“Una reina holandesa nacida en la Argentina”

Redacción

Por Redacción

El martes 30 de abril –como tantas otras veces en que presencié actos relevantes de argentinos en el exterior– celebré que Máxima se convirtiera en reina consorte de Holanda. Su clase, el esfuerzo sostenido, su inteligencia, además del manifiesto amor por su esposo, la ubicaron legítimamente en ese rol de privilegio. En efecto, la reina Máxima es una destacada economista egresada de la UCA. Con el título bajo el brazo, en 1996 se radicó en Nueva York, mudanza que le cambió la vida. En la “gran manzana” trabajó en el banco HSBC, como vicepresidenta de ventas institucionales latinoamericanas, hasta marzo de 1998. Luego, hasta agosto de 1999, fue vicepresidenta del departamento de mercados emergentes del Dresdner Kleinwort Benson. Más tarde, pasó al Deutsche Bank, donde trabajó hasta mayo del 2000 como vicepresidenta de ventas institucionales y hasta abril de 2001 en la oficina que el mismo instituto tiene en Bruselas. Así, además de una amorosa esposa, el rey es acompañado de una destacadísima profesional, bella y distinguida tal como sucede con Hillary Clinton o Michelle Obama, ambas abogadas de extremo prestigio en Estados Unidos. Lo expuesto precedentemente me hace reflexionar acerca del motivo por el cual argentinos brillantes son desechados o maltratados en su tierra y logran todo el reconocimiento de sus virtudes en el exterior. La respuesta, aunque duela, es que en este país no se alientan a los idóneos, no se destaca a los mejores, pues son peligrosos, es la única manera para que los mediocres alcancen la cima, el poder, la gloria de cartón. Si Máxima se hubiera quedado en la Argentina sería una desocupada y perseguida por el pasado del padre vinculado con la dictadura militar. Es común que los dueños del poder en este país disfruten haciendo pagar a los hijos los actos reprochables de sus padres. Así en la medida en la que los amos premian al pariente o al amigo con los patitos desalineados, castigan al virtuoso, al trabajador obstinado, alentando al subsidiado crónico. No dudo de que la apuntada es una de las grandes causas del atraso, la miseria, la pobreza de un pueblo que habita en un país rico. Acorde con lo dicho en el párrafo anterior vale una consideración de Arturo Jauretche que nos recuerda: “En el territorio más rico de la Tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una nación soberana ni un pueblo feliz”. Quien presenció el 30 de abril del 2013 la entronización de Máxima pudo apreciar cómo un gobernante virtuoso es causa determinante de un pueblo feliz. ¡Bravo Máxima!, una reina holandesa nacida en la Argentina. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 Zapala

Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 Zapala


El martes 30 de abril –como tantas otras veces en que presencié actos relevantes de argentinos en el exterior– celebré que Máxima se convirtiera en reina consorte de Holanda. Su clase, el esfuerzo sostenido, su inteligencia, además del manifiesto amor por su esposo, la ubicaron legítimamente en ese rol de privilegio. En efecto, la reina Máxima es una destacada economista egresada de la UCA. Con el título bajo el brazo, en 1996 se radicó en Nueva York, mudanza que le cambió la vida. En la “gran manzana” trabajó en el banco HSBC, como vicepresidenta de ventas institucionales latinoamericanas, hasta marzo de 1998. Luego, hasta agosto de 1999, fue vicepresidenta del departamento de mercados emergentes del Dresdner Kleinwort Benson. Más tarde, pasó al Deutsche Bank, donde trabajó hasta mayo del 2000 como vicepresidenta de ventas institucionales y hasta abril de 2001 en la oficina que el mismo instituto tiene en Bruselas. Así, además de una amorosa esposa, el rey es acompañado de una destacadísima profesional, bella y distinguida tal como sucede con Hillary Clinton o Michelle Obama, ambas abogadas de extremo prestigio en Estados Unidos. Lo expuesto precedentemente me hace reflexionar acerca del motivo por el cual argentinos brillantes son desechados o maltratados en su tierra y logran todo el reconocimiento de sus virtudes en el exterior. La respuesta, aunque duela, es que en este país no se alientan a los idóneos, no se destaca a los mejores, pues son peligrosos, es la única manera para que los mediocres alcancen la cima, el poder, la gloria de cartón. Si Máxima se hubiera quedado en la Argentina sería una desocupada y perseguida por el pasado del padre vinculado con la dictadura militar. Es común que los dueños del poder en este país disfruten haciendo pagar a los hijos los actos reprochables de sus padres. Así en la medida en la que los amos premian al pariente o al amigo con los patitos desalineados, castigan al virtuoso, al trabajador obstinado, alentando al subsidiado crónico. No dudo de que la apuntada es una de las grandes causas del atraso, la miseria, la pobreza de un pueblo que habita en un país rico. Acorde con lo dicho en el párrafo anterior vale una consideración de Arturo Jauretche que nos recuerda: “En el territorio más rico de la Tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una nación soberana ni un pueblo feliz”. Quien presenció el 30 de abril del 2013 la entronización de Máxima pudo apreciar cómo un gobernante virtuoso es causa determinante de un pueblo feliz. ¡Bravo Máxima!, una reina holandesa nacida en la Argentina. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 Zapala

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