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Tres mujeres rurales y su lucha al frente de las chacras

En el Día Internacional de la Mujer Rural, Marisa Benedetti, Juana Almazan Cardozo y Norma Durante muestran sus vidas como productoras. Ellas, como tantas, labran la tierra para alimentar a grandes poblaciones y garantizar la seguridad alimentaria.

Con su cabeza escarlata, el cardenal común baja en la tierra que preparan para plantar hortalizas. “Sacale una foto, dónde anda el cardenal, habrá un buen año”, Marisa se queda quieta para no espantarlo. Luego cuenta su vida como productora y su lucha contra el clima, los loteos y las desgracias.

Las mujeres rurales –una cuarta parte de la población mundial– trabajan como agricultoras, labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras. Marisa Benedetti, Juana Almazan Cardozo y Norma Durante, llevan la tierra en su ADN y son ejemplo del sacrificio de millones de mujeres en el mundo.

La chacra de Marisa Benedetti, está en Allen y es horticultora desde siempre. Su día arranca temprano y termina muy tarde, pero nunca se queja. Cree que nació en un surco, porque es hija de productores y lo que hace, la define en cada centímetro de su ser. “Es todo lo que se hacer”, bromea para empezar.

Cuando era chica su familia se dedicaba a la vitivinicultura y después a las verduras. Recuerda esa infancia feliz en la que colaborar con las tareas era un juego. “No es explotación infantil, son actividades que inclinan a las personas a la cultura del trabajo. Así se arranca”, dice.

Entre hortalizas, conoció a su marido, un chacarero que vivía a un par de hectáreas. Juntos, fundaron su propio surco, tuvieron tres hijos, pero él falleció y quedó sola, con su fuerza que es mucha, al frente de todo y con la ayuda de los chicos.

La identidad de Marisa Benedetti tiene como eje su trabajo en la tierra. Foto Emiliana Cantera

“Así somos las mujeres. No podía llorar sobre la leche derramada, tenía que trabajar. Los chicos tenían 13, 11 y 8 años así que había que seguir. Siempre vi a mi madre y aprendí de ella. Hoy, yo me subo a un tractor, pero ella, que en paz descanse, araba con el caballo”, relata.

Con paso firme se levanta para sacar unas flores de un cuadro de pensamientos, conejitos que sumó para la venta. Señala los arados antiguos que su madre comandaba a mano. Cuenta que el trabajo de la mujer rural es duro, se trabaja en la tierra y después en la casa, para la familia.

“Eso sí, no me pesa, siempre me gustó lo que hago. Es un placer ver como plantás, ves nacer, regás, ves los frutos y lo cosechas, es hermoso”, destaca mientras clava la pala en la tierra y saca unas flores pequeñas. Confiesa que las flores son solo un hobby que heredó de su tía, pero lo suyo siempre fue la verdura.

Marisa avanza por la tierra despareja que espera ser plantada y camina hacia los alcauciles, que llegan al final de su temporada. Ahora, compra todo en la plantinera y adelanta bastante tiempo de trabajo, explica. Si se pone una semilla, nace a la par del yuyo, y el yuyo siempre gana, por eso los arranca de raíz.

Marisa, por hobby, también anexó unas flores a sus cultivos. Foto Emiliana Cantera

En algunas épocas, debe contratar a gente para transplantar, pero después maneja todo sola con una mujer que la ayuda. “Es muy buena trabajando, hay un hombre también, pero para el trabajo de malezas, tenemos más paciencia nosotras. Me llevo bien con las mujeres”.

Lo más triste para ella, de estar en la chacra, es cuando el clima juega en contra. Una nube de granizo puede destrozar en minutos todo el sacrificio realizado. Le tocó perder cuadros enteros de cebollas, de verduras, pero siempre salió a flote. Como alienta con ganas, “siempre se zafa”.

“No me pesa, siempre me gustó lo que hago. Es un placer ver cómo plantás, regás y ver los frutos”.

Marisa Benedetti,
productora hortícola de Fernández Oro

Sus hijos cuando están ayudan, pero no eligen la chacra, quieren dedicarse a otra cosa. Es un sacrificio que se hace de domingo a domingo. En verano arranca a las 5 de la mañana, hasta las 11 y de 17 a 22. En invierno se comienza a las 7 y entra a las 20 a la casa. Ella es imparable y con la misma energía que se mueve, defiende lo que hace.

