Primera cosecha de algas en la Patagonia: el proyecto que abre una frontera productiva en el mar
La granja de macroalgas está localizada en Puerto San Julián. El innovador emprendimiento busca desarrollar bioestimulantes agrícolas y pellets a partir del cachiyuyo, con sello ambiental.
En las aguas frías de la bahía de Puerto San Julián, Santa Cruz; un experimento científico comienza a transformarse en una promesa productiva concreta.
En esa localidad de la Patagonia sur, se realizó la primera cosecha de algas marinas cultivadas del país, un hito que marca el comienzo de una actividad vinculada a la acuicultura y al aprovechamiento sustentable de los recursos del Mar Argentino.
Las primeras experiencias de cultivo y laboratorio se habían iniciado hace dos años con una prueba piloto. Finalmente en febrero de 2026, luego de incansable trabajo y paciencia, ocurrió el hito con la primera cosecha.
La experiencia combina ciencia de laboratorio con desarrollo en mar abierto. El proceso comenzó con el cultivo de algas microscópicas a partir de esporas recolectadas en el océano. Luego, esas estructuras iniciales fueron trasladadas a la bahía, donde crecieron durante algunos meses hasta alcanzar el tamaño necesario.
Granja de algas: cultivan Macrocystis pyrifera
El proyecto, impulsado por la Fundación Por el Mar, se centra en el cultivo de Macrocystis pyrifera, conocida como «cachiyuyo» o «huiro gigante», una macroalga clave en los ecosistemas marinos. Se trata de un primer cultivo a escala experimental, como piloto productivo.

Esta especie forma verdaderos bosques submarinos que cumplen tres funciones ecológicas esenciales: producen oxígeno, capturan dióxido de carbono y sirven de refugio para numerosas especies. Todavía está poco desarrollada en el mundo y algunos de sus usos aún no se conocen.
Mariano Bertinat es ingeniero en Recursos Naturales Renovables y coordinador del proyecto Santa Cruz de la fundación Por el Mar. Hace 20 años, trabaja en gestión de políticas públicas, evaluación ambiental y proyectos de conservación de la biodiversidad.
“El fin es poder generar bioestimulantes, que son un producto que favorece las condiciones del suelo para el crecimiento de plantas. Esto tiene un potencial agrícola muy importante para la Argentina”, aseguró el coordinador a Diario RÍO NEGRO.
A diferencia de los fertilizantes tradicionales, estos productos potencian los procesos biológicos propios de la tierra, favoreciendo una agricultura más sostenible.

“Nuestro bioestimulante, además de tener buena calidad, tiene como fondo la posibilidad de generar trabajo a partir de recursos renovables y además tiene como objetivo final proteger los bosques nativos de algas marinas», señaló.
Otra de las líneas, tiene que ver con la producción de pellets de para alimento de ganado, suplemento alimentario para ganado, particularmente el ovino, a utilizar durante el invierno y las estaciones más frías en la Patagonia.
“No queremos exportar una materia prima, queremos agregar valor: que esa materia prima se transforme en Santa Cruz, impulse cadenas de valor en Santa Cruz y que el trabajo quede en nuestra provincia”.
Mariano Bertinat, coordinador del proyecto Santa Cruz de la fundación Por el Mar.
Granja de algas: ciencia y producción en avance
«Para estos cultivos, lo esperado es entre 6 y 12 kg por metro lineal. Nosotros obtuvimos 10 kg por metro de cultivo. Ahora estamos evaluando el proceso de transformación de esas algas en bioestimulantes y esperando tener los primeros resultados de las pruebas antes del invierno», aseguró Bertinat.
Desde el punto de vista científico, para el equipo el principal logro es haber podido cultivar en un mar como el de Santa Cruz, con amplitudes de marea y vientos muy importantes. En otros lugares del mundo, estos cultivos se desarrollan en aguas más tranquilas, con condiciones más favorables. En este sentido, fue un desafío adaptarlo a las condiciones geográficas y ambientales del sur.
Desde el punto de vista productivo, balancean el logro de poder generar una alternativa de fuentes de trabajo en la Provincia de Santa Cruz. “Es un gran sueño para nosotros y más esta alternativa laboral es a partir de un recurso natural renovable y nativo de la provincia”, apuntó Bertinat.
El vocero de «Por el Mar» apuntó que hay comunidades costeras que están atravesando momentos económica y socialmente muy difíciles; y por eso buscan alternativas productivas y de generación de empleo a partir de productos regionales nativos.
Granja de algas: un proyecto para el cuidado ambiental
Más allá de su potencial económico, el proyecto tiene una fuerte impronta ambiental. El cultivo controlado de macroalgas podría contribuir a la restauración de ecosistemas marinos y a la mitigación del cambio climático mediante la captura de carbono.

Con esa impronta se originó el proyecto: “Surgió por la necesidad de buscar una alternativa sostenible a la extracción directa de macroalgas en Sudamérica”, comentó Bertinat. El ingeniero dio el ejemplo de Chile, un país en el cual la deforestación submarina es un hecho por la extracción de algas.
“Esto está provocando pérdida de hábitat, biodiversidad y está generando problemas en la pesca artesanal, debido a que los bosques de macroalgas son un refugio de muchas especies de interés para los pescadores artesanales”, explicó.
Por eso, desde la Fundación por el Mar desarrollaron esta idea para demostrar que es posible cultivar las algas en lugar de extraerlas de su ecosistema natural.
“Lo que buscamos con este proyecto es que el ser humano no tenga que extraer los bosques de la naturaleza, los bosques sumergidos, sino que pueda desarrollar técnicas de cultivo para poder producir su propio material”, aseguró.
Además, se busca previsibilidad en lo productivo: “Cuando se extrae las algas del mar y las deforesta (…) no puede garantizar a un cliente un producto con regularidad todo el año, no puede dar previsión a un mercado. En cambio, si uno cultiva, puede saber exactamente cuántos kilos va a producir, con qué calidad, con qué genética, entonces puede acceder a mercados más estables”, dijo.
Granja de algas: hacia una bioeconomía marina
Este primer ensayo en Puerto San Julián abre una puerta inédita en Argentina. La posibilidad de desarrollar una bioeconomía marina basada en conocimiento científico, innovación tecnológica y sostenibilidad es un hecho.
“Siempre decimos que nuestras provincias patagónicas, en muchos lugares, han crecido dándole la espalda al mar. No tenemos una cultura de la acuicultura”, lanzó el coordinador del proyecto. Explicó que existe un desarrollo de la pesca de altura y de la pesca de peces, pero no tanto de la acuicultura: mariscos, mejillones, algas, cultivos multitróficos. Entonces, desde su lugar, intentan abrir nuevos caminos a nivel nacional.
“Es aún un proyecto piloto y está innovando en cada paso que da. Este proyecto busca abrir nuevos caminos y lograr que podamos creernos a nosotros mismos como una sociedad capaz de poder cultivar en el mar”, cerró el referente.
En las aguas frías de la bahía de Puerto San Julián, Santa Cruz; un experimento científico comienza a transformarse en una promesa productiva concreta.
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