Tiempo de demagogia

Es probable que antes de las elecciones asistamos a una recaída generalizada en la demagogia partidaria.

Redacción

Por Redacción

Con las elecciones de octubre ya tan cercanas, es natural que distintos líderes peronistas hayan comenzado a disparar contra el gobierno con municiones de grueso calibre, achacándole la plena responsabilidad por todos los males del país. También tiene su lógica política el que el atribulado gobernador bonaerense Carlos Ruckauf haya procurado endosar sus muchos problemas al presidente Fernando de la Rúa, acusándolo de haber llevado a la Argentina a «la quiebra» gracias a su manejo nada exitoso de las finanzas nacionales. Con todo, en vista de la situación actual del país, la decisión de los referentes principales del PJ de iniciar las hostilidades electorales plantea muchos riesgos. No es que al país le conviniera ahorrarse un debate político a fondo sobre su situación actual -por el contrario, sería muy saludable que uno se celebrara-, es que tanto aquí como en el resto del mundo las campañas electorales raramente sirvan para aclarar mucho porque los contrincantes, manipulados por «asesores de imagen» contratados que privilegian las impresiones por encima de la verdad o la razón, suelen limitarse a intercambiar lemas rudimentarios que, lejos de contribuir a hacer más comprensible la realidad, propenden a reemplazarla por esquemas tan maniqueos como caricaturescos.

Si el desbarajuste que estamos viviendo se debiera a nada más que los desaciertos de De la Rúa, superarlo no sería demasiado difícil, pero sucede que es la culminación de una cantidad ingente de errores de todo tipo perpetrados por radicales, peronistas, frepasistas e independientes, todos los cuales se han comprometido con una cultura política y por ende económica que ha resultado ser totalmente inadecuada para el mundo actual. Por supuesto que De la Rúa, por ser a su modo un producto de dicha cultura, ha hecho un aporte muy grande al desastre, pero esto no quiere decir que de haber triunfado en las elecciones presidenciales de fines de 1999 el peronista Eduardo Duhalde el país estaría nadando en la prosperidad, porque en la Argentina de aquel entonces los candidatos con posibilidades de ganar estaban comprometidos con programas económicos suicidas. Parecería que a partir de la victoria en las urnas de la Alianza la forma de pensar de algunos dirigentes políticos ha cambiado, pero aunque sean muchos los que ya son conscientes de la necesidad de evolucionar con los tiempos, abandonando viejas «verdades» o «doctrinas», que se han desactualizado, pocos se sentirán lo bastante seguros de sí mismos como para decirlo en público sin ambages, sobre todo en un período preelectoral. Por eso, es probable que antes de que finalmente se hayan celebrado las elecciones asistamos a una recaída generalizada en la demagogia partidaria, desgracia que no nos ayudaría en absoluto porque, al fin y al cabo, la crisis económica continuará evolucionando conforme a su propio cronograma que, huelga decirlo, será muy diferente del supuesto por el calendario electoral.

Además de anotarse más puntos fáciles a costa de la UCR, los peronistas quieren asegurar que las provincias que gobiernan sigan recibiendo sin recortes los fondos de «coparticipación» previstos, aunque saben muy bien que entre los motivos por los que «desde enero De la Rúa no cumplió con las condiciones del blindaje y gastó mil millones de más de aquello que estaba autorizado a gastar», como señaló Ruckauf, estaba su incapacidad para resistir las presiones de los gobiernos provinciales. En efecto, una de las causas fundamentales de la quiebra que se ha producido consiste precisamente en que las elecciones escalonadas de 1999 crearon una situación política perversa, con buena parte del interior del país dominado por la oposición, en que la irresponsabilidad fiscal sistemática podría parecer muy tentadora a dirigentes provinciales deseosos de ufanarse de su propia sensibilidad contrastándola con la mezquindad ajena. Los que se entregaron con más entusiasmo a este juego incluyen a Ruckauf que se había propuesto obligar al gobierno aliancista a financiar su campaña presidencial, estrategia que, además de debilitar al país en su conjunto, parece destinada a resultarle contraproducente.


Con las elecciones de octubre ya tan cercanas, es natural que distintos líderes peronistas hayan comenzado a disparar contra el gobierno con municiones de grueso calibre, achacándole la plena responsabilidad por todos los males del país. También tiene su lógica política el que el atribulado gobernador bonaerense Carlos Ruckauf haya procurado endosar sus muchos problemas al presidente Fernando de la Rúa, acusándolo de haber llevado a la Argentina a "la quiebra" gracias a su manejo nada exitoso de las finanzas nacionales. Con todo, en vista de la situación actual del país, la decisión de los referentes principales del PJ de iniciar las hostilidades electorales plantea muchos riesgos. No es que al país le conviniera ahorrarse un debate político a fondo sobre su situación actual -por el contrario, sería muy saludable que uno se celebrara-, es que tanto aquí como en el resto del mundo las campañas electorales raramente sirvan para aclarar mucho porque los contrincantes, manipulados por "asesores de imagen" contratados que privilegian las impresiones por encima de la verdad o la razón, suelen limitarse a intercambiar lemas rudimentarios que, lejos de contribuir a hacer más comprensible la realidad, propenden a reemplazarla por esquemas tan maniqueos como caricaturescos.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora