Neuquén quiere ser la nueva capital de los murales a cielo abierto

El proyecto Museo a Cielo Abierto y el colectivo Amar Neuquén comenzó a gestarse en pandemia y ya cuenta con más de 100 intervenciones. Van por nuevas ideas en edificios en altura.





Como inspirados por la mano de un Diego Rivera o del pensamiento de un Ricardo Carpani, o de tantos otros, en la ciudad de Neuquén comenzaron a entrelazarse con los paredones blancos o manchados de ironías y violencia, los murales de los artistas locales.

Están en algunos rincones pero prometen estar en todas partes, en poco tiempo. El proyecto de salir a pintar y de transformar la ciudad en un Museo a Cielo Abierto comenzó a gestarse en el año más duro de la pandemia. Tiempo después bajo el proyecto Amar Neuquén, impulsado por la municipalidad y la Legislatura se salió a la calle pincel, pintura y andamio o escalera, si hacía falta.

A un año de haber dado la pincelada final a la primera intervención, ya son más cien murales de cien artistas neuquinos que se encuentran embelleciendo los espacios públicos. La primera temática elegida fueron los Derechos Humanos, luego los temas a pintar son infinitos.

Los pueblos indígenas, una de las temáticas más recurrentes.

Se comenzó con un cuadrado gigante del cementerio Central, se continuó por los muros del cementerio el Progreso y poco a poco como una incontenible marea de expresiones artistas se avanzó hacia jardines maternales y clubes municipales, asociaciones de personas con discapacidad y espacios barriales. Pero la cosa no termina ahí.

La secretaría de Capacitación y Empleo del municipio, María Pasqualini, adelantó que en los próximos meses se desembarcará con nuevas intervenciones en los paredones de Vialidad, con la temática los caminos y en el hospital Castro Rendón habrá nuevos murales sobre la Salud.

Con el entusiasmo de los artistas y el buen recibimiento de los vecinos de la ciudad, ya se está trabajando en una propuesta mucho más ambiciosa: se convocará a nuevos interesados para realizar murales en edificios en altura.

¿Es el Diego?, ¿Es Messi?, ¡Es un niño con la 10 de Argentina?. Todo puede ser, el arte es así.

Este museo a cielo abierto amalgama la perfección varios objetivos. “Somos una ciudad heterogénea, muy joven, con estas intervenciones estamos logrando generar una nueva identidad local, que los vecinos ya se la han apropiado. Pero no es solo eso, además de revalorizar los espacios públicos y las manifestaciones, de embellecer la ciudad, estamos generando una movilidad económica importante para nuestros artistas y dándoles la posibilidad que siempre debieron tener de mostrar lo que hacen, de ser ellos mismos puestos en valor como patrimonio neuquino. Otro ingrediente es que se convierten una oferta turística más para la ciudad de Neuquén. Con esto ganamos todos”, aseguró la funcionaria.

Los autores de estas obras de arte son un eslabón fundamental de este camino a llenar la ciudad de murales. Elisa Algranati, una reconocida artistas plástica de Neuquén, es una de las tantas participantes de ese museo urbano. Sus lienzos- paredes se encuentran en varios rincones de la capital, pero quizás uno de los más importantes es el que encuentra en la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue, en conmemoración de los 40 años de la dictadura cívico militar.

Mural de la facultad de Humanidades de la UNCo, a 40 años del golpe militar.

El mural es el arte con contenido, con mensajes, cuentan una historia, educa. El muralismo mexicano se inició como una corriente de denuncia y eso también fue importante. Para mí tiene que seguir siéndolo. No solo tiene que ver con el arte, sino con cuestiones sociales. Hay que seguir dando esta batalla cultural”, dijo al artista su mirada sobre este movimiento artístico.

Silvana Coy es otra neuquina que forma parte de Amar Neuquén y autora de unos de los murales del cementerio del oeste. Con un pájaro rosado con pintas blancas representó el derecho a la libertad de expresión.

“El muralismo mexicano se inició como una corriente de denuncia y eso fue muy importante. Para mí tiene que seguir siéndolo”.

Elisa Algranati, autora del mural de la facultad de Humanidades de la Unco, en conmemoración por los 40 años de la dictadura cívica militar.

“Cuando uno hace un trabajo en la calle, deja de ser de uno. Yo no tengo mucho apego con eso. La obra es tuya mientras la estas realizando, cuando le das el último retoque en un paredón ya pasa a ser de todos. Uno lo entrega”, aseguró la muralista.

Para ella el muralismo es algo maravilloso. La gente está constantemente agradecida de lo que estamos haciendo, desde chicos hasta mayores. Y es ahí cuando empieza el proceso de traspaso de la obra del artista a la comunidad.

El primero, el padre de todos.

La historia comenzó en una esquina del centro


La historia de los murales en la ciudad de Neuquén tiene su inicio en una de las esquinas más emblemáticas del microcentro: la de avenida Argentina y calle Alderete. Allí en un muro curvo, se imprime una imagen que representa con crudeza y contundencia los horrores de la dictadura cívico militar de Argentina, la opresión de los pueblos, la desaparición de hombres y mujeres, el puño impune que aplastó derechos.

La obra realizada por los artistas plásticos Eduardo Carnero y Antonio Ortega y Castellano, convertido en un icono de la ciudad, fue también un dolor de cabeza para los defensores del gobierno de facto. En varias oportunidades fue cuestionada, atacada e interrumpida en algunas otras. Pero también fue y es muy valorada. En 1995 recibió el Primer Premio Nacional de Dibujo, el galardón más alto de Argentina que entrega el ministerio de Cultura de la Nación.

Con colores ocres, se presentan allí los rostros de quienes fueron protagonistas principales de la época más oscura del país. Rostros de hombres y mujeres sometidos, el desaparecido, el pueblo mapuche, el obrero argentino, el que trabaja en la tierra, el hombre y la mujeres, puños cerrados, armas intentando callar los gritos de libertad, la resistencia. Es impactante, entre otras cosas, la presencia de una pala como queriendo ocultar, tapar con tierra una historia de muertes, torturas, desapariciones y apropiaciones ilegales. Deambula por allí también una fuerte crítica a la iglesia católica por su participación en la dictadura y por supuesto a la fuerza militar.

La obra obtuvo en su momento un fuerte cuestionamiento de parte de los dueños del hotel donde fue pintado por la temática que pretendía inmortalizar. Pertenecía al Sindicato de Luz y Fuerza, que en varias ocasiones intentó echar por tierra las pretensiones de los artistas. Después aparecieron los “intolerantes, los violentos”, que con manchas de pinturas quisieron tapar lo que allí se manifestaba. Pero nada ni nadie pudo.


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