“Un gobierno sin autoridad moral”
Un gobierno serio y responsable no toma medidas extremas que a la larga terminen perjudicando a los ciudadanos del país. Un gobierno desesperado se aferra a lo extremo porque sabe –presiente– que el poder se le está escapando minuto a minuto, día a día. Los argentinos ya hemos vivido y conocido los resultados de medidas extremas como las que ha resuelto el kirchnerismo en cuanto a los controles de precios. Congelamientos de precios y listas de precios máximos a la vista se fueron perdiendo en la nebulosa del horizonte político de la Argentina. El gobierno no está accionando nada nuevo; lo que está implementando es nada más y nada menos el calentamiento de los ánimos de descontentos que tenemos los argentinos por falta de políticas serias y falta de gobernabilidad de un proyecto que ya ha caducado a lo largo y ancho del territorio nacional. Lo que sí ha logrado y potenciado es la pobreza: miles y miles de argentinos que han sido olvidados por este gobierno que se dice “justicialista”. Esto es síntoma de un estado de anarquía donde cada cual hace su juego. El populismo frecuente está presente en cada uno de los actos de gobierno hablando de inclusión social, de salario universal, de planes sociales por miles, donde no se incentiva el trabajo y el desarrollo por sacrificio digno al ganarse el sustento diario. Con ejemplos de riqueza de funcionarios que ingresaron pobres a la política y en muy poco tiempo de cumplir funciones en el Estado se han transformado en “honorables millonarios”. El poder del Estado comienza a flaquear por los desaciertos y por querer imitar a una Venezuela intransitable democráticamente y a una Cuba desigual y autoritaria. Nuestra Argentina, con recursos para alimentar a la mitad del planeta, no tiene esa visión que le quieren imponer con tiranía y sin respeto por las instituciones, con ideologías que no tienen cabida en esta sociedad acostumbrada a elegir cómo vivir y desarrollarse. Una sociedad inmadura socialmente democrática, pero con conocimiento de todo lo que ocurre en el mundo entero y muy bien informada. En este acto del gobierno comprometiendo a las fuerzas civiles por su incapacidad de gobernar, impulsa con vehemencia a la juventud (La Cámpora), aprovechándose de ella y sus sentimientos, con impermeabilidad ideológica, a cumplir un papel de vigilancia y contralor, papel que debe y tiene que cumplir el Estado. El control de precios hoy será seguramente mañana el control de lo que vestimos, comemos y lo que leemos. Es un gobierno sin autoridad moral, que quiere imponer, porque el respeto simplemente lo perdió en el camino por los actos de corrupción desde el corazón mismo de su existencia. ¿Quién respeta lo impresentable, lo que se aferra a lo ilegal y, desde el poder, se mofa de los más débiles? Es por ello que apela a la juventud que fue preparando ideológicamente en el campo político apenas llegó al poder. Sumado a ello el ego de raza superior e indestructible. Además, con el complemento de técnicas en el manejo de armas de guerra con el ánimo de perpetuarse en el poder. Los poderes del Estado, cuando dejan de ser eficientes –y me refiero al control de precios, a la inflación que ocultan, porque no les da la cara para reconocer el fracaso en el campo económico–, toman medidas extremas que rayan la seguridad pública y la pelea puede ser pobres contra pobres ¡Cuidado! Esta película ya la vivimos los argentinos. Estamos en medio del océano, a la deriva y sin timón. Miguel Ángel Henríquez DNI 10.868.858 Neuquén
Miguel Ángel Henríquez, DNI 10.868.858 Neuquén