Una buena noticia en la relación con Uruguay
COLUMNISTAS
La relación bilateral con Uruguay lamentablemente ha sido demasiado penosa a lo largo del gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y, para peor, innecesariamente.
Argentina hizo todo cuanto pudo para asediar y mortificar al país hermano en el plano económico durante una década desalentadora. Las malas noticias respecto de la relación bilateral se acumularon durante años y las tensiones también, sumadas unas a otras, más allá -por cierto- de la clásica retórica con que los políticos procuran esconder -sin éxito- la realidad. Transitamos, es cierto, un largo y absurdo sinfín de fracasos, disputas, desaciertos y desencuentros con el país más parecido a nosotros, el que tiene una historia de muchas páginas compartidas.
De pronto nos llega, sin embargo, una buena noticia; la primera en diez años, por lo menos: hay acuerdo entre los dos países en relación con el dragado del río Uruguay, nada menos, respecto del tramo que va del kilómetro 0 al 206,8, emplazado a la altura de Paysandú. Todo un tirón. Lo convenido esencialmente es que se dragará ahora esa extensión, en conjunto y a medias. Los orientales ya aportaron unos 3,4 millones de dólares, para ayudar a no demorar la puesta en marcha del dragado.
Desde el kilómetro 0 al 187, el dragado se hará hasta los 25 pies; esto es hasta Concepción del Uruguay, ciudad argentina que naturalmente se beneficiará de la mayor profundidad de navegación, que permitirá el acceso a su puerto de buques de mayor calado.
De allí hasta Paysandú la profundidad será algo menor, de 19 pies, lo que no obstante potenciará la capacidad de Fray Bentos como puerto granelero, aliviando la presión que ahora tiene el de Nueva Palmira en lo que precisamente tiene que ver con esa actividad carguera. Todos ganan, queda visto.
Dios quiera que esto sea el comienzo de un sincero cambio de actitud y de conducta. No es posible seguir confrontando, sin razón, con Uruguay. Tampoco es bueno presionar constantemente a un hermano. Lo cierto es que la buena noticia debe aplaudirse sin retaceos. El daño bilateral acumulado debe cesar y ser reemplazado por la buena voluntad recíproca entre ambos gobiernos, no demostrada por nuestro país a lo largo de la última década, una que es para olvidar, desgraciadamente.
Gustavo Chopitea
Analista del Grupo Agenda Internacional
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