Timerman se confunde

Redacción

Por Redacción

El canciller Héctor Timerman tiene motivos personales para sentirse enojado con el gobierno de Estados Unidos, ya que fue debido a su presunta proximidad a los miembros más eminentes del Partido Demócrata, ahora oficialista, que ha sido tan asombrosamente exitosa su aún breve carrera diplomática, pero no pudo ni prever ni explicar la decisión de sus “amigos” del Departamento de Estado de excluir la Argentina de la gira latinoamericana del presidente Barack Obama. Cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sorprendió a muchos nombrándolo para encargarse de las relaciones de nuestro país con el exterior, la mayoría lo tomó por una señal de que deseaba acercarse a Estados Unidos, pero a juzgar por su conducta, Timerman está decidido a ampliar la brecha que nos separa del “imperio” que, si bien parece un tanto alicaído últimamente, sigue siendo el país más rico y más poderoso del mundo. También tiene motivos Timerman para querer hundir al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, antes de que su eventual candidatura presidencial haya tomado vuelo, ya que en tal caso podría erigirse en un rival peligroso de Cristina si opta por intentar ser reelegida. Así y todo, tanto la falta de experiencia de Timerman como su costumbre de comentar jocosamente, aprovechando a menudo la red social Twitter, sobre la actualidad, con el propósito de denigrar a los adversarios de la presidenta sin preocuparse por las consecuencias de sus palabras, hacen de él una bomba de tiempo ambulante que en cualquier momento podría estallar. Es lo que acaba de suceder al intentar el canciller matar dos pájaros de un tiro, acusando a Estados Unidos de enseñar a torturar, además de familiarizarse con “técnicas golpistas”, a integrantes de la Policía Metropolitana de Macri. Según Timerman, un supuesto experto en temas norteamericanos, la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (ILEA, por sus siglas en inglés) en El Salvador es una versión apenas modificada de la Escuela de las Américas de otros tiempos, en que militares latinoamericanos que más tarde protagonizarían dictaduras fueron instruidos por especialistas estadounidenses, pero por fortuna parece que éste dista de ser el caso. La ILEA fue fundada por el entonces presidente Bill Clinton en 1995 con el objetivo de coordinar los esfuerzos de las instituciones policiales de los países democráticos por “combatir el tráfico de drogas, la criminalidad y el terrorismo internacionales”. Aunque es de suponer que algunos que asisten a los cursos aprueban el uso de métodos nada ortodoxos, la ley norteamericana prohíbe que las academias subsidiadas por el gobierno reivindiquen prácticas reñidas con el respeto por los derechos humanos. Es natural, pues, que las acusaciones formuladas a la ligera por nuestro canciller hayan causado tanta extrañeza en Estados Unidos, ya que de tomarlas en serio la Comisión Europea, las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, además de la administración de Obama, estarían a favor de la tortura. Asimismo, Timerman parece ignorar que efectivos de la Policía Federal y la Bonaerense asisten a la ILEA con el aval del gobierno nacional y del provincial y que entre sus compañeros de estudios están otros procedentes de países innegablemente democráticos como Chile y Brasil, de suerte que fue francamente absurdo de su parte intentar hacer pensar que Macri se ha propuesto rodearse de torturadores golpistas. Por lo demás, brindó a los contrarios al gobierno de la presidenta Cristina una oportunidad inmejorable para contraatacar, una que en seguida aprovechó el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que, luego de calificar de “payasadas” las declaraciones del canciller, dijo que “no está en condiciones profesionales ni anímicas de ejercer el cargo que ocupa”. Tiene razón el vocero macrista. La locuacidad irrefrenable de Timerman desprestigia no sólo el gobierno nacional sino también al país al provocar incidentes diplomáticos que no tienen ningún sentido. Si bien siempre ha sido notoria la propensión de los kirchneristas a subordinar absolutamente todo a sus propios intereses políticos internos, convendría que respetaran ciertos límites, ya que, nos guste o no, lo que piensa el resto del mundo de nuestro gobierno no carece de importancia.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 6 de febrero de 2011


