Temer, un gobierno zombi

La crisis de desabastecimiento provocada por una huelga de camioneros en Brasil expuso la fragilidad del gobierno y descolocó a los partidos políticos, aunque todavía es prematuro prever su impacto en las elecciones de octubre, estiman analistas.

La sorpresa provocada por la rápida extensión del movimiento se acrecentó con la negativa a aceptar los acuerdos alcanzados entre los gremios y el gobierno, en centenares de bloqueos donde tenían gran popularidad las consignas favorables a una “intervención militar”.

“Los camioneros se encuentran frente a un gobierno muy frágil, muy vulnerable. El gobierno mostró capacidades limitadas de reacción, con muchas vacilaciones”, dijo a la AFP el analista político Carlos Pereira, de la Fundación Getúlio Vargas.

Después de subestimar el movimiento, el gobierno del presidente conservador Michel Temer creó un gabinete de crisis y acabó cediendo a numerosas reivindicaciones, incluida una reducción del precio del diesel, que será subvencionada por el Tesoro.

Para el politólogo Mauricio Santoro, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), las concesiones del gobierno “pueden funcionar a corto plazo, pero van a generar un problema fiscal, un problema de recursos en el presupuesto público”.

Hará falta evaluar también el desgaste político que provocará, a cuatro meses de las elecciones presidenciales y legislativas de octubre.

En los corredores del Congreso, aliados del gobierno cuestionan la credibilidad de Temer para llegar hasta el fin de su mandato, el 1º de enero de 2019, en caso de que la situación empeore, según “Folha de S. Paulo”.

Sin capital político

Denunciado por corrupción en dos ocasiones, Temer consiguió congelar la apertura de investigaciones negociando partidas presupuestarias y cargos a cambio de votos en el Congreso. Así, gastó prácticamente todo su capital político, opina el politólogo André César, de la consultora Hold.

“Llegamos a un punto en que el gobierno Temer no tiene más nada que ofrecer. Terminará su mandato extremamente debilitado (...), un zombi en Planalto”, afirmó César.

“El gobierno de Temer es un gobierno moribundo, que (...) perdió la capacidad de coordinación y de interferencia positiva que presentaba al comienzo de su gestión, cuando tenía un perfil reformista y victorioso”, opinó también Pereira.

Temer subió al poder en el 2016, tras la destitución de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff, acusada por el Congreso de manipular las cuentas públicas.

Con la clase política desmoralizada por los escándalos y la economía recuperándose de forma muy lenta, la huelga de los camioneros despertó cierta simpatía entre la población. La huelga “muestra una vez más el gran nivel de descontento, de rabia y eso tiende a beneficiar en las elecciones a candidatos con discursos más radicales”, opinó Mauricio Santoro.

Y resucita el fantasma de las protestas de 2013, cuando millones de brasileños salieron a las calles para exigir la mejora de los servicios públicos y mostrar su descontento con el gobierno.


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