“Te gusta o no te gusta. Acá avanza la urbanización y a nadie le importa, hay que tener poco ingenio para ocupar con un loteo una tierra apta para la producción cuando tenés a menos de 5 kilómetro una barda a la que llevás los servicios y no arruinás tierras productivas”, dispara con bronca y dolor.

Foto: Emiliana Cantera

Esa tierra que da frutos es parte de su identidad y debe dar explicaciones a los nuevos vecinos para poder hacer crecer sus tomates. En el loteo, cuando riega, le dicen que se les inunda, pero ella responde con su misión.

“Lo siento, yo tengo que producir”, dice y asegura que hay planes de que por medio de su chacra pase una calle, pero jura que no va a lotear mientras esté viva. Piensa que, tal vez, las fuerzas le puedan fallar, pero mientras el cuerpo responda bien, es feliz produciendo.

Con 76 años pide igualdad mientras cría ganado

La vida en el campo es sacrificada y más para las mujeres rurales que luchan por políticas inclusivas. Norma Durante es una de las referentes de General Roca que hace tiempo pide que haya un reconocimiento por parte del Estado a la labor que realizan. Considera que afrontan “una situación de invisibilidad terrible” en comparación con los hombres.

Norma Durante pide que haya un reconocimiento a la labor que realizan. Foto: Juan Thomes

A sus 76 años cuida sus 46 vacas y sigue plantando hectáreas de forraje. “Podría vivir de mi retiro como empleada de la policía, pero me gusta estar acá, es sacrificado, me hace feliz y me siento plena”, expresó a Río Negro.

Para ella el Día de la Mujer Rural es muy importante. “Lo celebro trabajando, contribuimos a la soberanía alimentaria, el cuidado del medio ambiente, la erradicación de la pobreza”, sostuvo.
Señaló que “las decisiones políticas en el sector tienen que ver con el patriarcado que sigue en el campo”.

Mujeres en el campo

20%
de los propietarios de tierras en todo el mundo son mujeres. En las zonas rurales, la brecha salarial de género llega al 40%.
3,9%
podría aumentar el PIB mundial con solo reducir la brecha en las tasas de participación de la fuerza laboral entre hombres y mujeres en un 25%.

“Las mujeres en el campo están más discriminadas que en la ciudad, la violencia de género en el campo no es muy visible, en las ciudades hay vecinos que viven cerca, ven y escuchan el maltrato, acá no, estamos más aisladas”, comentó.

Sobre la calle Panamá, pasando el barrio Malvinas, tiene su chacra de 60 hectáreas. Durante años su familia se dedicó a la fruticultura pero al ver que la crisis de la actividad no daba tregua buscó una forma de reinventarse y comenzó con la cría de ganado vacuno.

“Contribuimos a la soberanía alimentaria, cuidar el medio ambiente y a erradicar la pobreza”.

Norma Durante,
productora ganadera y forrajera de General Roca

Primero apostó por las vacas lecheras a través de la raza Holando. Luego, una veterinaria del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria le explicó que los terneros de esta raza son muy buenos para la industria cárnica.

Ahora cuenta con 16 terneros y el resto son madres. “Tenía 20 gallinas, pero un gato montés atacó varias veces, la otra vez encontré pedazos arriba del gallinero”, contó.

Además, tiene cuatro cerdos que “lo vamos hacer chorizo en cualquier momento”, dijo sonriendo. De las decenas de hectáreas con fruta que antes tenía solo le quedan tres con manzanas.

En verano comienza su jornada a las 6.30 y cuando hace frío a las 8. “Apenas arranco tengo que atender a los animales, estoy preparando tierra para seguir sembrando forraje, en otoño ya sembré cuatro hectáreas”, mencionó.

Para Norma, las mujeres en el campo son discriminadas. Foto: Juan Thomes.

A las vacas también las suelta para que se alimenten. “Hay que desparasitar, vacunar, trabajar todos los días, hace cuatro años hicimos la reconversión”, explicó.

Las tierras fueron una herencia de sus abuelos españoles que primero llegaron a Buenos Aires. Cuando ella era una bebé de cinco meses se asentaron en el Alto Valle.

Los años pasaron, pero mantiene su pasión y vigorosidad en el trabajo a tal punto de que todavía usa el tractor cuando es necesario. “Tienen que haber más políticas comprometidas por parte del Estado. Hay muchas colegas mías trabajando, tenemos que hacerle entender a la gente que este trabajo no sólo genera dinero sino satisfacciones, tiene una proyección de futuro”, finalizó.

No hay permiso para el cansancio

Juana Almazan Cardozo era una niña cuando en su Bolivia natal murió su mamá y vio como su papá Pablo, debió afrontar solo el camino que le marcaba la vida. Un día, un poco por decisión propia y otro poco “forzada”, debió dejar la escuela primaria para acompañar en el trabajo agrícola que permitiría mantener al resto de su familia.

Junto a su familia, Juana Almazan Cardozo, pasa largas jornadas en la quinta. Foto: Jorge Tanos

Fue en ese instante que tomó contacto con la tierra y nunca la dejó. La experiencia le contó los secretos de las producciones y se perfeccionó con el correr del tiempo.

En la actualidad, hace más de una década que está radicada en Río Colorado y junto a su esposo Arnoldo, llevan a cabo una buena producción hortícola orgánica, con una excelente calidad.

Desde las primeras horas del día y hasta casi el ocaso pasa el tiempo en parcelas alquiladas para llevar adelante los cultivos. Juana con una azada de mano, con el sol a sus espaldas, recorre centímetro a centímetro, hectáreas completas. Por los surcos, saca la maleza que crece y afecta a sus verduras.

Con un gorro grande, oculta parte de su rostro. Se lo saca solo por segundos, cuando se seca el sudor de la frente o toma un poco de agua y deja a la vista el sacrificio de ser una mujer productora rural. Al mediodía, a la sombra de unos árboles, hay un espacio al aire libre en el que armaron la cocina y al fuego prepara el desayuno o el almuerzo, pare ella, su marido y los chicos.

Sacar malezas es una tarea, que se lleva el día. Foto: Jorge Tanos

Pero el día no termina cuando el sol se esconde. Al llegar a su casa comienza con la rutina de ama de casa y mamá. Hacer la comida, limpiar, lavar ropa y hacer de maestra con las tareas de los chicos. Luego descansa unas horas hasta que vuelva a sonar el despertador y se enfrenta un nuevo día, similar al anterior.

Suele escuchar que a unos 320 kilómetros existe una playa a la que llaman Las Grutas, pero no la conoce, porque “su otro hijo” (así llama a la producción) necesita atención permanente.

“No nos podemos dar el lujo de salir de vacaciones. Las hortalizas necesitan atención todos los días, porque hay que regarlas, sacarles los yuyos. Acá tenemos trabajo todo el año y si un día las descuidamos corremos el riesgo de perder el sacrificio que eso significa. Me gustaría conocerla algún día, pero Dios dirá”, comenta la mujer sin dejar recorrer el cuadro de acelga.

Desde antes de la pandemia, las mujeres rurales enfrentan una sobrecarga de trabajo no remunerado, labores productivas, familiares y domésticas.

sostienen en un comunicado las Naciones Unidas

También, tímidamente cuenta que desde chiquita soñaba ser enfermera, pero no pudo y tampoco pudo terminar la escuela primaria. “Ahora con esto de la pandemia los chicos reciben las tareas al celular y yo los ayudo hasta dónde puedo”.

Insistió en remarcar “Mis hijos están viendo el sacrificio que es ser productor y yo quiero que sigan con esto que heredé de mis abuelos, pero desde otro lugar. Quiero darles un estudio, que sigan una carrera con la producción que les permita no estar tan esclavizado como nosotros y no depender de nadie. Yo no sé hacer otra cosa y no quiero eso para ellos”, confiesa.

Juana en todo momento resalta “desde chica descubrí que esto me hace muy feliz, es lo que amo y no lo cambio por nada, porque la tierra, la naturaleza es sabia y si uno la trata bien, nunca te deja sin comida”, concluye sin detenerse un minuto.

Día Mundial de las Mujeres Rurales

La campaña global “Mujeres rurales, mujeres con derechos” impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO), está en marcha y se prolongará hasta marzo del 2021. Por Argentina coorganiza el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) e incluye temas como covid-19, derechos y autonomía económica, sistemas alimentarios, vida libre de violencia, reducción de brechas.

Foto: Juan Thomes

Las mujeres rurales garantizan la seguridad alimentaria de sus poblaciones y ayudan a preparar a sus comunidades frente al cambio climático. Sin embargo, como señala la ONU, sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como los hombres, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas y mercados.


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