Suman muertos en las rutas por caballos sueltos
Son siete las víctimas desde la “ley Gorosito”. Animales sin marca impiden aplicar castigos.
Neuquén
NEUQUÉN (AN).- Milton Javier Sandoval se dirigía como cada día a CALF. Allí trabajaba desde hacía 9 años. Iba rápido, era de madrugada y la oscuridad se hacía más honda porque en los caminos adyacentes a la multitrocha no había luz, justamente por un corte de la cooperativa. Seguramente no lo vio, no pudo esquivarlo. Con su Volkswagen Bora le dio de lleno a un masa negra de pelaje que andaba en busca de pasturas matinales. Murió en el instante y pasó a engrosar no sólo la cifras de defunciones en accidentes de tránsito en Neuquén. También la de siniestros que tienen como protagonistas a animales que nadie reconoce como de su propiedad, una problemática sin solución.
Lo llamativo del caso fue que Sandoval se llevara por delante el caballo oscuro en plena multitrocha, a pocos metros del aeropuerto Juan Domingo Perón y en un horario, las 6:20, con mucho movimiento en la Ruta 22. El hecho conmocionó. Por lo dramático y lo sorpresivo.
Un par días antes, un camión había chocado y matado a un caballo también en cercanías a la aeroestación. Y a esta redacción llegaron varias veces fotos de equinos trotando en libertad por la multitrocha.
Es más “lógico” que en localidades del interior existan animales sueltos. Por eso, allí los sentidos y la prevención de los automovilistas se agudizan. Pero es inesperado encontrarse con un caballo suelto en una zona plagada de empresas petroleras, donde incluso hay un instituto terciario, un club social y cerca del quinto aeropuerto más importante del país, con un flujo de 100 mil pasajeros al mes, y con un embarque y desembarque de unos 1.000 entre las 6 y las 9.
Según información de Vialidad Nacional, por la multitrocha Neuquén-Cipolletti transitan a diario unos 60.000 autos.
Sandoval se transformó en la séptima víctima fatal desde que en Neuquén se promulgó la ley 2448 (2003), una estadística gestada a partir de la muerte del exministro sobischista Jorge Gorosito, quien perdió la vida luego de chocar con su auto contra un caballo, en noviembre de 2002.
Justamente se la bautizó “ley Gorosito”, tenía el objetivo de regular el fenómenos de los animales sueltos en rutas y caminos, y nunca se aplicó en serio.
Como ocurre generalmente, el caballo que chocó Sandoval era “orejano”, porque no tenía seña ni marca. Por eso, la responsabilidad civil es de nadie.
El accidente fatal provocó un fuerte cuestionamiento puertas adentro de los poderes Ejecutivo y Judicial. Ocurre que ya había polémica en la aplicación de la ley 2448 que terminó el Tribunal Superior de Justicia al aclarar: la “autoridad de aplicación es la Policía” y los jueces de paz tiene el poder de “autoridad de juzgamiento”.
Claro, se juzga cuando el animal tiene seña o marca (es como la tarjeta verde del auto), pero en la mayoría de los casos eso no ocurre. Los propietarios de los animales no cumplen con ese articulado de la ley para evadir la condena civil ante un accidente o porque no declaran la compra de los animales.
“Un caballo cuesta entre 14 y 30 mil pesos. Está claro que si no lo registran, es porque sus propietarios quieren infringir la ley. La persona que compra un caballo legalmente, lo tiene encerrado”, explicó la directora de la Justicia de Paz de la provincia, Nancy López.
Sin denuncias ni multas
La prueba fehaciente de la complejidad del tema está en que, al menos en el último año y medio, en ninguno de los 24 juzgados de paz que existen en Neuquén se inició un expediente por animales sueltos en las rutas. Desde ya, tampoco se labraron multas.
“Los animales están, los vemos a diario en los caminos. El problema es que no los marcan, por lo tanto no hay propietario a quien identificar y responsabilizar”, explicó la jueza.
En los dos juzgados de Falta de Neuquén tampoco existen denuncias al respecto, algo llamativo porque desde la dirección de Tránsito de la Policía se confirmó que 48 horas después de la muerte de Sandoval, en “zona del aeropuerto se capturó ocho yeguarizas, siete de ellas ‘orejanas’, pero una con marca”.
El diputado provincial Raúl Podestá ha puesto muchas veces el tema en la superficie. Ha pedido información y nunca la recibió.
“El Poder Ejecutivo nunca se hizo cargo de esta problemática, no le interesa. Hace falta presupuesto para que la policía realice la prevención, para que patrulle las rutas. En el interior hay una desidia total, pero es inaceptable que aparezcan caballos en plena multitrocha. Es una locura lo que pasó con ese muchacho de Plottier. Hoy la solución inmediata debería ser capturar a los “orejanos” que andan sueltos en los caminos y faenarlos”, dijo el legislador del Frente Grande.
La ley habla en realidad que debe haber un refugio para esos animales, y que allí deben estar durante 48 horas, hasta que aparezca o no el dueño. Si no es así, salen a remate o son faenados. Pero ese depósito no existe y tampoco el presupuesto para aplicar la ley. Los crianceros dicen que no tienen las grandes sumas de dinero que demanda alambrar sus campos (un kilómetro de alambrado cuesta alrededor de 40.000 pesos), los animales andan sueltos y la problemática parece una historia sin fin.
En realidad, siempre con un triste final.
Le cortan la oreja
Hecha la ley, hecha la trampa. La legislación de tránsito dispone que la responsabilidad ante un accidente recaerá en el propietario del animal, pero las vacas y caballo que corren y pastan cerca de los caminos, en libertad, no están marcados. Claro, ha ocurrido de siniestros con animales que sí tienen el “sello” del dueño, pero “misteriosamente alguien siempre llega y le corta la oreja, para que no se sepa de quién es”.
Tres voces de diferentes ámbitos confirmaron esto que suena mucho a ilegalidad. “Ocurre generalmente en el interior de la provincia. Es cierto que existe mucho cuatrerismo, pero cuando los animales están marcados y protagonizan un accidente, ha pasado que le cortan la oreja, y así la marca del dueño desaparece”, señaló una fuente gubernamental.
Los accidentes se investigan en la justicia civil, pero como la mayoría de los casos involucran a animales “orejanos” (no marcados), todo pasa a la historia.
Esto es lo que ocurrió con el caso de Milton Javier Sandoval, el protagonista trágico de una problemática sin solución a la vista.
Reclamo de un diputado
“Nunca se cumplieron ni se contestaron los pedidos de informe que le hicimos en repetidas oportunidades al gobierno por la presencia de animales sueltos en las rutas. Los últimos fueron al ministro (Claudio) Gastaminza, pero nada… La responsabilidad es de este gobierno”, disparó el legislador Raúl Podestá.
La problemática es histórica, pero tomó mayor relevancia pública después de la muerte de Jorge Gorosito, quien era ministro de la gestión de Jorge Sobisch en el 2002. Entonces, se promulgó la ley 2448. Pero el paso del tiempo volvió todo a foja cero.
Es más, ni siquiera accidentes protagonizados por hombres ligados al poder político consiguieron cambiar el estado de cosas. En abril de 2011, el excandidato a intendente de Zapala por el radicalismo, José Luis Sáez, se salvó de milagro cuando con su Chevrolet Astra chocó de frente con una vaca.
José Luis Mazzone, exintendente de El Chocón, colisionó en mayo de 2011 contra un caballo en la entrada de la localidad que gobernaba. Todo un año después que la comunidad de Rincón de los Sauces se movilizara por la cantidad de accidentes de tránsito ocurridos en las rutas provinciales 5 y 6. Eso generó que el juzgado de primera instancia de la ciudad petrolera ordenara al gobierno a cumplir con la ley 2448.
Sebastián Busader
sbusader@rionegro.com.ar
Neuquén
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