Tal vez aún no vimos la hora más difícil



Panorama nacional

El ministro de Hacienda Nicolás Dujovne es esperado el martes en la comisión bicameral de seguimiento y control de la deuda. Miguel Pichetto anticipó que lo van a tratar con respeto. Es la comisión del “papelito” de Luis Caputo: la reunión con el entonces ministro de Finanzas y hoy titular del Banco Central terminó en un escándalo por un mensaje insignificante que le envió a una diputada kirchnerista. Así funciona en ocasiones la política. A Caputo sin embargo no le ha ido mal desde entonces: es el hombre más elogiado del gobierno –por el gobierno, para decirlo correctamente– y, como registran las crónicas, el funcionario que persuadió a Macri de recurrir al Fondo Monetario para blindar su gestión.

Aun si se dijera que la crisis es cambiaria –y a esta hora ya es más que eso– es curioso que la figura sobresaliente de un gobierno termine siendo un financista. Los otros deben ser peores, puede decirse apelando a la fraseología inagotable del general Perón. Ese lugar podría durarle poco a Caputo: los analistas cuestionaron su intervención temprana el jueves, cuando elevó de 100 a 150 millones de dólares la subasta del BCRA con los fondos que envió el Fondo para contener el dólar. Subió 63 centavos. Le reprocharon falta de timing. Un día después, el Banco Central mantuvo la oferta de 150 millones y debió vender otros u$s 300 millones cuando el dólar rozó los 30 pesos. El Central había decidido administrar 7.500 millones de dólares de los del FMI durante 75 días hábiles para controlar el mercado cambiario. Ya está forzando ese ritmo.

Ese mismo tipo de inquietudes le esperan pasado mañana a Nicolás Dujovne en el Congreso. En su discurso durante el informe ante el Senado del jefe de Gabinete, Pichetto le recomendó a Marcos Peña que el ministro de Hacienda les proporcione a los legisladores información sobre el destino de los 10.000 millones de dólares que perdió el BCRA durante la crisis cambiaria. Qué bancos se favorecieron de una subasta de dólares del Central a $ 20. Amenaza con ser un estigma para Federico Sturzenegger.

El gobierno prefirió concentrarse en otro tramo del mensaje de Pichetto, en el que el senador rionegrino anticipó su predisposición a acompañar un proyecto de presupuesto “razonable” que equilibre los esfuerzos de las provincias del interior con el área metropolitana de Buenos Aires para bajar el gasto público. “Este proceso requiere de una construcción política del conjunto de la dirigencia política argentina”, dijo Pichetto. Desde que se disparó la crisis, el gobierno se ha mostrado falto de reflejos. ¿Tan poco confía en el diálogo que necesita además que la convocatoria la haga Pichetto?

Incluso desde antes del veto de Macri al freno a las tarifas, el gobierno viene anunciando una ronda de diálogo con gobernadores y legisladores de la oposición para negociar el ajuste. El diálogo es un significante vacío, podría haber dicho Ernesto Laclau: nadie sabe bien cuál es su contenido.

En las oficinas de Rogelio Frigerio se trabaja en una convocatoria fragmentada, el rasgo de época que impulsó el temprano proyecto del Pro. Se insiste con que será una convocatoria amplia (¿todavía piensa en llamar a la Iglesia?) bajo una etiqueta productivista: “Acuerdo nacional para el desarrollo” o algo del estilo que evocará al abuelo homónimo del ministro. Allí se entusiasman con una agenda que vaya algo más allá del presupuesto e incluya cuestiones institucionales pendientes, como la reforma electoral y la de la Justicia. Que no se limite al acuerdo con el Fondo. “Si no, ¿quién va a venir a compartir el ajuste?”, admiten en oficinas de Frigerio

Es el principal desafío que se le presenta a Macri: quiénes y hasta dónde estarán dispuestos a compartir con él sus pérdidas. En medio de la escalada del dólar, el viernes gestionó el apoyo público de algunos gobernadores. Con la aparición de las primeras señales del impacto de la crisis, el presidente atraviesa las peores horas desde que soñó construir una nueva hegemonía para disputar al peronismo la centralidad en la política argentina. Podrían no ser todavía las horas más difíciles.

Desde que se disparó la crisis, el gobierno se ha mostrado falto de reflejos. ¿Tan poco confía en el diálogo que necesita que la convocatoria la haga Pichetto?

Es el principal desafío que se le presenta al presidente Mauricio Macri: quiénes y hasta dónde estarán dispuestos a compartir con él sus pérdidas.

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Desde que se disparó la crisis, el gobierno se ha mostrado falto de reflejos. ¿Tan poco confía en el diálogo que necesita que la convocatoria la haga Pichetto?
Es el principal desafío que se le presenta al presidente Mauricio Macri: quiénes y hasta dónde estarán dispuestos a compartir con él sus pérdidas.

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