Un cierre frenético
Scioli-Zannini será la oferta única para la continuidad del modelo inaugurado por Néstor Kirchner.
de domingo a domingo
Las fórmulas para las primarias obligatorias de agosto, que depurarán las candidaturas presidenciales que competirán dos meses después, satisfacen todos los gustos. Mucha hojarasca y tensiones. Idas y vueltas con pasos de comedia frente a una sociedad que a veces parece a punto de explotar y otras marcha hacia los lugares de esparcimiento, sin dejar de atender las penurias cotidianas. Hubo definiciones en el gobierno de Cristina Fernández, que pretende dar continuidad al modelo de confrontación con las corporaciones inaugurado en mayo de 2003. Sin un heredero ponderado de su núcleo duro, se resolvió fortalecer las aspiraciones del moderado y dialoguista gobernador Daniel Scioli, quien llevará como segundo a un numen del kirchnerismo, el secretario Legal y Técnico Carlos Zannini, redactor de las leyes más controversiales de una década que divide opiniones. La sorpresiva designación de Zannini tuvo impactos múltiples. Hacia adentro le provocó un golpe enloquecedor a Florencio Randazzo, quien se preparaba para enfrentar en las PASO a Scioli, al que descalificaba por timorato y complaciente con los poderes concentrados. “Presidente o nada”, pontificaba el ministro de Transporte, eficaz gestor de los DNI, pasaportes y la modernización de los ferrocarriles. La “conductora” le ofreció, en un trámite enojoso, ser el único candidato para la gobernación de Buenos Aires acompañado por el fiel camporista Eduardo “Wado” De Pedro, quien ahora se prueba el traje para ir a la Cámara de Diputados. Pero Randazzo, aun proclamando ser un militante obediente, la desairó y se quedó con las manos vacías. Su negativa, que enfureció al cristinismo y al sciolismo, habilitó la puja en el FpV bonaerense. Hacia fuera, el ascenso de Zannini (“un guardián inteligente”, según la definición del exjefe de Gabinete Alberto Fernández) produjo un revulsivo en la principal fuerza de la oposición, integrada por el Pro, la UCR y la CC. Hubo intentos serios (alentados por el “círculo rojo” y algunos dirigentes de peso que se mueven en las sombras) para desactivar la compulsa entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y “Lilita” Carrió. Sin embargo, el hombre que lleva la voz cantante del espacio, el expresidente del popular Boca Juniors, decidió transitar por la “pureza amarilla”. Para lo cual conformó binomio con Gabriela Michetti, con quien se reconcilió tras sucesivos rechazos de la senadora y la rebeldía que la llevó a enfrentarse inútilmente con Horacio Rodríguez Larreta, para pelear el 5 de julio por la jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Macri, quien también se encargó de cortar las alas al líder del Frente Renovador, Sergio Massa –éste afirma por su parte tener una encuesta que le da todavía chances pese a la fuga de intendentes y los reproches de su rival interno, el cordobés José Manuel De la Sota–, corre varios cuerpos delante de Sanz y “Lilita”. Hubo quejas y distanciamientos en el cierre de listas por la falta de espacios y de interactuación. No hubo una ruptura, porque al filo de las negociaciones María Eugenia Vidal, del Pro, aceptó bajar en la provincia a su escolta, el peronista Cristian Ritondo, y colocar en su lugar a Daniel Salvador, titular del comité territorial de la UCR. Para los sectores en pugna, el tembladeral siempre está en otro lado. La puja por los cargos siempre expone las miserias humanas. Margarita Stolbizer, de Progresistas, tuvo que batallar para encontrar un vice. Carrió, excolega de ruta, le pidió “no ser funcional al oficialismo stalinista”. El puntano Adolfo Rodríguez Saá, quiso demostrar amplitud de convocatoria (coqueteó con Massa y De la Sota) pero concluyó integrando una propuesta exclusivamente sanluiseña con Liliana Alegre de Alonso. La sangre no llegó al río en la elección para gobernador en Santa Fe, pero a más de una semana no se sabe quién se hará cargo del Ejecutivo y cómo conciliará con otros partidos, en una provincia jaqueada por el narcotráfico. Las horas de frenesí irradiaron chispas desde la Rosada. Se mostraron eufóricos Scioli y Zannini. Y sobresalieron las caras disgustadas de gobernadores peronistas que se anoticiaban de que Cristina, con la lapicera en la mano, dibujaba los nombres de aspirantes a diputados nacionales de todo el país: los privilegiados fueron los chicos. Sus chicos de La Cámpora, para ella la garantía de que el proyecto seguirá adelante. Scioli, hasta aquí permeable en extremo a las órdenes y deseos de Cristina, espera la oportunidad para demostrar su carácter y mando. Mandatarios y sindicalistas que lo apoyan sostienen que no será títere de nadie. “Tonto no es. Ya lo demostró con (Gabriel) Mariotto”, expuso uno de sus sostenes del justicialismo tradicional. En la política, como en la vida, los amigos se dicen sinceros. Los enemigos, se ve día a día, lo son mucho más.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar