Triste y último adiós a Oscar Niemeyer

En medio de un calor abrasador, autoridades, familiares y amigos despidieron en Río a su ciudadano más ilustre

Redacción

Por Redacción

Río de Janeiro, la ciudad natal del arquitecto Oscar Niemeyer, enterró ayer a su ciudadano más ilustre, al cual sus montañas, olas marinas, ríos y mujeres de curvas generosas inspiraron toda su larga vida. Autoridades, familiares, amigos y ciudadanos desfilaron con emoción ayer a la mañana ante el féretro de Niemeyer, envuelto en la bandera brasileña y rodeado de coronas de coloridas flores en el Palacio de la Ciudad de Río, para despedirse del célebre arquitecto fallecido el miércoles, a 10 días de cumplir 105 años. El entierro fue a la tarde, en medio de calor abrasador –con una sensación térmica de 45 grados– en el cementerio Sao Joao Batista, en Botafogo. El jueves, el arquitecto fue velado con honores de Estado en el palacio presidencial de Planalto en Brasilia, una de sus grandes obras en la capital que ayudó a crear en 1960, y donde su cuerpo fue recibido por la presidenta Dilma Rousseff bajo una salva de aplausos. “Su obra es un reflejo del paisaje de Río, de sus curvas”, dijo el conocido arquitecto brasileño Jaime Lerner al salir del velorio en el Palacio de la Ciudad. “Niemeyer fue uno de los mayores brasileños de todos los tiempos, uno de los pocos a los cuales estaba reserva la eternidad. Ahora con seguridad va a rediseñar la vía láctea”, añadió. El “arquitecto de la sensualidad”, que convirtió el cemento armado en poesía en sus majestuosos edificios futuristas, nunca escondió su amor por su ciudad natal, donde trabajó hasta sus últimos días en su atelier de grandes ventanales curvos frente a la playa de Copacabana. El poeta brasileño Ferreira Gullar, de 82 años, permaneció unos minutos ante el ataúd con tapa de vidrio, que permitía ver el rostro del arquitecto, y no pudo contener sus lágrimas al saludar a su viuda, Vera Lucia Cabrera, de 66 años, que se casó con Niemeyer cuando éste tenía 98 años tras ser su secretaria durante décadas. Niemeyer “tenía una arquitectura poética, introdujo no sólo la curva pero la levedad; sus edificios parecían flotar”, dijo Gullar tras recordar que su poema “Lección de arquitectura” fue compuesto pensando en él. Rousseff inauguró ayer en Brasilia la cumbre del Mercosur con un homenaje al arquitecto y citando una de sus frases: “Tenemos que soñar, sino las cosas no ocurren”.

Imponente despedida en una de sus famosas obras.


Río de Janeiro, la ciudad natal del arquitecto Oscar Niemeyer, enterró ayer a su ciudadano más ilustre, al cual sus montañas, olas marinas, ríos y mujeres de curvas generosas inspiraron toda su larga vida. Autoridades, familiares, amigos y ciudadanos desfilaron con emoción ayer a la mañana ante el féretro de Niemeyer, envuelto en la bandera brasileña y rodeado de coronas de coloridas flores en el Palacio de la Ciudad de Río, para despedirse del célebre arquitecto fallecido el miércoles, a 10 días de cumplir 105 años. El entierro fue a la tarde, en medio de calor abrasador –con una sensación térmica de 45 grados– en el cementerio Sao Joao Batista, en Botafogo. El jueves, el arquitecto fue velado con honores de Estado en el palacio presidencial de Planalto en Brasilia, una de sus grandes obras en la capital que ayudó a crear en 1960, y donde su cuerpo fue recibido por la presidenta Dilma Rousseff bajo una salva de aplausos. “Su obra es un reflejo del paisaje de Río, de sus curvas”, dijo el conocido arquitecto brasileño Jaime Lerner al salir del velorio en el Palacio de la Ciudad. “Niemeyer fue uno de los mayores brasileños de todos los tiempos, uno de los pocos a los cuales estaba reserva la eternidad. Ahora con seguridad va a rediseñar la vía láctea”, añadió. El “arquitecto de la sensualidad”, que convirtió el cemento armado en poesía en sus majestuosos edificios futuristas, nunca escondió su amor por su ciudad natal, donde trabajó hasta sus últimos días en su atelier de grandes ventanales curvos frente a la playa de Copacabana. El poeta brasileño Ferreira Gullar, de 82 años, permaneció unos minutos ante el ataúd con tapa de vidrio, que permitía ver el rostro del arquitecto, y no pudo contener sus lágrimas al saludar a su viuda, Vera Lucia Cabrera, de 66 años, que se casó con Niemeyer cuando éste tenía 98 años tras ser su secretaria durante décadas. Niemeyer “tenía una arquitectura poética, introdujo no sólo la curva pero la levedad; sus edificios parecían flotar”, dijo Gullar tras recordar que su poema “Lección de arquitectura” fue compuesto pensando en él. Rousseff inauguró ayer en Brasilia la cumbre del Mercosur con un homenaje al arquitecto y citando una de sus frases: “Tenemos que soñar, sino las cosas no ocurren”.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora