Una nueva vidriera

El nuevo polo Pro-UCR-CC espera superar dificultades y elaborar un programa republicano. “Se hace para dejar atrás lo peor del peronismo”, sintetizan componentes del radicalismo. Para las PASO, Macri aventaja con claridad a Sanz y a Carrió se le asigna un rol de transparencia.

Por Redacción

DE DOMINGO A DOMINGO

Tras la impactante confirmación de que Mauricio Macri, Ernesto Sanz y “Lilita” Carrió competirán en agosto en internas abiertas y simultáneas para determinar el candidato presidencial del conglomerado no peronista (aunque integre también a algunos dirigentes de esa extracción), las segundas líneas empezaron a reunirse para establecer un “programa republicano básico” y conformar listas únicas de legisladores nacionales en todos los distritos.

Se camina con pie de plomo, pues se trata de aventar cualquier semejanza con la alianza de 1999 entre Fernando De la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez, que derivó en la crisis del 2001.

El acuerdo se asienta en la popularidad de Macri, del Pro; en el singular liderazgo de Sanz quien, tras lograr el apoyo de la Convención nacional del radicalismo, busca contener ahora a los descontentos; y en el sustento fiscalizador de Carrió, la que más bregó por cerrarle el paso a Sergio Massa, del Frente Renovador.

El nuevo espacio requiere de ajustes. Ante las insinuaciones de cogobierno, Macri se vio obligado a aclarar que se respetarán las identidades partidarias, que no llevará a un vice radical y que no habrá “repartija de cargos”, pese a que reveló su intención de “llamar a los mejores” para integrarlos a un eventual gabinete con él como presidente.

Los radicales recogieron el guante y empezaron a hablar de convergencia, sin dejar de hacer notar que un triunfo de Sanz habilitaría a una coalición similar a la que existe en Chile. El mendocino asegura que convocará a sus aliados, no en la medida de los votos que obtuviesen sino en función de la necesidad y oportunidad. Lo hizo después de que Macri advirtiera que no está dispuesto a enredarse en las “estériles” discusiones entre radicales. “El que gana gobierna con libertad y los demás acompañan”, fue tajante.

Uno de los negociadores de la UCR, el exintendente porteño Facundo Suárez Lastra, se esfuerza en poner a salvo las contradicciones señalando que la Argentina es un país presidencialista y que, de consolidarse la coalición, quien esté al frente del Ejecutivo deberá ejercer un liderazgo sin cortapisas, con un Parlamento con proyectos convergentes.

“Hay concepciones, tradiciones y sensibilidades diferentes, pero una firme voluntad de concentrar a las principales fuerzas de la oposición para reemplazar al kirchnerismo y desarrollar cambios imprescindibles. Al presidente hay que darle los mayores poderes posibles para que pueda mandar con autoridad, y no condicionarlo con pedidos de puestos”, sintetizó el otrora miembro de la Junta Coordinadora Radical, de orientación alfonsinista.

Es cierto que hay miradas diferentes y complejidades, ya que hay postulantes que protestan y reniegan del macrismo, entre ellos Ricardo Alfonsín, hijo del extinto expresidente, y Gerardo Morales.

“Todos somos conscientes de que hay que garantizar la gobernabilidad”, apuntan en el Pro, dispuestos a darles aire a radicales con chances de acceder al mando de las provincias. “Hasta Morales (inclinado por Massa) está aflojando y podemos salir airosos en Santa Cruz, Chaco, Neuquén, Córdoba, Tucumán, Formosa, Mendoza y Jujuy”, expresan colaboradores de Sanz.

“Hay que unificarse para cruzar a lo peor del peronismo”, aseguran.

“El peligro de división se disipó. En quince días resolveremos los problemas pendientes y Massa deberá ser consciente de la polarización”, confía Suárez Lastra.

Macri, Sanz y Carrió preparan una aparición conjunta. “Todavía hay que limpiar un poco, pero el camino está despejado para ir a una segunda vuelta”, expresa conforme un portavoz de “Lilita”.

Barranca abajo en los últimos quince años, el radicalismo siente que vuelve a ser determinante en la política local. Si bien reconoce el peso territorial del partido y el potencial de Sanz (muy distinto al carismático Raúl Alfonsín y al opaco De la Rúa), acepta la inserción en las clases medias y populares del extitular de Boca.

“Sanz consiguió darle a la UCR volumen y un rumbo, lo que lo pone en buena situación, no de igual a igual con Macri pero sí con una visión optimista y de crecimiento”, indican en la sede del Comité Nacional de Alsina y Entre Ríos.

“¿Usted cree que Sanz puede dar el batacazo?”, preguntó “Río Negro” a uno de los articuladores radicales. “Hoy, no creo. Sanz mide un tercio de lo que tiene Macri”, se sinceró.

Sanz siempre dijo que no aspiraba a ser vicepresidente de nadie. No descarta, empero, ser jefe de gabinete de ministros, dentro de un proyecto amplio, del que no marginaría a sus amigos del alicaído Partido Socialista de Hermes Binner.

Tanto los radicales como los seguidores de Macri temen una salida intempestiva de Carrió que haga explotar las excelentes expectativas. Es un riesgo que corren, pero la tienen incorporada como una garantía de transparencia, moralidad y ética.

En el gobierno de Cristina Fernández, con su proceso doméstico en defensa del “proyecto”, hay preocupación por el nuevo eje alternativo y goce por la licuación que sufre Massa.

El viernes, desde El Calafate, Cristina alertó de que la responsabilidad de lo que pase en la Argentina será de los 40 millones. “Todos somos conocidos, hemos tenido actuación. Lo que hay está en la vidriera. Nadie ha estado de licencia en los últimos 30 ó 40 años… no se admiten devoluciones”, proclamó. En un claro mensaje hacia dentro y fuera del Frente para la Victoria.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar