Temor e intolerancia

Por Héctor Mauriño

Por Redacción

El diario «Río Negro» resolvió hacer un aporte a sus lectores con relación a las elecciones de las dos provincias y contrató para ese propósito sendas encuestas de la consultora Demoskopía de Buenos Aires, subsidiaria de la firma alemana del mismo nombre, que ha hecho trabajos en distintos puntos del planeta y que habitualmente trabaja para otros diarios, como es el caso de «El País» de Madrid.

En lo que respecta a Neuquén, el relevamiento está llegando a nuestros lectores por entregas, a medida de que la empresa va procesando los datos recogidos sobre el terreno entre finales de agosto y comienzos de este mes.

En general, y como no podía ser de otra forma, el trabajo ha sido bien recibido. Pero sugestivamente una porción del espectro político local reaccionó descomedidamente ante la primera entrega, publicada el viernes y referida a la intención de voto a gobernador.

Tal es el caso de varios dirigentes de primera línea del MPN, como el candidato a intendente capitalino, Luis Manganaro, y el aspirante a diputado provincial en primer término, Federico Brollo, quienes -a pesar de que la encuesta favorece notoriamente a su partido- optaron por cuestionarla acremente acusando a «Río Negro» y a quien escribe estas líneas de haberla trucado en favor de la Alianza.

Algo parecido ocurrió con la candidata a gobernadora por el justicialismo Norma Miralles, quien -ofuscada porque la muestra sólo le dio el 9,3 por ciento de la intención de voto- optó por insultar al diario y acusarlo sin vueltas de intento de soborno.

En el primero de los casos, la reacción resulta tanto más insólita cuanto los graves cuestionamientos parten de la fuerza a la cual la encuesta da por ganadora por la contundente ventaja de once puntos.

Sin embargo, si se analiza cuidadosamente esta actitud poco menos que surrealista, se advierte que obedece a una serie de razones que merecen ser explicitadas.

En primer lugar, la noticia sobre una ventaja de once puntos se produce luego de que tomaran estado público distintas declaraciones de hombres del sobischismo que atribuían a su fórmula una ventaja de 30 puntos. Algo que hasta el propio candidato de la Alianza, Oscar Massei, admitió no hace mucho a los medios.

De manera que una segunda lectura de la encuesta que da victorioso a Jorge Sobisch brinda la sensación de que la fotografía obtenida por Demoskopía, a comienzos de mes, tal vez no refleja la curva de lo que estaría ocurriendo ahora, ya que -de mantenerse la tendencia esbozada- la distancia se habría achicado irremediablemente.

Aunque se tratara solamente de una diferencia de 5 ó 6 puntos, bastaría para que el MPN, por primera vez en su historia, viera comprometido su triunfo electoral.

Además, aunque finalmente resultara ganador Sobisch, como se presume, de todas maneras el panorama político de la provincia experimentaría poco menos que un cataclismo: por primera vez el MPN, acostumbrado a ejercer un poder casi absoluto en Neuquén, tendría enfrente una fuerte oposición.

Tal cuadro de situación se podría profundizar si, como lo indica la tercera entrega de la encuesta, que se publica en esta misma edición, la Alianza ganara en algunos municipios, como Cutral Co y Zapala, y tal vez Neuquén capital, donde reside el grueso del electorado. A esto habría que agregar el cada vez más seguro triunfo de De la Rúa, lo que dejaría planteado, además de la fuerte oposición local, el respaldo nacional.

En ese contexto, y partiendo de la base de que los hombres del oficialismo no pueden ignorar esta hipótesis, se entiende mucho mejor el porqué de su injustificable ataque contra «Río Negro» y sus periodistas: están preocupados porque su poder está amenazado.

Retomando el caso de la diputada menemista Norma Miralles -una persona que no ha cesado de causar polémica, desde su famosa pensión por invalidez hasta su defensa apasionada de la pena de muerte-, los insultos contra el diario «Río Negro» ponen en evidencia entre otras cosas el porqué del magro apoyo que le dispensa el electorado.

Así vistas las cosas, Miralles no sólo no puede sostener ante un juez sus temerarias acusaciones de soborno por parte de periodistas de este diario, sino que pone en evidencia una de las razones por las que va en camino de conquistar un récord político: el de la más baja cosecha de votos del PJ en todo el país.

En junio pasado, cuando se publicó el trabajo de Demoskopía sobre Río Negro, el candidato a vicegobernador por el Frente para el Cambio, Juan Carlos Del Bello, se apresuró a pronosticar que la consultora se había equivocado. Sin embargo, las elecciones demostraron que la encuesta había sido certera.

Pero las acusaciones del sobischismo y de Miralles van mucho más allá de todo lo visto. Trasuntan no sólo una gran inseguridad sino también una fuerte intolerancia, que contrastan con las reglas de juego democrático.

Además, resulta estúpido pensar que una empresa como Demoskopía sería capaz de rifar su prestigio forzando o dejando alterar datos de su encuesta con el presunto propósito de beneficiar a tal o cual fuerza política.

Todavía recordamos cuando Sobisch en 1995 acusó a «Río Negro» de «hacerle la campaña a Felipe Sapag», o cuando Oscar Massei dijo en 1998 que existía un pacto entre «Río Negro» y Sobisch. Fuimos 'felipistas' para el gobierno de Sobisch; 'sobischistas' o 'aliancistas' para el de Felipe Sapag y ocasionalmente 'sobischistas' o 'felipistas' para la Alianza.

No es la primera vez que ciertos políticos descargan su furia contra este diario y sus periodistas cuando el espejo no les devuelve la imagen que ellos consideran beneficiosa para sus intereses.