“Un sistema arcaico y vergonzoso”

Redacción

Por Redacción

Miércoles 22 de enero del 2014, 3:30 de la madrugada, con una reposera, reproductor de mp3 y mucha paciencia me posicioné en la ya larga cola para realizar los trámites para DNI y pasaporte ante las oficinas del CDR de General Roca. A esa temprana hora yo era la número 17 en la fila (a menos de 20 metros de la puerta de acceso), pues la gente estaba allí desde la 1:10. Había familias con niños menores de 3 años pasando la noche al raso en la calle, así como menores de edad no acompañados y personas mayores. El goteo era constante, una o dos personas cada 3 ó 5 minutos. Pronto éramos más de 100. Entre las 7:30 y las 8:00 llegó un nutrido grupo de mujeres embarazadas y otras con bebés recién nacidos, quienes junto a minusválidos y discapacitados tienen prioridad para realizar sus trámites. Eso, los que estábamos en la cola, no lo sabíamos. Cuando llegaron los funcionarios repartieron 60 números (en un artículo del día 23 de enero decía 80. Esa cifra es incorrecta, yo estaba allí, eran 60) pero daban sólo un número por trámite, no por persona. Delante de mí, además de aquellos que tenían prioridad por sus especiales condiciones, una señora hacía la cola para ella, sus 5 hijas y su esposo (7 números); un muchacho estaba por su esposa y dos hijos (3 números) y así sucesivamente, hasta que cuando llegó mi turno me tocó el número 57. Abunda decir que muchísima gente se quedó sin número, muy disgustada y molesta por haber pasado toda la noche en la calle para nada. Los ánimos estaban caldeados y el malestar era patente, cuando una señora que no había hecho la cola pasó por delante de los que pacientemente habían esperado. La explicación de la funcionaria fue que el día anterior se había caído el sistema a las 12:30 y que esa persona había quedado sin atender. Por supuesto, los que esperaban no creyeron la explicación y hubo una discusión que acabó con la supuesta “colada” llorando y abandonando el CDR. El señor involucrado en la discusión terminó sumamente irritado y la funcionaria llamando a la policía (finalmente se supo que el señor de la cola era policía también). A esta altura queda demostrado lo siguiente: 1) existe más demanda diaria de trámites que los que realiza el CDR; 2) la gente lo pasa muy mal para obtener un número; 3) los funcionarios trabajan a disgusto y bajo una presión insoportable; 4) la utilización de los recursos humanos, tecnológicos e informáticos son ineficaces e insuficientes. Respecto del Pasaporte Express, se supone que se entrega en 48 horas. Nunca se fíen de ello. El costo normal es de $ 400 y se debe pagar un adicional de $ 500 por la celeridad. Me fue entregado el martes 28 de enero, casi una semana después de su tramitación. Otro obstáculo no menor es que al intentar pagar en ventanilla me informaron que el Pasaporte Express sólo puede abonarse con VISA o Mastercard. Yo respondí que vivo fuera del país desde hace 11 años, no tengo cuentas ni tarjetas. A lo que se me respondió literalmente: “buscate alguien que te lo pague”. No contemplan soluciones para casos especiales, ni hay alternativas. Por último, una reflexión simple pero cierta: la administración (en general) está al servicio de los ciudadanos y no a la inversa. Habría que plantearse optimizar las prestaciones utilizando medios informáticos en lugar del actual sistema arcaico y vergonzoso de entrega de números por orden de llegada. En Buenos Aires ya está implementado el sistema de turnos web (http://www.tramites.gob.ar/). Al ver la triste realidad de quienes a diario soportan colas, esperas y frustraciones, no puedo menos que pensar que aquí nunca entramos en el siglo XX (ni hablar del siglo XXI). Verónica Laura Ibáñez DNI 21.387.169 Roca

Verónica Laura Ibáñez DNI 21.387.169 Roca


Miércoles 22 de enero del 2014, 3:30 de la madrugada, con una reposera, reproductor de mp3 y mucha paciencia me posicioné en la ya larga cola para realizar los trámites para DNI y pasaporte ante las oficinas del CDR de General Roca. A esa temprana hora yo era la número 17 en la fila (a menos de 20 metros de la puerta de acceso), pues la gente estaba allí desde la 1:10. Había familias con niños menores de 3 años pasando la noche al raso en la calle, así como menores de edad no acompañados y personas mayores. El goteo era constante, una o dos personas cada 3 ó 5 minutos. Pronto éramos más de 100. Entre las 7:30 y las 8:00 llegó un nutrido grupo de mujeres embarazadas y otras con bebés recién nacidos, quienes junto a minusválidos y discapacitados tienen prioridad para realizar sus trámites. Eso, los que estábamos en la cola, no lo sabíamos. Cuando llegaron los funcionarios repartieron 60 números (en un artículo del día 23 de enero decía 80. Esa cifra es incorrecta, yo estaba allí, eran 60) pero daban sólo un número por trámite, no por persona. Delante de mí, además de aquellos que tenían prioridad por sus especiales condiciones, una señora hacía la cola para ella, sus 5 hijas y su esposo (7 números); un muchacho estaba por su esposa y dos hijos (3 números) y así sucesivamente, hasta que cuando llegó mi turno me tocó el número 57. Abunda decir que muchísima gente se quedó sin número, muy disgustada y molesta por haber pasado toda la noche en la calle para nada. Los ánimos estaban caldeados y el malestar era patente, cuando una señora que no había hecho la cola pasó por delante de los que pacientemente habían esperado. La explicación de la funcionaria fue que el día anterior se había caído el sistema a las 12:30 y que esa persona había quedado sin atender. Por supuesto, los que esperaban no creyeron la explicación y hubo una discusión que acabó con la supuesta “colada” llorando y abandonando el CDR. El señor involucrado en la discusión terminó sumamente irritado y la funcionaria llamando a la policía (finalmente se supo que el señor de la cola era policía también). A esta altura queda demostrado lo siguiente: 1) existe más demanda diaria de trámites que los que realiza el CDR; 2) la gente lo pasa muy mal para obtener un número; 3) los funcionarios trabajan a disgusto y bajo una presión insoportable; 4) la utilización de los recursos humanos, tecnológicos e informáticos son ineficaces e insuficientes. Respecto del Pasaporte Express, se supone que se entrega en 48 horas. Nunca se fíen de ello. El costo normal es de $ 400 y se debe pagar un adicional de $ 500 por la celeridad. Me fue entregado el martes 28 de enero, casi una semana después de su tramitación. Otro obstáculo no menor es que al intentar pagar en ventanilla me informaron que el Pasaporte Express sólo puede abonarse con VISA o Mastercard. Yo respondí que vivo fuera del país desde hace 11 años, no tengo cuentas ni tarjetas. A lo que se me respondió literalmente: “buscate alguien que te lo pague”. No contemplan soluciones para casos especiales, ni hay alternativas. Por último, una reflexión simple pero cierta: la administración (en general) está al servicio de los ciudadanos y no a la inversa. Habría que plantearse optimizar las prestaciones utilizando medios informáticos en lugar del actual sistema arcaico y vergonzoso de entrega de números por orden de llegada. En Buenos Aires ya está implementado el sistema de turnos web (http://www.tramites.gob.ar/). Al ver la triste realidad de quienes a diario soportan colas, esperas y frustraciones, no puedo menos que pensar que aquí nunca entramos en el siglo XX (ni hablar del siglo XXI). Verónica Laura Ibáñez DNI 21.387.169 Roca

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