Soy de aquella época

Columna semanal.

Por Redacción

LA PEÑA

En cuatro décadas las cosas cambiaron tanto que no nos equivocamos si decimos que éste es otro mundo. Claro que lo es, tanto dejó de existir y tantas cosas nacieron. Y siempre, naturaleza, animales, seres humanos en el medio. Naturaleza no siempre respetada, pero también distinta en este tiempo, un poco por el progreso, otro por la mano del hombre que no siempre acertó con sus ideas.

Bosques que no están, ríos que cambiaron su curso, represas que modificaron escenarios y hasta pueblos que debieron mudarse. Así cambiaron las cosas.

El ejemplo sirve para varias generaciones, pero necesito ponerle tiempo, fechas. En mi caso unas cuatro décadas pasaron desde mi infancia hasta ahora. No es tanto tiempo si uno lo mira en perspectiva, aunque 40 años parecieran una eternidad.

Por eso intenté hacer un repaso de las cosas que fueron parte de nuestra vida y ya no están o de las que están y cambiaron tanto.

Por eso podría decir que soy de aquel tiempo, de los tiempos en que cada cosa se grabó en la memoria, pero también en el afecto de cada uno.

-Soy del tiempo de la cocina a leña o a lo sumo del gas en garrafa.

-Soy de los que iban al mercado del barrio con la bolsa de los mandados, que por suerte volvió en buena parte del país.

-Soy de los que convivió por años con los pañales de tela.

-Soy del tiempo donde las cubeteras del congelador del heladera eran de aluminio.

-Soy del tiempo del Falcon, del Chevrolet Súper, del Torino.

-Soy de los que llevaban galletitas Manón, Colegiales o Champagne a la escuela.

-Soy de los que usaban botines Sacachispas y zapatillas Flecha o Fanático de niño. No faltaban las Pampero.

-Soy del tiempo en que las pelotas de fútbol eran de cuero de verdad y el zapatero del barrio las reparaba cada vez que se pinchaba.

-Soy del tiempo de las bicis mini que se plegaban en el medio y se cargaban en el baúl del auto.

-Soy del tiempo del barrilete de caña y papel de diario.

-Soy de los que jugaban a las bolitas en la vereda y pedían en los talleres mecánicos las esferas de acero de los rulemanes.

-Soy de los que usó pantalones cortos hasta la adolescencia.

-Soy de los que tomaban leche condensada de la misma lata con un agujerito

-Soy del tiempo del paté y picadillo, de esos que se abrían con la llave que traía el mismo envase.

-Soy del tiempo del kerosene.

-Soy de las bicis que venían pintadas a fuego, con filetes incluidos.

-Soy del tiempo de las cosas sueltas, del azúcar, harina, fideos que se vendían por lo que pesaban.

-Soy de la época de los vaqueros Far West y de las camisas Lavi Listo.

-Soy de la época del vino de litro, del aceite La Patrona, del Patito.

-Soy de la época de los sifones de vidrio.

-Soy del tiempo de los juguetes Tuercalín, que se desarmaban como si fueran de verdad, de los que traían herramientas.

-Soy del teléfono negro, de las cabinas telefónicas, de los cospeles, de las llamadas larga distancia que se pedían en la central telefónica.

-Soy del tiempo de los autitos de plástico que se cargaban con piedras para correr en el cordón de la vereda.

Soy de esa época donde todo era tan diferente, algunas cosas mejores, otras peores, pero donde las exigencias estaban un escalón abajo y llamábamos confort a las cosas simples. Soy de ese tiempo de la simpleza y los juegos producto del ingenio.

Jorge Vergara – jvergara@rionegro.com.a


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