El canciller Héctor Timerman tiene motivos personales para sentirse enojado con el gobierno de Estados Unidos, ya que fue debido a su presunta proximidad a los miembros más eminentes del Partido Demócrata, ahora oficialista, que ha sido tan asombrosamente exitosa su aún breve carrera diplomática, pero no pudo ni prever ni explicar la decisión de sus “amigos” del Departamento de Estado de excluir la Argentina de la gira latinoamericana del presidente Barack Obama. Cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sorprendió a muchos nombrándolo para encargarse de las relaciones de nuestro país con el exterior, la mayoría lo tomó por una señal de que deseaba acercarse a Estados Unidos, pero a juzgar por su conducta, Timerman está decidido a ampliar la brecha que nos separa del “imperio” que, si bien parece un tanto alicaído últimamente, sigue siendo el país más rico y más poderoso del mundo. También tiene motivos Timerman para querer hundir al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, antes de que su eventual candidatura presidencial haya tomado vuelo, ya que en tal caso podría erigirse en un rival peligroso de Cristina si opta por intentar ser reelegida. Así y todo, tanto la falta de experiencia de Timerman como su costumbre de comentar jocosamente, aprovechando a menudo la red social Twitter, sobre la actualidad, con el propósito de denigrar a los adversarios de la presidenta sin preocuparse por las consecuencias de sus palabras, hacen de él una bomba de tiempo ambulante que en cualquier momento podría estallar. Es lo que acaba de suceder al intentar el canciller matar dos pájaros de un tiro, acusando a Estados Unidos de enseñar a torturar, además de familiarizarse con “técnicas golpistas”, a integrantes de la Policía Metropolitana de Macri. Según Timerman, un supuesto experto en temas norteamericanos, la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (ILEA, por sus siglas en inglés) en El Salvador es una versión apenas modificada de la Escuela de las Américas de otros tiempos, en que militares latinoamericanos que más tarde protagonizarían dictaduras fueron instruidos por especialistas estadounidenses, pero por fortuna parece que éste dista de ser el caso. La ILEA fue fundada por el entonces presidente Bill Clinton en 1995 con el objetivo de coordinar los esfuerzos de las instituciones policiales de los países democráticos por “combatir el tráfico de drogas, la criminalidad y el terrorismo internacionales”. Aunque es de suponer que algunos que asisten a los cursos aprueban el uso de métodos nada ortodoxos, la ley norteamericana prohíbe que las academias subsidiadas por el gobierno reivindiquen prácticas reñidas con el respeto por los derechos humanos. Es natural, pues, que las acusaciones formuladas a la ligera por nuestro canciller hayan causado tanta extrañeza en Estados Unidos, ya que de tomarlas en serio la Comisión Europea, las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, además de la administración de Obama, estarían a favor de la tortura. Asimismo, Timerman parece ignorar que efectivos de la Policía Federal y la Bonaerense asisten a la ILEA con el aval del gobierno nacional y del provincial y que entre sus compañeros de estudios están otros procedentes de países innegablemente democráticos como Chile y Brasil, de suerte que fue francamente absurdo de su parte intentar hacer pensar que Macri se ha propuesto rodearse de torturadores golpistas. Por lo demás, brindó a los contrarios al gobierno de la presidenta Cristina una oportunidad inmejorable para contraatacar, una que en seguida aprovechó el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que, luego de calificar de “payasadas” las declaraciones del canciller, dijo que “no está en condiciones profesionales ni anímicas de ejercer el cargo que ocupa”. Tiene razón el vocero macrista. La locuacidad irrefrenable de Timerman desprestigia no sólo el gobierno nacional sino también al país al provocar incidentes diplomáticos que no tienen ningún sentido. Si bien siempre ha sido notoria la propensión de los kirchneristas a subordinar absolutamente todo a sus propios intereses políticos internos, convendría que respetaran ciertos límites, ya que, nos guste o no, lo que piensa el resto del mundo de nuestro gobierno no carece de importancia.

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