Una ley para cumplir la ley

Redacción

Por Redacción

 

Algo funciona mal en una ciudad donde deben sancionarse ordenanzas para hacer cumplir reglas ya establecidas.

La ley nacional de tránsito, a la que esta ciudad adhirió varios años atrás, es concreta y abarcativa.

Sin embargo, Roca continúa sumando normas para intentar hacer de sus calles un universo regido por los principios del orden y el respeto.

El último ejemplo: la disposición que autoriza a los inspectores municipales a quitarle la bicicleta a quienes sean detectados cometiendo una infracción.

Con sanciones que van desde los dos a los diez días de retención del vehículo en los depósitos de la comuna, es claro que el objetivo se centra en conseguir resultados a partir del temor a la mano dura.

Ahora bien, conviene preguntarse qué puede cambiar una ordenanza de estas características en el comportamiento de una persona que ya estaba decidida a pasar por alto leyes preexistentes.

Si había un marco legal, estaban fijadas las sanciones y el cumplimiento era prácticamente nulo, ¿qué habría de modificarse ahora en la conciencia de los usuarios de este medio de transporte?

Es posible que en algunos meses se intente hablar del «éxito» en los controles del municipio a partir de la gran cantidad de rodados secuestrados, sin advertir que un escenario de esa magnitud sólo hablará del fracaso en las políticas de educación vial para los habitantes de esta ciudad.

Cuando el sistema se moviliza por espasmos, como en Roca, más claras son las señales que evidencian el prolongado deambular sin rumbo en la búsqueda de soluciones para el caos de tránsito.

Hoy, siete meses después de la trágica picada en el centro que terminó con la vida de una joven, es imposible decir que aumentaron los niveles de seguridad en la vía pública.

Aumentaron los controles, pero no las garantías.

Los operativos del municipio y la policía sirvieron más para precisar -a partir de las estadísticas- qué tan grave es el problema del tránsito en Roca, pero pocos pasos hacia adelante se dieron para pensar que hay posibilidades de erradicar los malos hábitos al volante.

Las picadas siguen, el Juzgado de Faltas tiene cada vez más actas para resolver y el desafío de los padres -que lejos de ponerse colorados, ratifican ante inspectores y funcionarios que seguirán dándole las llaves a sus hijos- se multiplicó en forma preocupante.

Y este último dato sirve para explicar que el Estado tiene responsabilidades, pero compartidas con un socio mayoritario: los padres.

Por repetido, el tránsito no puede perder lugares en el ranking de temas a resolver si esta ciudad pretende reposicionarse en el mapa de los sitios patagónicos más atractivos para radicar los sueños de prosperidad de una familia.

Este fin de semana con la Fiesta del Estudiante y el próximo con la llegada del TC 2000, instancias propicias para confundir éxito con velocidad, estará más a mano la oportunidad de reflexionar sobre el aporte que puede hacer cada uno a la solución del dilema.

No obstante, para revertir el escenario actual hace falta bastante más.

Un buen primer paso sería consolidar de una vez y después de tantas promesas un plan de acciones planificadas y consecutivas de educación vial.

De esta manera se evitaría también caer en la tentación de creer que la cultura de la prevención ingresa en la mente de las personas simplemente poniendo cara de malo y mostrando los colmillos desde un despacho del municipio.


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora