Una maestra muy normal

El sábado subirá al escenario de La Baita, en Bariloche.

Redacción

Por Redacción

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com

Llega por primera vez a la región el unipersonal “Yo amo a mi maestra normal”, con el actor, humorista, guionista y director Juan Pablo Geretto, historia de uno de los símbolos más ponderados en nuestra sociedad. La cita comienza en Neuquén el viernes, a las 21 y a las 22:45, ambas funciones en el Cine Teatro Español, y sigue el 15 a las 21:30 en el teatro La Baita de Bariloche. Actualmente en “Vecinos en guerra”, Telefe, como Lorenzo Miller y Reina, Geretto se sitúa en un fuerte recuerdo de la niñez: el acto escolar en una primaria pública, conducido por esta particular docente. “…maestra normal” es la tercera obra –antes “Sólo como una perra” y “Como quien oye llover”– escrita e interpretada por Juan sobre sus propias vivencias y búsquedas, como amorosa devolución hacia quienes guiaron los primeros pasos. “…maestra” evidencia las fallas del sistema educativo, su burocracia, la falta de inversión, pero también el valioso rol de maestros, alumnos y padres. Todo con un humor que no apela al chiste con remate sino a recrear gestos, momentos y palabras que traen a la memoria días de guardapolvo y cuadernos bajo el brazo. “Nunca tuve un sueño a cumplir, simplemente sabía que estaba haciendo lo que debía. Y con eso estuve muy contento siempre. El anhelo básico era poder actuar y hacerlo. Ni siquiera me planteé que en algún momento de mi vida iba a ser permanente. O un trabajo, siquiera… Te diría que hoy tengo el mismo pensamiento. Hago algo, después pasan un año, dos, veinticinco más o menos. Generalmente, pienso si me siento bien donde estoy, contento y feliz. La verdad es que cuando esa ecuación me da, viene más laburo. Sucede así. Yo creo en eso” “De repente se presentó un día en el colegio, una compañía de teatro que buscaba niños actores para completar un elenco y yo no recuerdo si fui el único en presentarse o el que quedó después de una prueba. Sí que decidí ir… Allí descubrí que me gustaba pertenecer a ese equipo. Tal vez si hubiera aparecido uno de boy scout, y me hubiera gustado el grupo, hoy sería scout (ríe Juan Pablo). Yo nunca me sentí de paso, sino donde tenía ganas, en el lugar correcto. Que no debía ir a otra parte. –La obra que vas presentar esta semana en Neuquén y Bariloche, lo dijiste, permanece en la consideración del público, aspecto más que interesante dentro de la fugacidad de la profesión. –Cierto, sí, pero ¿sabés que tengo sentimiento encontrado al respecto? Con “…maestra”, cuyo discurso, con el paso de los años, se fue solidificando y demás, me da mucha alegría poder hacerlo. Me da de comer y alimenta mi espíritu. Pero, por otro lado, me pone algo triste que siga vigente. Hace poco más de una década y media que hago este personaje –el espectáculo es más joven– y que permanezca intacto me consterna un poco. No me alegra desde ese ámbito. Sí porque siento que aporto un grano de arena a la educación, según yo la veo desde el punto de vista artístico. Si no tendría que meterme en política, pero no lo sé hacer ni quiero. La ejerzo desde ahí, digamos. Duele saber que el discurso sigue siendo actual por lo poco que ha cambiado el apoyo a la educación. Imagino que ningún docente trabaja con la esperanza de ser rico, de hacer fortuna, de concretar alguna aspiración económica. Hay que tener mucha voluntad, amor, servicio… y supongo que se horadan los sueños en este tipo de estructuras.


Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com

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