Piedra Parada: la catedral volcánica de la Patagonia, un paisaje de otro mundo para escalar, caminar y mirar el cielo
A 125 kilómetros de Esquel, una formación rocosa monumental emerge en medio de la estepa chubutense como un faro de piedra y silencio. Con más de 50 millones de años de historia geológica, el Área Natural Protegida Piedra Parada combina aventura, biodiversidad y uno de los cielos más limpios del planeta.

La ruta se estira recta, casi infinita, y la Patagonia despliega su paleta austera: amarillos, verdes bajos, el viento como única banda sonora. De pronto, sin aviso, aparece ella, Piedra Parada se alza en el horizonte con una presencia que obliga a frenar, bajar del auto y mirar. Más de 200 metros de altura y unos 100 metros de diámetro emergen solitarios, como si alguien hubiera clavado una aguja de rocas en medio del paisaje.
Este coloso de origen volcánico, formado hace más de 50 millones de años, no solo es una postal impactante: es el corazón de un Área Natural Protegida que invita a quedarse, explorar y reconectar con un ritmo más lento, el que impone la estepa.
Escalada, trekking, avistaje de aves, astroturismo, kayak, pesca o simplemente acampar a orillas del Río Chubut: Piedra Parada es un destino para habitar. El río, serpenteante y cercano, crea un microclima inesperado que suaviza el entorno y suma vida a un paisaje que, lejos de ser desolado, está lleno de matices.

Caminar por la zona es entender que la estepa no es vacío, sino amplitud. Cada sendero, cada silencio, invita a bajar un cambio y mirar con atención.
Cañadón de la Buitrera: caminar dentro del tiempo
A pocos metros de la piedra, el Cañadón de la Buitrera se abre como una grieta monumental en la tierra. Son cuatro kilómetros de recorrido entre murallones verticales que superan los 100 metros de altura, donde el eco de los pasos parece dialogar con millones de años de historia.
Aquí, el paisaje se vuelve relato. En las paredes del cañadón conviven registros arqueológicos de antiguos pobladores, restos fósiles y señales de una vida que supo adaptarse a un ambiente extremo. La senda principal, de dificultad baja, recorre la antigua caldera volcánica y permite una experiencia accesible, ideal para quienes buscan trekking sin exigencias técnicas.

Para los amantes de la escalada, La Buitrera es un nombre propio a nivel internacional: más de 200 rutas, para todos los niveles, convierten al cañadón en uno de los destinos más codiciados de la Patagonia. Pero incluso para quienes no escalan, el espectáculo de las paredes, la luz y las sombras basta para entender por qué este sitio es un imán.
Biodiversidad en clave de estepa
Contra el prejuicio del paisaje árido, el Área Natural Protegida Piedra Parada alberga una sorprendente biodiversidad. Guanacos que cruzan a lo lejos, zorros atentos, chinchillones entre las rocas, anfibios y reptiles que aprovechan el calor del suelo, y aves emblemáticas como el cóndor andino, que planea sobre los paredones con una elegancia silenciosa.
En primavera y verano, las flores silvestres brotan y transforman el suelo en un tapiz inesperado de colores. Es en esos detalles donde la estepa revela su verdadera riqueza, hay que detenerse, agacharse, mirar de cerca.

Astroturismo: cuando el cielo toma la palabra
Cuando cae la noche, Piedra Parada suma otra dimensión. El cielo, limpio de contaminación lumínica, se vuelve protagonista absoluto. No es casual que este rincón de Chubut sea uno de los más buscados del mundo para el astroturismo, una actividad que crece de la mano del turismo sostenible.
Las experiencias, generalmente ofrecidas por agencias locales, incluyen guías especializados, telescopios, binoculares y relatos que ayudan a leer el firmamento. Desde estas latitudes del sur, la Vía Láctea se observa con una claridad impactante durante todo el año. En verano, se destacan constelaciones y conjuntos estelares como Las Pléyades, las Híades, la Nebulosa de Orión y las Nubes de Magallanes, galaxias satélite que parecen flotar alrededor de la nuestra.
El silencio, profundo y casi absoluto, completa la experiencia. Mirar el cielo en Piedra Parada no es solo observar estrellas: es sentirse parte de algo mucho más grande.
Cómo llegar y por qué hacerlo con guía
Desde Esquel, el camino comienza por la Ruta Nacional 40 hasta el empalme con la Ruta Provincial 12. El trayecto combina tramos de asfalto y ripio, atraviesa Gualjaina y continúa hasta el ingreso al Área Natural Protegida Piedra Parada. Se puede llegar en vehículo propio, aunque la recomendación es hacerlo con una agencia de turismo local.

El acompañamiento de guías especializados no solo facilita la logística, sino que suma capas de sentido: entender el origen volcánico del paisaje, reconocer especies, leer el cielo y conocer las historias que no están en los carteles.
Piedra Parada no es un destino para tachar de una lista. Es un lugar para quedarse, escuchar el viento, caminar despacio y dejar que la estepa, con su inmensidad y su silencio, haga el resto.
Datos útiles:
Ante cualquier consulta, la Subsecretaría de Turismo brinda información al +54 2945 52-9616.

La ruta se estira recta, casi infinita, y la Patagonia despliega su paleta austera: amarillos, verdes bajos, el viento como única banda sonora. De pronto, sin aviso, aparece ella, Piedra Parada se alza en el horizonte con una presencia que obliga a frenar, bajar del auto y mirar. Más de 200 metros de altura y unos 100 metros de diámetro emergen solitarios, como si alguien hubiera clavado una aguja de rocas en medio del paisaje.
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