Tomaron de rehén a una familia de gitanos
Fueron dos asaltantes muy bien vestidos, oriundos de Buenos Aires.
NEUQUEN (AN).- Dos delincuentes oriundos de Buenos Aires tomaron como rehén a una familia de gitanos, en un intento de asalto, y se entregaron después de una tensa negociación con la policía. Resultó un hecho inédito en la provincia, que se resolvió con rapidez y sin que se registraran lesionados.
Ocurrió ayer alrededor de 10.30 en Primeros Pobladores al 1.300, donde una rama de la familia Costich tiene su vivienda y autoparque. Provocó una conmoción en la zona; cientos de curiosos se acercaron a observar el cerco policial, que se extendió por toda la manzana con tiradores apostados en lugares estratégicos.
Al parecer los delincuentes se presentaron en el autoparque de Walter Costich simulando su interés por adquirir un vehículo. Estaban bien vestidos, uno de ellos hasta con corbata.
Enseguida exhibieron sus verdaderas intenciones: con sus armas intimidaron al comerciante y se metieron en la vivienda.
«Le apuntaron a la cabeza a mi tío y mi tía para que se quedaran quietos», relató Javier Costich, sobrino del dueño de casa.
En un descuido, uno de los integrantes de la familia llamó por teléfono a un vecino y desde allí dieron aviso a la comisaría departamental Segunda. Su jefe, comisario inspector Adrián Ambrosio, indicó a «Río Negro» que «la primera noticia que tuvimos fue que había un problema en esa casa, no nos hablaron de un asalto».
Una patrulla encabezada por el oficial principal Muñoz se acercó a la vivienda y desde adentro las víctimas le avisaron que los estaban robando. Una versión indica que en ese momento dos de los ladrones escaparon por los fondos y otros dos quedaron en el lugar con la familia de rehén.
«Tomaron a dos hombres, dos mujeres, dos chicos de 15 y 16 años y una nena de un año y medio», señaló Ambrosio.
El principal Muñoz empezó a dialogar con los delincuentes mientras pedía refuerzos. Empezaron a llegar al sector los grupos especiales, del departamento Delitos, miembros de la plana mayor y un mediador entrenado para intervenir en este tipo de crisis.
El primer pedido de los asaltantes fue que la policía se alejara y «que les dieran varias cuadras de ventaja para poder escaparse», manifestó el jefe policial consultado.
Después cambiaron sus exigencias: que se presenten el juez, el fiscal, y que les entreguen chalecos antibala.
El fiscal de Robos, Ignacio Cano, asistió al lugar. Mientras, siguió la conversación con el mediador policial. «Fue todo tranquilo, con la tensión lógica por el momento que se vivía», indicó Ambrosio.
Después de una hora, los individuos depusieron su actitud. Entregaron dos pistolas: una 9 milímetros y otra calibre 38, ambas con el cargador completo. Y fueron dejando salir a los rehenes de a uno, hasta que se quedaron sólo con el dueño de casa.
Al final se entregaron a la Policía, con las manos en alto, y de inmediato los trasladaron a la comisaría Segunda.
«Son dos personas de Buenos Aires, y estamos buscando a los presuntos cómplices y el automóvil de apoyo que seguramente tenían», dijo el comisario a «Río Negro».
Resaltó que «la crisis se resolvió con rapidez, en apenas una hora, sin violencia y sin lesionados. Tenemos hecho un curso para atender este tipo de situaciones, con mediadores entrenados, y dio resultado».
«Vamos a empezar a armarnos»
NEUQUEN (AN)- «No podemos permitir que estos chorros entren acá a cada rato como si fuera su casa. Vamos a empezar a armarnos», dijeron varios miembros de la familia Costich, indignados por lo que consideran «una rutina: asaltarnos a nosotros».
Todavía tenso por la situación vivida, Javier Costich relató que los delincuentes que los tomaron de rehenes «venían con intenciones de robar, le apuntaron a la cabeza a mi tío y a mi tía para que se quedaran quietos».
Al principio circuló la versión de que el incidente involucraba a dos familias de gitanos con diferencias entre ellas, y también se mencionó un problema de papeles por la compra de un automóvil. Pero con el correr de los minutos se confirmó que se trataba de un asalto.
Aunque el hecho no pasó de un susto grande, la comunidad gitana quedó conmocionada. Varios de sus integrantes dijeron que en los últimos tiempos los asaltos a casas de esa colectividad se volvieron rutina.
«Es una mafia muy grande y parece que es gente vinculada con personas de Buenos Aires. Varios de nuestros parientes pudieron identificar a los dos que se escaparon y son los mismos que ya entraron en otras seis casas más», comentó el sobrino de Costich, quien no quiso dar más precisiones. Otros miembros de la familia, indignados por lo sucedido, aclararon que a partir de ahora comenzarán a portar un arma durante todo el día «porque no podemos permitir que estos chorros entren acá a cada rato como si fuera su casa», dijeron.
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