Tiempos bravos para ser pionero en el Neuquén antiguo

Los primeros pobladores de Neuquén vivían en carpas. Debieron afrontar temperaturas de 14 grados bajo cero y vientos de arena que tapaban por completo las precarias viviendas.

Los presos alojados en la  unidad penitenciaria fueron convocados para despejar las puertas y ventanas de las construcciones. (FOTO: Museo Paraje Confluencia/Archivo Histórico Municipal)

Los presos alojados en la unidad penitenciaria fueron convocados para despejar las puertas y ventanas de las construcciones. (FOTO: Museo Paraje Confluencia/Archivo Histórico Municipal)

Es habitual ver publicaciones periodísticas que dan cuenta de los estragos que producen las tormentas y el viento al pasar por estas tierras patagónicas. Partes de techos y postes volando por el aire y el agua apoderándose de viviendas, son postales que ya no sorprenden a nadie.

Pero tampoco son acontecimientos climáticos solo atribuibles a los tiempos modernos. Para corroborarlo solo hace falta pensar en los pobladores de la Confluencia asentados a principios de 1900.

Vamos entrando en situación. Muchas familias recién llegadas vivían los primeros años en carpas, las temperaturas en invierno no superaban los 12 o 14 grados bajo cero y el viento azotaba a más de 120 kilómetros por hora sobre una superficie completamente cubierta de médanos, lo que dejaba como imagen urbana precarias viviendas completamente cubiertas de arena y familias sin poder salir al exterior.

El museo Paraje Confluencia rescató crónicas publicadas por diarios de la época que dan cuenta de lo difícil que fue pelearle a la Confluencia patagónica.

“Los estragos del viento: los destrozos causados por el fuerte viento reinante va adquiriendo día a día mayores proporciones sin que al parecer tenga fin este mal tiempo. En la cárcel se llevó tres garitas, volteando además el foco de luz con su correspondiente palo sostenedor, los techos de muchas casas de la localidad están en muy malas condiciones siendo numerosas las voladuras de chapas de zinc, (…) en las chacras y quintas dicen que los destrozos son incalculables”, relata una de ellas.

La acumulación de arena en las paredes y puertas de las casas impedía a sus ocupantes salir de las mismas. La solución inmediata fue mandar cuadrillas de presos a sacar la arena con palas. Mientras que el recientemente creado Concejo Municipal (1906) inició la construcción de veredas y plantación de árboles para mitigar el problema”, agrega otra.

Los recopiladores del museo de la ciudad, recuerdan además que mientras que el frío condicionaba la vida de los habitantes, en 1904, durante el traslado de la capital, sólo existía una construcción de ladrillo, las personas recién llegadas vivían en carpas, lo que generaba que sufrieran en los meses de frío”.

“Vivíamos con un frío tremendo por que en aquel entonces doce o catorce grados bajo cero era muy normal. Había unas nevadas tremendas y nosotros con unas casas precarias hechas de puro cemento que cuando empezaba el frío, se congelaban”, se rescatara de otro escrito.

Los relatos y crónicas periodísticas corresponden a publicaciones de la Universidad Nacional del Comahue y de libros de Ángel Edelman, entre otros. Hoy también están a resguardo en el Museo Paraje Confluencia.


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