículos. “La mecánica de los autos sigue siendo la misma, mantiene las bases de los Perkins o las Chevrolet viejas, pero ahora los fabrican con una compleja parte electrónica que está llena de sensores y no podrías arreglarlos si no contás con las computadoras y no hacés los cursos”.
“Incorporar un escáner te puede acortar el tiempo, te orienta, pero casi nunca te va a decir dónde está el problema. Cuando la computadora te dice cuál es la posible falla, uno tiene que empezar a ver cuidadosamente todo el circuito hasta dar con el problema. Hay veces que te lleva todo el día o más, aunque sea un problema insignificante.” Dijo que se capacita una vez al año para estar actualizado con la última tecnología.
Los Etchegaray: “Hoy los autos son casi descartables”
Juan Manuel. 44 años, ingeniero mecánico, tiene como reflejo a su padre “Tito”, un gran mecánico reconocido a nivel nacional en el automovilismo de competición. “La acelerada modernización tecnología de los autos es un buen adelanto para los propietarios, pero es una complicación para nosotros. Los problemas en los autos antes se solucionaban de forma sencilla. Hoy ya son complicaciones, que obligan a tener que especializarte, a tener acceso a una serie de elementos que no son fáciles para todo el mundo. Por ende, los costos son más altos y todo recae en los clientes”
Alberto “Tito”. Se inició en la actividad a los 5 años, limpiando el piso y mirando. Ya pasó las siete décadas. “Hoy los autos son casi descartables. La parte mecánica es la misma que en los orígenes, pero los adelantos tecnológicos que se les van incorporando los tornan más complicados. Y tener el mejor equipo no te garantiza soluciones rápidas ni económicas, porque en ocasiones uno va a comprar un repuesto que cuando lo ponés resulta que no es y no lo podés devolver.” Otra complicación es para los comercios que venden repuestos. “Antes un repuesto para un Fiat Duna servía para varios autos de la misma marca o se podía adaptar sin problemas a otra línea. Eso se terminó”.
Hugo Gómez: “No tengo computadora”
Heredó la profesión de su padre y los dos trabajan en camiones y máquinas pesadas.
“No tengo las computadoras, sigo trabajando de la forma en que lo hacía mi viejo. Cuando me toca uno con mucha tecnología, acudo a un colega para detectar el error que no puedo descifrar.”
Hugo lleva 50 años en la profesión.
Trabaja junto a sus hijos en su taller, en pleno corazón del barrio de Villa Mitre.
José García: “Con el escáner no es que sea más fácil”
Las paredes del taller muestran los diplomas de graduación como técnico de motores, en carburaciones en 1964 y afinaciones en 1977. “Para seguir progresando y atender a los nuevos autos tuve que incorporar el escáner. Eso no significa que sea más fácil el trabajo, es más complicado. Si no sabés leer bien las indicaciones, nunca terminas de detectar dónde está el problema.”
Resaltó entre bromas que “aún por suerte existen muchos autos antiguos que hay que seguir reparando”.

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