La capital de Neuquén no tenía tierras propias donde instalarse

El Estado se las compró en un remate, al terrateniente Casimiro Gómez. El español las había obtenido como forma de pago por la venta de sus productos al ejército de la Campaña del Desierto.

La tierra concentrada en pocas manos. (FOTO: Museo Paraje Confluencia)

La tierra concentrada en pocas manos. (FOTO: Museo Paraje Confluencia)

Cuando se habla del nacimiento de la capital de Neuquén, inmediatamente vienen a la mente imágenes del puente carretero sobre el río Neuquén, la estación del ferrocarril y un pequeño caserío alrededor.


Sin embargo, hay historias anteriores que dan cuenta de lo que fue necesario hacer para que finalmente se produzca el traslado de la administración de gobierno desde Chos Malal.

Cuando se construye una vivienda, lo primero que se requiere es contar con un terreno donde levantarla. Y con la capital pasó lo mismo. Por allá, por fines de 1800, el Estado nacional no tenía tierras por estas latitudes y “solía aceptar donaciones de terrenos cercanos a las localidades de sus proyectos, indemnizando a sus dueños para no expropiar predios”, se rescata de los archivos históricos que guarda el museo Paraje Confluencia, de la ciudad de Neuquén.


Por aquellos tiempos, se daba una situación sobre la propiedad de la tierra que continuó repitiéndose a los largo todas las épocas. Mucha extensión territorial en manos de unos pocos.


Y aquí entra en escena un protagonista esencial, Casimiro Gómez, un español que radicado en Argentina, desarrolló su fortuna y posición social gracias a su talabartería y otros negocios inmobiliarios que tenía en diferentes puntos del país.


El ejército encargado de la Campaña del Desierto le compraba monturas y equipajes para sus tropas. “Este proveedor obtuvo inmuebles como parte de pago por la venta de sus productos al ejército de la Conquista del Desierto. Por ello el 80 % de los predios aledaños al ferrocarril del Paraje Confluencia fueron de su dominio”, relatan las crónicas históricas.

Estación del ferrocarril, el punto de origen de Neuquén. (FOTO: Museo Paraje Confluencia)


A lo largo de los más de cien años de la capitalidad del entonces Paraje Confluencia, las versiones se dividen sobre la participación de Casimiro Gómez en el desarrollo de estos territorios. Algunas crónicas lo mencionan como el generoso terrateniente que donó sus propiedades para que se trasladara el gobierno. Otras dan cuenta de que hubo un proceso de compra-venta.


Sin ánimo de emitir juicios de valor sobre Gómez, los archivos que se mencionan aquí relatan que “así es como el gobernador obtiene importantes hectáreas para concretar el traslado de la capital. El procedimiento de adquisición de tierras consistió en ofrecerlas en un remate público a partir de 1885. La hectárea se vendía a $1, posteriormente el precio se aproximaba a $600. Los gastos de mensura y escritura estaban a cargo del Estado”.


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