Todos indignados contra el Rey



Los escándalos que han afectado a la monarquía española, llevando al Rey por primera vez a pedir perdón, han erosionado su imagen, que la institución tiene que recomponer para mantener expedito el camino de la sucesión, en un país donde la Familia Real ha dejado de ser tabú.

“Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”, se disculpó, en un gesto inédito, el Rey Juan Carlos el miércoles al salir del hospital, donde fue operado de una fractura de cadera que se produjo en una cacería en Botsuana, la cual, al conocerse, había levantado una ola de indignación en España, azotada por una grave crisis económica.

“El Rey ha hecho muy bien porque era preocupante que en la opinión pública se calificara su comportamiento como un tanto frívolo: en un momento en que hay cinco millones de desempleados, se va a cazar elefantes”, explica Antonio Torres del Moral, catedrático de Derecho Constitucional y experto en la monarquía española.

Tradicionalmente bien considerado como uno de los artífices de la democracia en España y percibido como campechano y cercano por los españoles, Don Juan Carlos sufrió un rudo golpe con este incidente, al reflejar, de repente, una imagen de despreocupación, ante la que ha sabido reaccionar con unas bien acogidas disculpas.

El Rey “o pedía perdón y trataba de recuperar la empatía con buena parte de la sociedad española, o la monarquía corría, esta vez, sí, un serio peligro”, escribió José Antonio Zarzalejos en la publicación digital El Confidencial.

“La cuestión no era rescatar al Monarca de un estado de opinión muy crítico difícilmente reversible -aunque sí matizarlo- sino evitar hipotecar el futuro de Don Felipe y, por lo tanto, de la institución”, añadió Zarzalejos.

“Era necesario decir algo”, asegura el historiador Angel Bahamonde, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, porque “la monarquía está, probablemente, en sus horas más bajas desde la muerte del general Franco (en 1975)”, a los ojos de una opinión pública sobre la que reposa en buena parte la fortaleza de la institución, a través de la buena percepción de Don Juan Carlos.

En España, “hay más +Juancarlistas+ que monárquicos porque al Rey se le reconoce un prestigio, una +autoritas+ por el motor de la transición política (de la dictadura a la democracia, ndlr) que fue”, explica Torres del Moral.

“Ahora corresponde a la Casa Real decir: +bueno, estamos aquí, esto ha sido un incidente, podemos seguir haciendo un servicio al país+”, dice el sociólogo Fermín Bouza, convencido de que la monarquía, si quiere perpetuarse, debe poner en marcha un plan para recuperar su imagen, dañada no sólo con el incidente del Rey, pero sobre todo por la imputación de su yerno en un caso de corrupción.

La implicación de Iñaki Urdangarín, esposo de la Infanta Cristina, en un caso de desvío de fondos públicos, en diciembre pasado llevó a la Casa Real a iniciar una incipiente apertura con la publicación de sus cuentas por primera vez desde 1975.

Según la prensa española, en esta iniciativa de transparencia fue protagonista el heredero de la Corona española, el Príncipe Felipe, quien en los últimos años ha ido tomando más responsabilidades y que, sin el capital político de su padre, probablemente es consciente de que tiene que trabajar duro para legitimarse.

“En absoluto lo tiene fácil para ser rey, con este escenario de un país republicano, que sólo acepta la monarquía, cuando se da en la persona como Juan Carlos lo fue, funcional y práctica para resolver problemas”, advierte Bouza.

Con cada vez más jóvenes nacidos en democracia y para los que la Transición, en la que Don Juan Carlos se “ganó” la Corona a los ojos de los españoles, está cada vez más lejos, “el pensamiento republicano avanza y se considera como una alternativa perfectamente lógica”, insiste Bahamonde.

Felipe VI “probablemente reinará”, pero “el debate monarquía-república ya está abierto y se intensificará en un futuro”, concluye ese historiador. (AFP)


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